Clima. El pronóstico de El Niño y el impacto en el agro, ¿qué le espera al productor cordobés?

El fenómeno climático podría intensificar este año las lluvias en la provincia, potenciando los rendimientos agrícolas y modificando las decisiones productivas.

18 de junio de 2026 a las 04:04 p. m.
Facundo Salvador (Especial)
El pronóstico de El Niño y el impacto en el agro, ¿qué le espera al productor cordobés?
LLUVIAS POR EL SUPER EL NIÑO. El resultado final de la cosecha dependerá de varios factores: la distribución, las temperaturas y como aprovecha cada productor este beneficio de las lluvias.

Las crecientes probabilidades de un evento El Niño durante la próxima campaña agrícola (2026/2027) empiezan a generar, en principio, expectativas positivas en el sector agropecuario.

Si bien todavía falta atravesar gran parte de la campaña invernal y los pronósticos continúan ajustándose, los modelos climáticos muestran una elevada probabilidad de que se consolide un evento de intensidad importante durante la primavera y el verano.

Para Tomás Kember, climatólogo de la Bolsa de Cereales de Córdoba, el principal impacto para el agro está relacionado con una mayor disponibilidad de agua durante el desarrollo de los cultivos estivales.

"El Niño está relacionado con veranos más lluviosos o primaveras más lluviosas. Sabiendo que nuestro ciclo de los cultivos estivales son los más fuertes en Córdoba, tenemos más disponibilidad de agua y al final de cuentas eso se traduce en mejores rendimientos", explicó.

Mejorar las decisiones productivas

Según Kember, la sola expectativa de un escenario más húmedo suele modificar las decisiones productivas entre los agricultores.

El especialista compara el evento con La Niña y dice que “si viene una Niña y va a llover poco, el productor tiende a retroceder un poco en cuanto a los planteos tecnológicos, cuántas hectáreas le va a destinar o qué tipo de cultivo va a poner o qué híbrido. En cambio cuando tenés la posibilidad de El Niño vas un poco más al ataque, ya que mejora las perspectivas para los cultivos de verano”, comenta Kember.

"Claramente esto favorece siempre a que haya más hectáreas de soja y de maíz", sostuvo, al tiempo que remarcó que también impulsa una mayor incorporación de tecnología en los planteos productivos.

Sin embargo, el climatólogo aclaró que mayores lluvias no significan automáticamente una mejor rentabilidad. El resultado final depende de múltiples factores, entre ellos la distribución de las precipitaciones, el comportamiento de las temperaturas y las condiciones particulares de cada lote.

"La rentabilidad depende de cada lote, de cada zona, de si me llovió en el momento exacto o no me llovió en el momento exacto", indicó. En ese sentido, recordó que lluvias excesivas durante la siembra o la cosecha también pueden generar complicaciones operativas y afectar los resultados productivos.

El Niño no garantiza una campaña perfecta

Otro aspecto que destacó Kember es que los eventos Niño suelen estar asociados a temperaturas superiores a las normales. Esto puede generar situaciones en las que, pese a registrarse un acumulado importante de precipitaciones, los cultivos sufran estrés térmico durante momentos críticos de su desarrollo.

"Por ahí puedo decir que tuve El Niño y me llovió 100% más de lo habitual, pero fueron tres eventos específicos y después tuve muchos días con calor donde la planta estuvo bajo estrés", ejemplificó.

Además, remarcó que la respuesta climática no es uniforme dentro de Córdoba. “En algunos eventos las lluvias favorecen principalmente al sur y sudeste provincial, mientras que en otros los mayores acumulados se registran en el norte, lo que vuelve imposible garantizar beneficios generalizados para toda la provincia”.

Por eso, el especialista insistió en que El Niño debe interpretarse como una señal favorable, pero no como una certeza. "Está buenísimo que llueva, pero no siempre está correlacionado que Niño signifique más lluvia de lo normal", señaló, al explicar que se trata de una tendencia estadística observada durante décadas y no de una garantía para cada campaña.

El desafío, según Kember, será aprovechar la mayor disponibilidad hídrica para acumular humedad en los perfiles y tomar decisiones de manejo que permitan transformar esa ventaja climática en mejores resultados productivos. "Cada productor tiene que hacer su manejo y poder capitalizar estas lluvias", concluyó.