Después de Agostina. Sobrevivientes de abuso sexual infantil: el desafío posible de reconstruir la vida

Psicólogas y especialistas explican por qué los casos de violencia sexual extrema pueden reactivar recuerdos, miedos y emociones en sobrevivientes de abuso infantil. También advierten que, aunque el trauma deja huellas profundas, la reparación y la resiliencia son posibles.

13 de junio de 2026 a las 07:14 p. m.
Sobrevivientes de abuso sexual infantil: el desafío posible de reconstruir la vida
Abuso sexual infantil. Imagen ilustrativa.

La noticia del femicidio de Agostina Vega atravesó a Córdoba de una manera difícil de explicar. Durante días estuvo en las conversaciones familiares, en las escuelas, en los lugares de trabajo, en las redes sociales y en los medios de comunicación. Hubo marchas, pedidos de justicia, debates sobre la actuación del Estado y una conmoción colectiva que todavía persiste.

Pero entre las miles de personas impactadas por el caso hubo un grupo que vivió esa noticia de una manera particular: quienes atravesaron situaciones de abuso sexual durante la infancia o la adolescencia.

A medida que se conocieron detalles de la investigación y trascendió que la adolescente habría sufrido violencia sexual antes de ser asesinada, muchas personas volvieron a conectarse con experiencias propias: lo llevaron a sus terapias, lo expresaron en sus entornos.

Psicólogas especializadas en trauma y abuso sexual infantil consultadas por La Voz explican que hechos como el de Agostina tienen la capacidad de reactivar recuerdos, emociones y miedos que parecían dormidos.

No necesariamente porque la historia sea idéntica a la vivida por cada sobreviviente. Tampoco porque hayan atravesado experiencias similares. El mecanismo es más profundo.

Cuando una persona sufre un abuso sexual, especialmente durante la infancia, queda una huella traumática que puede reactivarse frente a determinados estímulos. Una noticia, una imagen, un relato o incluso una conversación pueden funcionar como disparadores.

Las especialistas explican que muchas víctimas, durante el momento del abuso, experimentan miedo extremo y una sensación de amenaza sobre su propia vida. Por eso, cuando se conocen casos de violencia sexual o femicidios de gran repercusión pública, algunas personas vuelven a conectarse con aquel terror original.

Aparecen pesadillas. Flashbacks. Recuerdos intrusivos. Angustia. Sensación de vulnerabilidad.

Y la reacción no distingue edades ni tiempos. Puede ocurrir en alguien que sufrió abuso hace treinta años o en una persona que recién comienza a hablar de lo que vivió.

Una herida que también es social

La psicóloga Florencia Aquino observa que cada vez que un caso de violencia extrema ocupa la agenda pública se produce un fenómeno que excede los consultorios.

“Sabemos quienes trabajamos en salud mental que la semana posterior a un femicidio o a una denuncia de abuso suele ser arrolladora. Las personas lo traen a las sesiones, recuerdan situaciones propias o se identifican con distintos protagonistas de la historia”, señaló.

En el caso de Agostina, esa identificación apareció de múltiples maneras.

Hubo madres que imaginaron a sus hijas. Padres que pensaron en sus familias. Docentes que se preguntaron qué podrían haber hecho si una situación semejante hubiese ocurrido en su escuela. También sobrevivientes de abuso sexual que volvieron a conectarse con experiencias que creían superadas.

Para Aquino, cuando una noticia deja de ser un hecho aislado y se instala en la agenda pública se convierte en un acontecimiento social.

“Las personas toman posición, se preguntan qué habrían hecho ellas, revisan sus propias historias y aparecen discusiones que quizás estaban ausentes”, explicó.

Eso ocurrió también con debates sobre la Educación Sexual Integral, las políticas de prevención de la violencia de género y las responsabilidades institucionales.

Pero además sucede algo más íntimo. Muchas víctimas vuelven a preguntarse por sus propias trayectorias de vida.

Lo que el trauma deja

Especialistas en abuso sexual infantil explican que una de las características más complejas del trauma es que no termina cuando finaliza el hecho violento.

Las amenazas, los miedos y las marcas emocionales pueden seguir actuando durante años.

Algunas personas describen la experiencia como una presencia constante. Otras sienten que determinadas situaciones las devuelven al momento del abuso.

Por eso los procesos terapéuticos no se limitan a reconstruir lo ocurrido. También buscan que la persona pueda recuperar el control sobre su propia historia: que el abuso deje de ocupar el centro de su identidad, que el agresor deje de tener presencia en su vida psíquica, que el pasado no determine cada decisión del presente.

Las especialistas explicaron que una parte importante del trabajo consiste en comprender qué ocurrió y desarmar creencias que suelen instalarse después del abuso: la culpa, la vergüenza o la idea de haber tenido alguna responsabilidad en lo sucedido.

Muchas veces las víctimas llegan a la adultez cargando explicaciones que construyeron cuando eran niñas y que les permitieron sobrevivir a una situación imposible de comprender. Revisar esas interpretaciones forma parte del proceso de reparación.

También lo es reconocer que recordar no es lo mismo que revivir.

Aunque determinadas noticias puedan activar emociones intensas, eso no significa que la persona vuelva al lugar donde estaba cuando ocurrió el abuso. La diferencia, explican las especialistas, es que ahora existen herramientas, recursos y redes de apoyo que antes no estaban disponibles.

Cuando la noticia parece no terminar nunca

La enorme cobertura mediática del caso Agostina también abrió interrogantes sobre el impacto que determinadas imágenes o detalles pueden tener en la población.

Especialistas consultadas para esta nota advierten que la exposición constante a información extremadamente violenta puede afectar especialmente a quienes atravesaron experiencias traumáticas.

"No se trata de ocultar la realidad ni de evitar la cobertura periodística. Pero sí de preguntarse cuánto aportan ciertos detalles y cuáles son sus consecuencias", dijo una de las fuenets consultadas que prefirió reservar su identidad.

La repetición permanente de imágenes, relatos o descripciones particularmente crudas puede favorecer la reactivación del trauma en muchas personas, indicaron.

Sobre todo cuando la noticia permanece durante semanas en el centro de la escena pública.

En esos casos, las especialistas recomiendan limitar la exposición a contenidos que generen malestar, buscar espacios de conversación seguros y, cuando sea necesario, consultar con profesionales de la salud mental.

Resiliencia: reconstruir después del trauma

A pesar de la intensidad que pueden generar estos casos, las especialistas coinciden en algo que consideran fundamental: el abuso sexual infantil no condena a una persona a una vida rota.

El trauma existe, las consecuencias existen. El dolor existe. Pero también existe la posibilidad de reparación.

La abogada Laura Cantore, especializada en abuso sexual infantil y autora del libro Reparación social de víctimas de abuso sexual intrafamiliar, sostiene que la recuperación nunca es un proceso individual.

Tal Cual, por Chumbi, Marcha, Ni una menos
Tal Cual, por Chumbi, Marcha, Ni una menos (Chumbi)

“Cada víctima tiene una historia singular, pero la reparación depende también de un entramado social que sostenga, escuche y proteja”, explicó.

Por eso insiste en la importancia de construir redes de apoyo: familiares, amistades, docentes, profesionales de la salud mental, grupos de acompañamiento. Personas capaces de escuchar sin juzgar.

Según las especialistas, la resiliencia no implica olvidar ni minimizar lo ocurrido. Tampoco supone que las heridas desaparezcan. Tiene más que ver con la posibilidad de construir una vida que no quede definida exclusivamente por el daño sufrido.

Muchas personas logran estudiar, trabajar, formar familias, construir vínculos afectivos saludables y desarrollar proyectos personales aun cuando cargan con una experiencia traumática en su historia.

No porque el dolor desaparezca por completo, sino porque deja de ocupar todo el espacio.

Del dolor a la acción

Cantore recordó una imagen que observó durante la marcha de Ni Una Menos realizada pocos días después del femicidio de Agostina. “Vi a muchas jóvenes llorando, angustiadas, conmovidas. Pero presentes”, señaló.

Para la especialista, esa escena muestra una diferencia importante: la que existe entre quedar paralizado por la impotencia y encontrar alguna forma de intervenir frente al dolor.

Participar de una marcha. Acompañar a otra persona. Integrar una organización. Impulsar cambios en una institución. Hablar del tema. Pedir ayuda.

“Las acciones pueden ser muy distintas, pero tienen algo en común: transforman el sufrimiento en movimiento”, afirmó.

Muchas personas sobrevivientes de abuso encuentran parte de su recuperación en esos espacios.

Algunas participan en organizaciones sociales. Otras acompañan a víctimas. Algunas escriben, hacen deporte, estudian o desarrollan proyectos que les permiten recuperar confianza y autonomía.

Marchan por Ni Una Menos: a días del femicidio de Agostina, Córdoba y el país se movilizan.
Marchan por Ni Una Menos: a días del femicidio de Agostina, Córdoba y el país se movilizan. (La Voz)

También están quienes construyen vínculos afectivos, forman familias o crían hijos intentando que la violencia que atravesó sus propias historias no se repita en la generación siguiente.

Los especialistas coinciden en que casos de enorme repercusión pública, como el de Agostina, pueden reabrir heridas y generar sufrimiento. Pero también recuerdan algo que muchas veces queda fuera de la conversación: miles de sobrevivientes conviven cada día con esas marcas y, aun así, continúan construyendo proyectos, relaciones y futuros posibles.

En medio de una noticia atravesada por la violencia y la muerte, esa dimensión suele quedar invisibilizada. Sin embargo, forma parte de la historia de muchas personas que atravesaron el abuso sexual y que siguen encontrando maneras de avanzar.