Empresa estatal en crisis. La indefinición es el peor futuro para Fadea

La Fábrica Argentina de Aviación (Fadea), al igual que diversas empresas públicas, atraviesa desde hace varios meses una indefinición sobre su futuro, lo que complica el quehacer diario y sumerge en la incertidumbre a sus trabajadores.

26 de junio de 2026 a las 01:35 a. m.
La indefinición es el peor futuro para Fadea
Protestas en Fadea por la falta de respuestas.

Javier Milei llegó a la presidencia con una clara impronta privatizadora en relación con los cientos de compañías que permanecen bajo la órbita del Estado nacional.

Por distintas razones y por el complejo trámite en el Congreso y en la organización burocrática, el proceso de transferencia a privados sufre una demora de más de 30 meses.

Fadea no está exenta de esos contratiempos, que se agravan por las idas y vueltas en torno a si será privatizada, transferida a terceros o seguirá siendo estatal, con el desarrollo de proyectos sustentables.

En su momento, se barajó la posibilidad de que el Gobierno de Córdoba asumiera su administración, para potenciar la fábrica en la construcción de aeronaves de mediano porte o de soporte para otras tareas aeroespaciales.

La iniciativa no prosperó, al igual que los eventuales contratos de servicios con empresas de Brasil o de Medio Oriente.

El derrotero de los últimos años agravó la situación financiera y la relación con su principal cliente, la Fuerza Aérea Argentina, que, por caso, encargó la adecuación de nuevos aviones a otros centros industriales.

Las actuales autoridades se limitaron a señalar, ante la demanda de dirigentes gremiales y del personal, que los sueldos de los 650 empleados están garantizados hasta fin de año.

También admitieron que la situación de Fadea, así como sus futuros proyectos, dependen de resoluciones del Ministerio de Defensa.

Hasta el momento, esa cartera y otras autoridades nacionales no se expidieron con claridad sobre el futuro de la fábrica, que fue señera en el desarrollo industrial de Córdoba, con la fabricación de aviones, de vehículos de carga y de motocicletas, entre otras actividades.

La administración de Milei ha dado señales de estar a favor de transferir empresas estatales a la órbita privada, como ya sucedió con una fábrica mendocina, con la empresa proveedora de agua y saneamiento en Buenos Aires y con el mantenimiento de la hidrovía Paraguay-Paraná.

La peor iniciativa en torno al futuro de Fadea es la indefinición, ya que tal situación abre numerosos interrogantes sobre cómo debe desempeñarse a diario el establecimiento.

Ese contexto entorpece la relación con los empleados y con los eventuales prestadores de servicios.

El nuevo contexto macroeconómico llevó a cientos de empresas a replantear su producción y su foco de negocios, a partir de la estabilidad y de la competencia externa.

Esa realidad no puede ser ajena a un establecimiento enfocado en la producción y mantenimiento de aviones. Sin embargo, los intentos por diversificar su producción también fracasaron.

Más allá de un contexto económico complicado, con grandes desafíos en cuanto a la producción industrial, la definición del perfil productivo y administrativo de Fadea no admite más dilaciones.

Lo contrario supone alimentar un conflicto gremial-empresarial que torna cada vez más crítica la evolución de una fábrica emblemática en Córdoba.