
"El Colo" Santilli, el político que nunca dice que no
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Redacción La Voz
La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete del presidente Javier Milei fue recibida con satisfacción por el llaryorismo. Más allá del cambio institucional en el Gobierno nacional, en el entorno del gobernador Martín Llaryora interpretan que el desembarco del dirigente porteño puede abrir un canal político que hasta ahora nunca terminó de consolidarse entre el Centro Cívico y la Casa Rosada.
La explicación excede la coyuntura. Llaryora y Santilli mantienen una relación personal y política que nació hace más de tres décadas, cuando ambos militaban en la Juventud Peronista durante los años de esplendor del menemismo. El bonaerense Sergio Massa fue otra pata del trío de jóvenes que luego tendrían protagonismo en el escenario político nacional.
A mediados de los años '90, Llaryora era el referente de la JP cordobesa; Santilli ocupaba un lugar similar en la Capital Federal, y Massa hacía lo propio en la provincia de Buenos Aires.
Congresos partidarios, reuniones nacionales y actividades de la militancia terminaron forjando un vínculo que, con matices, sobrevivió al paso del tiempo y a los distintos caminos políticos que luego eligió cada uno.
Aquella relación se fortaleció cuando los tres se sumaron al Frente de la Esperanza, el espacio que impulsó el entonces presidente Carlos Saúl Menem para promover la precandidatura presidencial del exgobernador tucumano Ramón "Palito" Ortega. El objetivo del riojano era opacarle el liderazgo interno del PJ al bonaerense Eduardo Duhalde.
Santilli tenía, además, una cercanía especial con Ortega. Su padre, Hugo Santilli, había sido designado por Menem al frente del Banco Nación y administraba –por pedido de Menem– el financiamiento del armado político del tucumano.
Durante casi dos años, Ortega recorrió el país como precandidato presidencial acompañado por una generación de jóvenes dirigentes peronistas que veía en aquel proyecto una oportunidad de crecimiento político.

La aventura terminó a fines de 1998, cuando Ortega acordó integrar la fórmula presidencial con Duhalde para las elecciones de 1999. Aquella dupla fue derrotada por la Alianza que encabezaron el radical Fernando de la Rúa y Carlos "Chacho" Álvarez, un peronista de centroizquierda.
La derrota del peronismo dispersó a aquella generación de jóvenes.
En 2003, Santilli dejó el PJ para incorporarse al proyecto político que encabezaba Mauricio Macri. Llaryora continuó construyendo su carrera dentro del PJ cordobés: fue secretario de Empleo durante la primera gestión provincial de José Manuel de la Sota y, cuatro años más tarde, alcanzó el objetivo que perseguía desde hacía tiempo: convertirse en intendente de San Francisco.
Massa, en tanto, inició su crecimiento en la política nacional al frente de la Anses durante la presidencia interina de Eduardo Duhalde.
Aunque las trayectorias políticas comenzaron a separarse, el vínculo personal nunca desapareció. Quienes conocen esa historia aseguran que Llaryora conservó una relación fluida con Santilli, mientras que con Massa tuvo algunas idas y vueltas, según las circunstancias políticas.
El momento de mayor tensión se produjo durante la campaña presidencial de 2023. Massa, entonces ministro de Economía y candidato del kirchnerismo, le pidió a Llaryora que intercediera ante Juan Schiaretti para moderar las duras críticas que el entonces gobernador lanzaba contra su candidatura presidencial. El mandatario cordobés no intervino y aquel episodio terminó enfriando la relación con el dirigente de Tigre.
El ascenso de Santilli al gabinete libertario reabre ahora una relación política que en el Centro Cívico consideran valiosa. Los llaryoristas creen que el nuevo jefe de Gabinete puede transformarse en un interlocutor confiable con la administración de Milei, un objetivo que Llaryora nunca logró consolidar durante los dos años y medio de gestión libertaria.
Esa expectativa quedó reflejada este martes, cuando el gobernador fue uno de los mandatarios provinciales que asistieron en el salón Blanco de la Casa Rosada a la jura del nuevo jefe de Gabinete.
En realidad, el diálogo entre ambos ya había comenzado un mes atrás, cuando mantuvieron una reunión reservada en la Casa de Córdoba, en Buenos Aires, encuentro que trascendió a partir de una información publicada por La Voz.
La conversación ocurrió en pleno escándalo que involucraba a Manuel Adorni, cuando el nombre de Santilli ya comenzaba a sonar como posible reemplazante.
Llaryora apuesta a sostener esa relación por razones de gestión, pero también con una mirada política. El gobernador busca fortalecer su vínculo con la Casa Rosada sin resignar autonomía y, al mismo tiempo, contener el crecimiento de la oposición provincial que hoy encabezan el libertario Gabriel Bornoroni y Luis Juez.
Según reconstruyen quienes conocen aquella reunión, Santilli intentó transmitirle un mensaje tranquilizador: Milei no jugaría "a ganador" en la elección para gobernador de Córdoba. Llaryora, sin embargo, nunca terminó de creer esa promesa.
El gobernador está convencido de que la estrategia electoral seguirá siendo diseñada por Karina Milei, quien pretende consolidar a La Libertad Avanza en todas las provincias con candidatos propios o aliados de máxima confianza. En el llaryorismo repiten que Córdoba no será una excepción.
La primera prueba de esa nueva relación llegará pronto. Santilli necesitará construir mayorías en el Congreso para avanzar con la eliminación o la suspensión de las Paso. Llaryora puede aportar los votos de los seis diputados nacionales que responden al oficialismo cordobés, aunque difícilmente lo haga sin pedir algo a cambio.
Treinta años después de aquellos congresos de la Juventud Peronista menemista, Llaryora y Santilli vuelven a encontrarse en lugares de poder. Esta vez, sin embargo, la vieja amistad sólo tendrá valor si sirve para destrabar negociaciones. En política, los vínculos personales ayudan, pero nunca reemplazan a los intereses.