Masculinidades. Violencia de género: una conversación pendiente entre varones jóvenes
Jóvenes cordobeses reflexionan sobre cuál es su responsabilidad frente a la violencia de género y por qué aún cuesta hablar sobre el tema entre hombres.
El reciente femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años que era buscada en la ciudad de Córdoba, conmocionó a toda la provincia y al país. Luego, la marcha de Ni Una Menos que se realiza cada junio, todos los años desde 2015, para luchar contra la violencia machista, volvió a reunir a miles de personas en la calle.
En paralelo, los días anteriores a la movilización, un debate (que no es nuevo) invadía las redes sociales: cómo los hombres podían involucrarse en la lucha. Cómo pronunciarse, desde qué lugar acompañar y qué responsabilidad asumir ante una problemática que los interpela de manera directa.
Influencers preguntando cómo ser parte de “una lucha que no les pertenece” o actores famosos poniendo una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿qué pasa con los hombres?¿Qué pasa con la responsabilidad colectiva?
Uno de los comentarios con más “me gusta”, fue el de una mujer en uno de estos posteos: “El feminismo lucha contra el patriarcado, no contra todos los hombres. Varones, los necesitamos luchando a la par nuestra. Pidiendo justicia, hablando entre ustedes, haciendo autocrítica".
Una responsabilidad compartida
Cuando se habla de violencia de género, aunque muchos varones refuercen la idea de que no son violentos, de igual manera la problemática los involucra.
Ulises, de 24, fue a la marcha del 3J con amigos. Para él, resulta imposible imaginar que la violencia de género no conmocione e interpele profundamente a toda la sociedad, incluidos los varones.

Santiago, de 28, también fue a la marcha. Cuenta que cuando surge el tema de la violencia de género lo obliga a reflexionar sobre las conductas de los varones en la sociedad.
No todos lo viven de la misma manera. Pedro, de 29 años, asegura que la problemática no lo interpela, aunque considera que los hombres tienen la responsabilidad de hablar más del tema y generar conciencia.
Juan, de 20, explica: “Si bien estamos al tanto de estos temas, se nota que hay mucho desinterés y que sentimos que de verdad no nos afecta a nosotros”.
“Ocupamos este lugar de privilegio y somos responsables, ya sea de manera directa o indirecta”, reflexiona Ulises. Incluso para Juan, es inevitable admitir que todos los varones del entramado social forman parte, de una forma u otra: “Creo que tenemos una forma de pensar y eso ya nos hace responsables”, dice.
Santiago (28) explica: “Tenemos la responsabilidad, principalmente por la falta de conocimiento y la falta de acción sobre el machismo. No conocer nuestros propios límites habla de una falta de compromiso con la problemática”. Además, piensa que hay comportamientos normalizados que entran dentro de lo que se llama micromachismos y eso también propicia la violencia: “No saber identificarlos no justifica estas conductas”.
Ramiro, de 21, agrega: “Hay un tema, y es que creo que en general nos cuesta asumir nuestra culpabilidad, admitir que somos todos parte del problema”.
Entre los entrevistados se repite otra idea: la pasividad también tiene consecuencias. Para Gonzalo, de 23 años, “no ayudar a prevenir ya nos hace responsables”. Y ese es otro de los puntos que apareció en un testimonio de la marcha. Ángel, de 23, expresó que “hacer silencio es ser cómplice de la violencia”.
Una acotación: varias de las opiniones fueron de quienes se sumaron a la marcha. Son matices, entre tantos otros tonos.
Cómo involucrarse
La duda sobre cómo tomar acción frente a la violencia de género no es nueva, pero toma fuerza cuando un caso o una noticia resuenan en una comunidad. Algunos varones jóvenes entienden que deben hacerlo, pero no saben bien cómo.
Aunque algunos entrevistados fueron a la marcha de Ni Una Menos, no ubican la mayor de la responsabilidad ahí ni en publicar en redes sociales, sino más bien en acciones cotidianas, como cuestionar comentarios o intervenir frente a situaciones de violencia o incomodidad.
Gabriela Bard Widgor, doctora en Estudios de Género, magister y licenciada en Trabajo Social, explica: “Está bueno que compartas la convocatoria y vayas a la marcha, pero no alcanza con eso, porque si al día siguiente vos seguís reproduciendo la violencia, no funcionó”.
Bard Widgor argumenta: “Creo que la interpelación para los varones jóvenes es asumir menos performance pública y más intervenciones en los espacios privados e íntimos de varones”.
“Creo que en general nos cuesta encontrar la manera de involucrarnos o empatizar, pero hay algunas maneras que están más al alcance, como informarse, hablar sobre el tema con amigas para entender mejor su postura, identificar violencias, alertar, pero sobre todo, ser autocrítico con nuestros propios comportamientos”, reflexiona Santiago.
Para algunos, este involucramiento también implicó asistir a la movilización. Santiago apunta: “Me pasó que, puntualmente con el caso de Agostina y la marcha, sentí como una invitación o un pedido por parte de las mujeres para involucrarnos activamente al reclamo de justicia, y eso me motivó y me hizo saber que estaba bien que fuera”.
“A veces muchos hombres sienten que esto es una guerra entre hombres y mujeres, y creo que ahí se genera un problema al momento de conversar o involucrarse”, explica Pedro.

Para Ulises, hacerse presente físicamente en esos espacios y “comulgar” está bien, pero no es suficiente. Entiende que el cambio debe venir desde adentro: “El paso que tenemos que dar es empezar a revisarnos desde nuestro interior y a partir de ahí trasladarlo a cambios en nuestras acciones, discursos y formas. Es ahí donde evidentemente tenemos una deuda”.
Aunque reconocen algunas maneras de comprometerse, aún persisten dificultades para intervenir cuando no es en círculos cercanos. Gonzalo admite: “Es complicado cuestionar cuando no tenés confianza. No me gusta ser indiferente o “tibio”, pero hubo veces en las que lamentablemente hice oídos sordos”.
En ese sentido, Ulises agrega: “En el trabajo o en espacios donde hay jerarquías, es un desafío. Lo he intentado, pero realmente es complicado, además no siempre hay una noción de la problemática del otro lado entonces puede no ser bien recibido”.
Hablar entre varones: un pendiente
Aunque todos los entrevistados identificaron formas de involucrarse, la conversación entre hombres apareció como uno de los espacios más difíciles de transformar.
Ramiro explica que “no es lo común” para los varones hablar sobre estos temas y reconoce que, al menos en sus círculos, sólo lo ponen sobre la mesa cuando ocurre algo mediático o muy trascendental. “Es muy difícil para nosotros hablar de esto, mayormente porque nos desprendemos de nuestra responsabilidad”.
Fabricio (23) cuenta que muy pocas veces habló de estos temas con sus amigos. Sí recuerda haberlo hecho en casos particulares en los que los femicidios ocurrieron más cerca de su entorno. “Es complicado y a veces intentamos esquivar el tema. Incluso a veces nos ponemos a la defensiva para argumentar que no somos todos así”, dice.
“Cuando lo hablamos seriamente, está todo bien. Pero a veces algún comentario se toma con humor y eso desvaloriza la conversación”, agrega Santiago.
En el caso de Juan, aparece un factor importante: el sentido de pertenencia. “Entiendo que lo ideal sería hablarlo, pero a veces aparece esto de que podés quedar mal con los grupos de nuestra edad. Podés quedar excluido de ciertos grupos en los cuales te interesa estar, o te boludean”, relata.
Y Gonzalo suma: “Definitivamente no surge todos los días. Creo que es una charla incómoda, sobre todo para los varones más grandes que tienen que desarmar costumbres o formas de pensar que tienen muy naturalizadas”.
Bard Wigdor ahonda sobre esto y explica que parte de este fenómeno responde al alto precio social que tiene ponerse en esa posición de cuestionamiento: “Involucrarse significa animarse a perder algo: tu estatus, comodidad, vínculos, espacios y modos”.
“Lo que les estamos pidiendo a los varones es que rompan ese silencio cómplice que tienen entre ellos y empiecen a interpelarse ante chistes y prácticas machistas, para poder transformar una realidad concreta”, cierra.
Si conversar sobre el rol de la masculinidad en torno a la violencia de género es complejo entre los varones jóvenes, la dificultad se agiganta con la edad. Entre los adultos, la impresión es que las barreras son más claras. Y el abordaje, más complejo.




