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Política

Doble tilde. El tiempo de los blindajes

Ahora todo es blindaje para la reelección, pero nunca se sabe si alcanza.

14 de julio de 2026, 17:54
El tiempo de los blindajes
El presidente Javier Milei y el gobernador Martín Llaryora, en Córdoba, el 25 de mayo de 2024. Ahora la gestión libertaria le envi un auxilio financiero a Córdoba. (La Voz / Archivo)

El nuevo momento de reformas encarado por el gobierno de Javier Milei tras la deportación de Manuel Adorni abrió un debate sobre los riesgos y las ventajas con las que está despegando el proyecto de reelección del Presidente.

Las reformas más relevantes son dos: el cambio del régimen electoral y la modificación de la carta orgánica del Banco Central.

No por azar, ambas iniciativas son planteadas por la Casa Rosada en términos de blindaje. Blindar el Banco Central para evitar el riesgo de abordaje de gobernantes adictos al déficit cubierto con emisión; blindar los procedimientos electorales para evitar que alguna alquimia de la vieja política tome ventaja y acceda al poder.

Si bien se mira, son dos movimientos en simultáneo, y que hablan de lo que ha cambiado el propio Milei.

De promover la desaparición del Banco Central a acorazar su independencia con las normas habitualmente recomendadas por la ortodoxia de los países desarrollados. De asomar como un outsider por entre las hendijas de la crisis de representación política a reordenar el régimen electoral para evitar que ocurra de nuevo.

¿Por qué el Gobierno plantea sus reformas en términos de blindaje? Porque viene de meses de caída en la consideración pública, los tiempos para mejorar las perspectivas de reelección se contraen y, aunque no tenga enfrente ahora una alternativa opositora consolidada para disputarle el poder, es muy probable que esta asome a medida que se acerquen los tiempos electorales.

Luis Caputo, durante su última visita a Córdoba. El ministro de Economía intenta dar certezas sobre la fortaleza de su plan económico. (La Voz / Archivo)
Luis Caputo, durante su última visita a Córdoba. El ministro de Economía intenta dar certezas sobre la fortaleza de su plan económico. (La Voz / Archivo) (Nicolás Bravo)

Medida por el índice de confianza en el gobierno, de la Universidad Di Tella, recién en junio rebotó la tendencia declinante acumulada desde fines del año pasado. Todavía la comparación interanual es negativa en más de 10 puntos.

Las bajas de marzo, abril y mayo coincidieron con el rebrote inflacionario (que ayer volvió a ceder y cayó por debajo de los dos puntos mensuales) y con el pico de controversia pública por el caso Adorni.

Al equipo económico le preocupa que el clima electoral incipiente del segundo semestre arrastre expectativas de depreciación monetaria.

El viceministro de Economía, José Luis Daza, se ocupó de aclarar que las tensiones preelectorales son consecuencia de los desequilibrios macroeconómicos y no al revés: "Una elección puede ser un gatillo, pero si no hay desequilibrios, si no está la pólvora, no va a ir a ninguna parte".

Por las dudas, Milei quiere blindar el Central. La experiencia indica que cuando la autoridad monetaria logra grados de autonomía adecuados, los vaivenes políticos tienen menos efecto en la estabilidad del peso.

El expresidente del Central, Martín Redrado, recordó ayer que países como Brasil, en 1988; Chile, en 1989, y Perú, en 1993, incorporaron incluso "resguardos constitucionales fuertes para evitar que el Banco Central sea la ventanilla financiera del gobierno".

Pólvora

Mientras la reforma del Central entra a debate, no está de más identificar qué tipo de pólvora puede gatillar desequilibrios.

El exministro Domingo Cavallo puntualizó que los riesgos macroeconómicos actuales no son los mismos del pasado, aun para los países con sus cuentas en orden. Existen nuevas incertidumbres: la aceleración de los cambios tecnológicos, las políticas comerciales erráticas de las grandes potencias y el aumento de la conflictividad geopolítica.

Para Cavallo, el Gobierno debería avanzar desmontando los sesgos antiexportador y antiinversor, a los que identifica como los mayores frenos al crecimiento sostenible de la economía argentina.

Plantea que esas distorsiones no se corrigen con regímenes de incentivos (Rigi, Super-Rigi) ni atendiendo los reclamos de un tipo de cambio real alto, sino eliminando los controles de cambio. Los mecanismos residuales de cepo son inductores de futuras corridas.

El otro gran blindaje que intenta el Gobierno es político: la eliminación o suspensión de las Paso, que la oposición necesita para conformar una oferta electoral competitiva.

En ese escenario, Milei todavía corre con ventaja. El kirchnerismo lanzó una ofensiva tan virulenta contra la precandidatura de Axel Kicillof que alimenta la desconfianza de los mercados en cualquiera de sus vías.

Kicillof se propone al electorado con el mismo modelo económico de Cristina Kirchner y desde el kirchnerismo lo hostigan no por diferente, sino por igual.

Es tan enrevesado ese razonamiento que la conclusión para los inversores es la única posible: cualquiera que gane o pierda entre Kicillof y Cristina, el modelo económico es el mismo que condujo al fracaso del último gobierno peronista.

Pese a esa certeza, el enfrentamiento crece a niveles irracionales: a Kicillof lo están comparando con Augusto Vandor y tildan en una libreta mística cuántas veces se ausentó en las visitas domiciliarias a la expresidenta detenida.

Ese desorden de la oposición puede llegar a atenuar las consecuencias negativas de una eventual derrota de Donald Trump, principal aliado externo de Milei, en las legislativas de noviembre en Estados Unidos. Nadie estaría en condiciones de capitalizar ese resultado en la escena local.

En cambio, es un riesgo objetivo para Milei que la visita del papa León XIV se transforme en una demanda pública sobre las consecuencias adversas del cambio del modelo económico en la trama social.