Tristeza y emoción. Adiós, Indio Solari: las despedidas son esos dolores dulces
El funeral del cantante comenzó en la mañana de este domingo y aún se desarrollaba a la noche, al cierre de esta edición. Fue una demostración de amor apabullante, en la que gestos gratitud se confundieron con una tristeza infinita.
Finalmente, y después de unas horas de desconcierto en las que no hizo falta intervención estatal porque primaron las manifestaciones espontáneas con velas, parlantes, llantos y pogos callejeros, comenzó el domingo el funeral de Carlos “Indio” Solari, fallecido el pasado viernes a los 77 años.
La cita fue en el Polideportivo José María Gatica de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, punto de inicio de una procesión que, al cierre de esta edición, alcanzaba las 80 cuadras de longitud (o la distancia que separa a la citada ciudad bonaerense del porteño barrio de Barracas) y una asistencia calculada en un millón de personas, según cálculos oficiales.

Así las cosas, todo parecía indicar que esta despedida apabullante y a flor de piel se extendería hasta hoy.
Los organizadores cumplieron, ya que habían informado desde la cuenta oficial de Solari de Instagram que el funeral duraría lo que hiciera falta, “para que nadie pierda su oportunidad de decirle adiós” a este artista fundamental.
Por su parte, Carlos Bianco, ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, destacó que se montó un operativo de una organización importante para llevar tranquilidad y asegurar las mejores condiciones posibles. “Está previsto que sea en continuo, no se va a cerrar durante el horario nocturno, se va a mantener el flujo de las personas que quieran pasar por la capilla ardiente”, confirmó en diálogo con LN+ y A24.
En el sensible ítem “seguridad”, la decisión que la policía no intervenga, o que intervenga lo mínimo indispensable, fue un acierto a todas luces.
Los seguidores del Indio llegaron desde diferentes partes del país, pero sobre todo procedentes de los márgenes del conurbano bonaerense. Son esos mismos márgenes (estéticos, políticos) los que alimentaron la obra Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda que el cantante formó junto a Skay Beilinson y Carmen “Negra” Poli en el tránsito de los ’70 a los ‘80.

Entonces, más allá de las cuestiones políticas que le dieron localización a esta manifestación masiva nunca antes vista, que la capilla ardiente estuviera en un club de barrio, por afuera de las pompas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, terminó de darle sentido al mensaje de un artista que jamás pretendió honores fastuosos, a los que habría tildado de vulgares.
Allí, sus restos se encontraron con el verdadero honor, con el cariño de su gente. Con esos ojos rojos que desde el viernes no paraban de lagrimear al escuchar los acordes de Juguetes perdidos, con los que eligieron brindar por él. y al bailar Ya nadie va a escuchar tu remera. Los dueños de esos ojos directamente lanzaron gritos de dolor al cantar el estribillo To Beef or not to Beef: “pensando en vos siempre”.
Larga mañana
Llegar hasta Avellaneda fue un largo peregrinar que estuvo signado por la fiesta y la música.
Adentro del subte que iba hacia Constitución, el maquinista decidió poner la música de los Redondos y sonó por los altoparlantes El infierno está encantador: “Puede alguien decirme me voy a comer tu dolor” fue coreada a los gritos.

Luego, el tren con destino a Avellaneda iba repleto de seguidores que arrancaron cantando hasta que alguien pidió silencio y dio un mensaje. “El Indio nos enseñó a cuidarnos entre nosotros y nos pidió que cuidemos a las pibas”, dijo un chico al inicio de una extensa reflexión contra la violencia de género que instó a otros varones a hacerse cargo. En el tren entonces, no volaba una mosca. Todos escucharon atentos.
Si bien la parada final para la despedida era Villa Dominico, todos descendieron unas 15 cuadras antes porque la fila a las 10 de la mañana ya tenía unos tres kilómetros.
Consultada por La Voz, una vecina que vive al frente del predio dijo que la gente pasó la noche haciendo cola, poniendo música y bailando. “A pesar de todo pudimos dormir; la gente se portó bien”, señaló.
En un recorrido por las inmediaciones se podían ver fanáticos de muchos lados del país, pero sobre todo de Córdoba, Mendoza, San Luis y Santa Fe. Todos ellos salieron para Buenos Aires apenas se confirmó el lugar. Muchos aseguraron que no iban a hacer la cola sino simplemente ir a encontrarse con otros.

Familias completas, adultos mayores, personas en absoluta pobreza que apenas tenían calzado, se juntaron en un mismo lugar con otros que ostentaban mejor pasar e incluso se consolaban frente al féretro.
Los mates de la mañana se transformaron en cervezas y fernet al mediodía. “Vendo fernet cordobés”, gritaba uno en la calle y cuando esta cronista se acercó a preguntar si era de Córdoba, dijo que no, pero que el fernet cordobés funcionaba como estrategia de venta. “¡No me quemés!”, pidió.
Antes y después
Lo que afuera del predio parecía una celebración en honor a la música y al legado de Solari, cambiaba por completo al acercarse al féretro. Los rostros se transformaban, desencajados de dolor y algunos estallaron en gritos desgarradores. “Estamos huérfanos”, le dijo un hombre mayor a La Voz al salir de la capilla ardiente.

El predio de los alrededores, que estaba pensado para que la gente pudiera descansar y escuchar música, no pudo usarse porque la multitud no iba a caber ni en 10 canchas.
Entonces por la zona solo se podía circular para entrar y salir de la capilla ardiente.
El puesto de defensa civil que estaba apostado allí confirmó a La Voz que no habían tenido que intervenir, que todo se desarrolló con normalidad. Y lo mismo aseguraron fuentes del Ministerio de Salud bonaerense.





