A 50 años de la dictadura militar. Los bordados del dolor de Marta Cuesta, sobreviviente de centros clandestinos

La artista nació en Córdoba en 1954. Estuvo presa en el excentro clandestino La Perla y campo La Ribera. Se exilió en Suecia donde vive desde hace 50 años. Regresó para contar su historia en “Lo que no pude ver a través de la venda que me tapaba los ojos”.

21 de marzo de 2026 a las 05:23 p. m.
Los bordados del dolor de Marta Cuesta, sobreviviente de centros clandestinos
Marta Cuesta, exiliada de la dictadura militar en Suecia. Estuvo presa en La Perla.

“En el cautiverio intentábamos mirar a través de la venda que nos tapaba los ojos, de esa forma ser testigos y recordar fragmentos de esos tiempos de devastación (…)”, escribió Marta Cuesta (72). Hoy ese texto forma parte de la muestra artística “Lo que no pude ver a través de la venda que me tapaba los ojos”.

En las telas de gasa que cuelgan de paredes, ventanas y techos sobresalen las puntadas con hilos blancos y de colores de su bordado, una forma de evocar el cautiverio, el exilio, la pérdida de sus seres queridos, y de mantener viva la memoria.

Las puntadas de Marta cuentan su historia: de cuando estuvo en cautiverio en los excentros clandestinos La Perla y Campo de la Ribera. (Ramiro Pereyra /La Voz)
Las puntadas de Marta cuentan su historia: de cuando estuvo en cautiverio en los excentros clandestinos La Perla y Campo de la Ribera. (Ramiro Pereyra /La Voz) (Ramiro Pereyra /La Voz)

Las puntadas de Marta cuentan historias y la suya propia: de cuando estuvo cautiva en los excentros clandestinos La Perla y Campo de la Ribera, hoy Sitios de Memoria, y de su exilio forzado.

A ella, quien nació en Córdoba en 1954 y lleva casi 50 años en Suecia, le tocó, como a muchos otros, huir del país para salvar su vida y la de su compañero e hija de ocho meses. “La experiencia de la dictadura militar te marca de distinta forma, y estoy marcada”, sostuvo Marta a La Voz.

Ahora, de regreso a la Capital, la acompaña su hijo, Lucas Cuesta Peña, con una instalación inmersiva "Sombras del pasado" que refleja el relato de su madre.

La muestra está abierta hasta el 19 de abril, con entrada libre y gratuita, organizada por el Museo de Antropología de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), junto a Ciudades Visibles y Proyecto Big Bang Arte.

Sobre la dictadura y exilio

Marta tenía 22 años y estudiaba arquitectura en la UNC, y militaba en un grupo de pensadores desde los 15. Vivía en barrio Matienzo. En 1976 la dictadura puso su nombre y el de su compañero en la lista negra y los fueron a buscar.

Los llevaron a los dos, su hija estaba con sus padres. Primero, la trasladaron a La Perla, y luego al campo de La Ribera. Los mantuvieron en un galpón con los ojos vendados. En ese lugar, un militar les preguntó si tenían un número y ellos contestaron que no. “Nos respondió: entonces son desaparecidos. A algunos los desaparecían y a otros los apresaban con identidad”, contó Marta.

En un momento determinado los suben a un camión y los llevan de noche a un descampado en Villa Warcalde. Siempre con la venda puesta. Y les dijeron: “Si sienten que viven, cuenten hasta 100”.

Contó hasta 100 y preguntó por el nombre de su compañero. Él la agarró de la mano y corrieron en la oscuridad. Fueron a la casa de sus padres, a encontrarse con su hija. Pensaron en una estrategia de supervivencia: tenían que huir. Vendieron su auto y se fueron a Buenos Aires y desde allí partieron a Barcelona con el buque MS Eugenio C.

Lo que bordó Marta en la tela de gasa es su historia de vida (Ramiro Pereyra /La Voz)
Lo que bordó Marta en la tela de gasa es su historia de vida (Ramiro Pereyra /La Voz) (Ramiro Pereyra /La Voz)

Ese viaje duró 15 días: “Fue realmente agradable, porque estaba mal. Me ayudó a reflexionar, a perder el miedo. Éramos muchos los que nos exiliábamos”.

Desembarcaron en Barcelona, España. En ese país la situación era difícil, recién había caído Francisco Franco. Sobrevivir no era fácil. Entonces, a través de unos conocidos decidieron partir a Suecia, país que les dio asilo político y luego la ciudadanía.

El hijo de Marta, Lucas Cuesta Peña, realizó una instalación inmersiva que refleja el relato de su madre. (Ramiro Pereyra / La Voz)
El hijo de Marta, Lucas Cuesta Peña, realizó una instalación inmersiva que refleja el relato de su madre. (Ramiro Pereyra / La Voz) (Ramiro Pereyra /La Voz)

“En ese momento tenía la sensación de haber llegado a un país frío y diferente, pero era un lugar que nos dio protección. Es lo que necesitábamos”, señaló.

Allí, armó su vida. Estudió Antropología y Sociología. Fue profesora, investigadora, escribió libros sobre la temática de migración e identidad. Tiene tres hijos y cuatro nietos.

Con la vuelta a la democracia regresó a Córdoba, pero sentía que aún había tensión política y decidió seguir en el país escandinavo. Ahora, cada vez que puede viaja para ver a su familia y a presentar sus obras. En Suecia nunca contó su historia, no saben el dolor que afrontó.

Procesar la historia con el arte

Marta acentúa que de alguna u otra forma siempre estuvo ligada al arte. Primero, como estudiante de Arquitectura, y después con Antropología y Sociología. Trabajó con técnicas primitivas en escultura y cerámica.

Ya como sobreviviente y testigo en la megacausa de La Perla procesó y "sacó hacía afuera" lo que tenía guardado, y lo transformó en obras de arte. “No tuve tiempo de mirar hacia atrás, siempre tuve que ir hacia adelante”, reflexionó.

Marta escribía y construía sus propios puntos con hilos. (Ramiro Pereyra /Lao Voz)
Marta escribía y construía sus propios puntos con hilos. (Ramiro Pereyra /Lao Voz) (Ramiro Pereyra /La Voz)

Comenzó a bordar intensamente durante la pandemia. Escribía y construía sus propios puntos con hilos. Recordó el encierro forzado, el exilio, el barco, el viaje, la espuma del mar.

“Lo que bordo es la espuma del mar. Pero en realidad no bordo sino que cuento con puntadas”, reveló. Durante el cautiverio le taparon los ojos con un "trapo", ella eligió la gasa para emular ese paño áspero que la mantuvo en la oscuridad.

“El bordado es mi testimonio, mi relato”, expresó.