
Llaryora no quiere un "kilómetro 0" libertario en Marcos Juárez
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Redacción La Voz
El ascenso de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete despertó expectativas entre los gobernadores. Negociador experimentado y representante de la política tradicional que el presidente Javier Milei suele cuestionar como "la casta", "el Colo" parecía reunir las condiciones para abrir una etapa de mayor apertura política y pragmatismo en la relación entre la Casa Rosada y las provincias.
Sin embargo, apenas dos semanas después de su desembarco en reemplazo del cuestionado Manuel Adorni, ese pronóstico de mayor apertura en el gobierno libertario comenzó a diluirse.
En el Gobierno nacional quedó claro que Santilli tendrá margen para negociar cuestiones de gestión, pero no la estrategia electoral. Ese terreno continúa siendo patrimonio exclusivo de Karina Milei, quien conserva intacto el liderazgo político dentro de La Libertad Avanza.
La secretaria General de la Presidencia dejó ese mensaje en una serie de reuniones reservadas que mantuvo en los últimos días con dirigentes del interior.
"A quienes el año pasado nos decían que debíamos acordar con los gobernadores para competir en las legislativas, les demostramos que podíamos consolidar a La Libertad Avanza con estructura propia en casi todos los distritos. Eso no cambió y seguirá siendo nuestra regla para el año próximo", sostuvo la hermana presidencial en uno de esos encuentros, según relató un dirigente cordobés que participó de la conversación.
"Los acuerdos electorales con otros espacios serán excepcionales. Nuestro partido tiene que tener presencia en los 24 distritos y ganar en la mayor cantidad posible. El país no cambiará si acordamos con quienes nos llevaron hasta acá", afirmó la influyente hermana presidencial.

El mensaje también funciona como una definición de roles dentro del Gobierno. Santilli podrá construir consensos para aprobar leyes, pero las decisiones electorales seguirán dependiendo de Karina Milei.
Los hermanos Milei intentan establecer una división tajante entre la negociación institucional con los gobernadores y las alianzas electorales. Los mandatarios provinciales, en cambio, buscan vincular ambas cuestiones. Esa diferencia explica buena parte del actual tironeo entre la Nación y las provincias.
Durante la vigilia por el Día de la Independencia, en Tucumán, el Presidente sorprendió al agradecer públicamente a los 12 gobernadores presentes por el respaldo parlamentario brindado a distintas iniciativas oficiales.
Ese gesto tuvo una lectura política inmediata. En los próximos días, el Gobierno enviará al Congreso un paquete de proyectos entre los que sobresale la reforma política, cuyo eje será eliminar o al menos suspender las Paso presidenciales.
Esa será la primera gran misión política de Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete. Deberá conseguir los 37 votos necesarios en el Senado y los 129 diputados para modificar las reglas electorales.
La Casa Rosada está dispuesta a negociar recursos y cuestiones de gestión para alcanzar ese objetivo electoral. Lo que no está dispuesta a negociar, según repiten cerca de los hermanos Milei, son las listas para 2027.
En Balcarce 50 hacen una división bastante precisa del escenario político.
Consideran que hay 10 gobernadores peronistas opositores con los cuales no existen posibilidades de construir acuerdos electorales. Con el resto –incluido el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri–, creen posible negociar apoyos en el Parlamento.
En algunos casos, incluso, esa relación ya derivó en entendimientos electorales, como ocurre con los radicales Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco) y Carlos Sadir (Jujuy).
En otros, el vínculo se limita a la gobernabilidad. Allí aparecen Gustavo Sáenz (Salta), Rolando Figueroa (Neuquén), Alberto Weretilneck (Río Negro) y el jefe político misionero, el exradical Carlos Rovira: interlocutores para discutir leyes, pero no eventuales socios electorales.
En ese esquema sobresalen dos casos particulares: Martín Llaryora y el santafesino Maximiliano Pullaro, que gobiernan –respectivamente– el segundo y el tercer distritos electorales del país, y siempre marcaron diferencias con el gobierno libertario.
Aunque provienen de tradiciones políticas distintas –el cordobés del peronismo y el santafesino del radicalismo–, mantienen una estrecha relación política. Junto con el exgobernador Juan Schiaretti impulsaron Provincias Unidas, un espacio que no alcanzó los resultados esperados en las últimas legislativas, aunque tuvo un logro nada despreciable: consolidarse como tercera fuerza nacional, detrás de La Libertad Avanza y del PJ nacional.
Después de participar de la asunción de Santilli, Llaryora envió un mensaje político a través de su ministro de Gobierno, Manuel Calvo.
"La prioridad de los libertarios es la reelección del presidente Milei. Nuestra prioridad en Córdoba es la reelección del gobernador Llaryora. Ninguno de los dos cambiará de partido, pero son los dirigentes que mejor miden en la provincia. En política siempre se puede dialogar", afirmó el funcionario en La Voz en Vivo, concepto que luego reiteró en distintas apariciones públicas.
En el Centro Cívico sostienen que un acuerdo electoral con La Libertad Avanza es improbable. Sin embargo, instalar públicamente esa posibilidad tiene un efecto político inmediato: introduce incertidumbre en la principal alianza opositora que hoy integran Luis Juez y el libertario Gabriel Bornoroni.
El escenario rumbo a 2027 continúa abierto y admite múltiples especulaciones. Pero hay una certeza que en la Casa Rosada se encargan de ratificar cada vez que pueden: la llegada de Santilli fortaleció la capacidad negociadora del Gobierno, aunque no modificó el reparto del poder. La estrategia electoral sigue teniendo una sola dueña: Karina Milei.