Ganadería. Brangus en la frontera cordobesa: la familia que transformó una región acostumbrada a las razas británicas
Con su enfoque pionero, la familia Camuyrano desafió la tradición ganadera cordobesa, incorporando genética brangus y adaptando su rodeo a climas semiáridos.
Cuando Aurelio Camuyrano comenzó a incorporar genética brangus sobre sus vacas angus a fines de la década de 1980, pocos imaginaban que aquella decisión terminaría convirtiéndose en una de las experiencias ganaderas más peculiares de la provincia de Córdoba.
El establecimiento rural Cabaña La Sara se encuentra en un punto estratégico del sur cordobés, ubicado exactamente en la histórica estación ferroviaria La Penca, a unos 50 kilómetros al oeste de Villa Huidobro, en el departamento General Roca.
El acceso al paraje se realiza a través de la ruta provincial 26, un corredor de tierra que conecta directamente de este a oeste a dicha localidad cordobesa con Buena Esperanza, en la provincia de San Luis.
Esta zona es una región donde históricamente dominaron las razas británicas, y en este lugar los Camuyrano construyeron durante más de cuatro décadas un rodeo propio, adaptado a los ambientes semiáridos particulares del lugar.
La historia de esta familia tuvo un nuevo capítulo semanas atrás, cuando la empresa organizó una jornada a campo que reunió a cerca de 90 productores, técnicos y referentes de la actividad.

El encuentro, junto a la Asociación Argentina Brangus, sirvió para mostrar los resultados obtenidos con la raza y abrir el debate sobre el potencial del denominado "Brangus pampeano" en una región donde todavía predominan los rodeos británicos.
En una charla con La Voz, Andrés Camuyrano, médico veterinario y administrador de la cabaña, recordó: "Mi padre (Aurelio Camuyrano) fue incorporando genética brangus de primera línea sobre sus vacas angus, también destacadas, hasta lograr un animal prácticamente de la misma calidad carnicera que el británico, con un toque de rusticidad”.
Una visión adelantada a su tiempo
Durante gran parte del siglo pasado, la ganadería local en estas zonas estuvo dominada por rodeos angus y hereford. Sin embargo, Aurelio Camuyrano observó tempranamente que las condiciones ambientales de la región requerían animales con una mayor capacidad de adaptación.
Fue entonces cuando comenzó a incorporar genética brangus, una decisión que con el tiempo se transformaría en una de las principales fortalezas de la empresa.
"Yo heredé su pasión por la raza y fui consolidando ese brangus pampeano que hoy sigue mostrando ventajas en los planteos pastoriles intensivos de nuestros tiempos, sobre todo ante los veranos cada vez más calurosos", afirmó Andrés.

La elección no fue casual. Mientras gran parte del crecimiento del brangus se producía en el norte argentino, los Camuyrano apostaron a desarrollar un biotipo diferente, con mayor influencia angus y menor proporción índica, pensado específicamente para los sistemas productivos del centro del país.
Del monte a la cuota Hilton
Actualmente, la empresa maneja unas 35 mil hectáreas distribuidas entre Córdoba y San Luis, donde desarrolla un sistema de ciclo completo que incluye cría, recría e invernada.
El esquema productivo permite terminar más de tres mil novillos pesados por año hacia distintos mercados, uno de ellos, la Cuota Hilton, el principal mercado para la carne argentina.
Las vacas de cría se desarrollan principalmente sobre campos naturales y monte, aprovechando recursos forrajeros que muchas veces resultan limitantes para otras razas.
"En nuestro caso, continuamos con la cría sobre pastos naturales, fibrosos, donde su fortaleza ya se pone en evidencia en los índices reproductivos", sostuvo Camuyrano.

La alimentación continúa luego con alfalfas, verdeos de invierno y suplementación con silaje de maíz producido por la propia empresa. Finalmente, los animales completan su terminación sobre verdeos estivales y pasturas de alta calidad antes de ingresar al circuito exportador.
Uno de los datos que más llama la atención es la velocidad con la que creció el stock de la empresa durante los últimos años.
Hace apenas tres campañas, la firma entoraba alrededor de tres mil vientres. Actualmente, esa cifra asciende a unos cinco mil vientres, lo que representa una de las expansiones más importantes registradas en la región.
El crecimiento se apoyó en una estrategia sencilla pero efectiva: retener todas las hembras aptas para reproducción e incorporar genética de manera permanente.
"Seleccionamos por fertilidad y retenemos todas las hembras aptas para entore", explicó Camuyrano.
A su vez, la empresa compra vaquillonas angus en Buenos Aires y en La Pampa, que luego son inseminadas o servidas con toros brangus de alto valor genético.
De esta manera, logran incrementar rápidamente el número de animales sin resignar calidad productiva.
Las ventajas que observan en el campo
Las temperaturas extremas registradas durante los últimos años comenzaron a modificar muchas de las condiciones bajo las cuales históricamente se desarrolló la producción ganadera en la región.
Y es allí donde, según sostiene, vuelven a aparecer las ventajas del brangus.
"La fortaleza del brangus en estos ambientes no radica solamente en resistir ambientes difíciles, sino en transformar esos ambientes en sistemas productivos competitivos y flexibles", afirmó.
"La raza tiene la capacidad de aprovechar recursos forrajeros de menor calidad, mantener buenos niveles reproductivos y seguir siendo competitiva desde el punto de vista comercial", explicó.
Andrés considera que el Brangus ofrece una herramienta concreta para afrontar algunos de los desafíos que plantea la ganadería moderna. "No es solamente una raza adaptada al caldenal; es una herramienta para valorizar productivamente el caldenal", remarcó.
El nacimiento de Cabaña La Sara
Aunque la familia trabaja con genética brangus desde hace décadas, el proyecto de una cabaña orientada específicamente a la venta de reproductores tomó impulso recientemente.
La iniciativa fue liderada por Clara Camuyrano, integrante de la quinta generación familiar, quien decidió transformar años de selección genética en una propuesta comercial.
La idea surgió durante una recorrida por el campo junto a su padre. Al observar la calidad alcanzada por el rodeo, planteó la posibilidad de avanzar con una cabaña formal que permitiera agregar valor a la producción y difundir la experiencia desarrollada durante tantos años.
Así nació Cabaña La Sara, que actualmente cuenta con unas 900 madres y 150 toros, y participa activamente en remates y en exposiciones locales.
Los primeros resultados fueron alentadores. En uno de sus remates iniciales, la totalidad de las vaquillonas preñadas ofrecidas encontraron compradores y alcanzaron valores comparables a los obtenidos por animales de razas británicas.
Para la familia, ese interés confirma que existe una creciente atención sobre el potencial del brangus en regiones donde históricamente tuvo una presencia menor.
Una apuesta que busca abrir caminos
Más allá del crecimiento propio, Aurelio Camuyrano e hijos sostienen que uno de los principales objetivos es mostrar que el brangus puede desarrollarse exitosamente en una región donde durante décadas predominó otra genética.
Por eso, decidieron abrir las puertas de sus establecimientos y compartir la experiencia acumulada durante más de 40 años de trabajo.
La intención es que otros productores locales puedan observar en el campo los resultados obtenidos y evaluar si la raza puede convertirse en una alternativa válida para sus sistemas productivos.







