Justicia. Abusos en Casa del Niño: condenan al Estado, a la institución y al abusador por daños sufridos por una víctima

Más de una década después de la condena penal contra el chofer de la Casa del Niño del Padre Aguilera,de Unquillo, la Justicia de Córdoba en lo civil responsabilizó también a la Provincia y a la institución. El fallo aplicó la perspectiva de género y fijó una indemnización superior a los $125 millones.

02 de julio de 2026 a las 04:39 p. m.
Abusos en Casa del Niño: condenan al Estado, a la institución y al abusador por daños sufridos por una víctima
Casa del Niño. En la residencia se produjeron abusos sexuales que fueorn condenados hace más de una década. Ahora salió el fallo de instancia civil que obliga a la Provincia y a otros actores a reparar el daño alas víctimas.

Durante años, la discusión judicial estuvo concentrada en una pregunta: quién había cometido los abusos sexuales contra una niña alojada en la Casa del Niño del Padre Aguilera, en la ciudad cordobesa de Unquillo.

Esa respuesta llegó hace más de una década, cuando la Justicia penal condenó a Juan Carlos González, quien trabajaba como chofer de la institución, a diez años de prisión por abuso sexual con acceso carnal continuado.

Pero había otras preguntas que seguían abiertas: ¿Quién debía cuidar a esa niña? ¿Quién debía advertir lo que ocurría? ¿Quién debía responder porque los abusos sucedieran dentro de un lugar que existía justamente para proteger a chicos y chicas en situación de vulnerabilidad?

Esas preguntas aborda un nuevo fallo dictado por el Juzgado Civil y Comercial de 49ª Nominación de Córdoba.

La sentencia hizo lugar a la demanda por daños y perjuicios promovida por la sobreviviente y condenó de manera solidaria al abusador, a la Asociación Civil Casa del Niño y al Gobierno de la Provincia de Córdoba a pagar una indemnización de $ 125 millones más intereses.

Los hechos ocurrieron entre 2007 y 2010, cuando la niña tenía entre 10 y 13 años y estaba institucionalizada por orden judicial.

La resolución ya no vuelve sobre los abusos, que fueron acreditados en el fuero penal, sino sobre las responsabilidades civiles derivadas de esos hechos.

No sólo el abusador

Para la jueza, la responsabilidad no termina en quien cometió los delitos.

El fallo sostiene que González debe responder como autor material de los abusos, pero también concluye que la Casa del Niño incumplió el deber de cuidado que asumía respecto de los niños y niñas alojados allí.

La resolución recuerda que las agresiones se prolongaron durante años y que las niñas intentaron expresar lo que ocurría.

Sin embargo, lejos de encontrar protección, el expediente reconstruye un contexto institucional donde las denuncias no fueron escuchadas.

Incluso recupera testimonios incorporados durante el juicio penal que describen malos tratos hacia quienes hablaban de los abusos y un clima de silenciamiento dentro de la institución.

La Provincia también fue considerada responsable. El Estado sostuvo durante el proceso que, al momento de los hechos, no existían obligaciones específicas de control sobre hogares gestionados por organizaciones civiles.

Pero la jueza rechazó ese planteo. Entendió que la niña estaba institucionalizada por decisión del propio Estado y que, por esa razón, existía un deber reforzado de garantizar su integridad, aun cuando la administración cotidiana estuviera delegada.

Una mirada con perspectiva de género

Uno de los aspectos más relevantes de la sentencia es la incorporación de la perspectiva de género.

El fallo analiza la situación de la sobreviviente desde una vulnerabilidad múltiple: era una niña, había sido separada de su familia y estaba alojada en una institución a la que el propio Estado le había confiado su cuidado.

También incorpora estándares internacionales como la Convención de Belém do Pará y la Cedaw para evaluar las obligaciones estatales frente a la violencia contra mujeres y niñas.

El abogado de la sobreviviente, Juan Pablo Ruiz, considera que ese enfoque constituye uno de los principales aportes de la resolución.

"El fallo reconoce la responsabilidad objetiva del Estado, que fue quien decidió institucionalizar a esta niña y ponerla bajo el cuidado de esa institución. Ese deber de protección no se cumplió", señaló.

Ruiz destacó además que la jueza evitó volver a exigirle a la mujer que demostrara un daño que ya había quedado acreditado durante el proceso penal.

"Se pretendía que volviera a probar todo el sufrimiento que ya había sido reconocido en aquella causa. Eso implicaba una nueva revictimización. La perspectiva de género aparece justamente para impedir que las víctimas tengan que atravesar una y otra vez el mismo recorrido", explicó.

Para el abogado de G.G., Juan Pablo Ruiz, esta resolución completa el recorrido iniciado con la condena penal.

"Aquella sentencia estableció quién cometió los abusos. Esta viene a reconocer que también tenían responsabilidad quienes debían cuidar a esa niña y no lo hicieron", dijo en diálogo con La Voz.

La reparación

Otro punto importante del fallo fue el rechazo del planteo de prescripción formulado por la Provincia.

La jueza entendió que la acción civil fue presentada dentro de los plazos legales y aplicó el criterio del Código Civil y Comercial que establece un régimen especial para los reclamos derivados de agresiones sexuales sufridas durante la niñez.

La indemnización quedó fijada en más de 125 millones de pesos e incluye reparación por daño moral, pérdida de chances laborales y tratamiento psicológico.

La sentencia todavía no está firme: fue apelada por la Provincia, la Asociación Civil Casa del Niño y el propio González.

"Cuando se rompe el silencio"

El exsacerdote Adrián Vitali, autor del libro El secreto pontificio, acompañó durante años distintos procesos de sobrevivientes de abuso dentro de instituciones religiosas y siguió de cerca este caso.

A su entender, el fallo trasciende la discusión económica. "Cuando las víctimas corren el velo de la impunidad, hasta los abusadores más poderosos quedan expuestos. Pero para que eso ocurra tienen que atravesar un enorme nivel de exposición y muchas veces volver a contar lo que vivieron para que les crean", reflexion en diálogo con La Voz.

Para Vitali, ese recorrido transforma a quienes denuncian. "Hay un momento en que dejan de ser solamente víctimas para convertirse en sobrevivientes. Y cuando eso sucede, empiezan a cambiar la historia. Ya no se trata sólo de señalar al abusador, sino también de poner en evidencia las instituciones que miraron para otro lado", concluyó.