Violencia en Córdoba Barrio Yapeyú, un territorio de alta complejidad, con balaceras conectadas por un hilo delictivo

Los casos de violencia urbana, amenazas y robos se multiplican en el barrio. Fuentes investigativas advierten que hay el doble de hechos que en otros barrios. Los últimos ataques se encuentran relacionados por historias de criminalidad con mujeres como protagonistas.

20 de marzo de 2026 a las 03:09 p. m.
Barrio Yapeyú, un territorio de alta complejidad, con balaceras conectadas por un hilo delictivo
Violencia en barrio Yapeyú: los casos se multiplican y preocupa la abundante cantidad de armas. (La Voz).

Los últimos hechos de sangre acaecidos en barrio Yapeyú, zona sudeste de la ciudad de Córdoba, volvieron a poner el foco en un territorio signado por la violencia urbana que en los pasillos de Tribunales es caracterizado como de “alta complejidad”.

Uno de ellos, protagonizado aparentemente por Diego Emilio Salazar (38), conocido como “El Sicario”, fue el episodio más reciente que produjo gran resonancia. El hombre se habría presentado en una vivienda del sector y habría disparado contra una mujer completamente inocente.

La Policía detuvo a varios sospechosos en Yapeyú durante los últimos días. (La Voz).
La Policía detuvo a varios sospechosos en Yapeyú durante los últimos días. (La Voz). (La Voz)

Buscaba a otra persona, que según presumen en la Justicia se encontraba enfrentada con una presa que guarda condena en la cárcel de Villa María.

Actualmente la investigación se encuentra en una etapa avanzada, gracias a las numerosas pruebas que la brigada de Homicidios de la Policía y los propios investigadores judiciales pudieron sumariar. Entre las pistas claves hay pruebas testimoniales de gran relevancia que lo ponen a Salazar en el centro de la escena.

Pero no es el único caso de los últimos tiempos.

A pocas horas de este hecho de violencia urbana, Luna, una joven vecina del sector, fue víctima de un ataque a tiros donde participaron adolescentes y al menos un adulto, conocido en la barriada como el “Negro Juan” (Juan José Juárez, de 28 años).

La víctima salvó su vida de milagro pero afronta una hemiplejia que le cambiará, para mal, la existencia.

Lamentablemente, se trata de los hechos más relatados y de gran exposición pública. Pero hay otros. Muchos otros.

Y ese conjunto de casos hace notar dos aspectos que preocupan en las altas esferas de Seguridad. El primero es que serían consecuencia de delitos y peleas anteriores, donde también hubo balas y amenazas.

Los operativos se multiplican en barrio Yapeyú. (La Voz).
Los operativos se multiplican en barrio Yapeyú. (La Voz). (La Voz)

La segunda preocupación es más honda: “El silencio y las relaciones vecinales, atravesadas en gran medida por las agresiones o el peligro de que estas sucedan, atentan contra la prevención de nuevos episodios violentos. Hacen pensar que estos actos se podrían seguir multiplicando”, dicen sin ahorrar preocupación los pesquisas que a menudo recorren esas calles.

Barrio Yapeyú, colapsado por armas y peleas

Fuentes investigativas advierten que los procedimientos policiales y sus posteriores causas judiciales se amontonan. Lo explican con crudeza: la distribución territorial para la atención judicial de la conflictividad delictiva en la ciudad resulta “profundamente desigual”.

“En esta zona de la Capital se registra el doble de situaciones en comparación con otros barrios”, explicaron investigadores que siguen de cerca el fenómeno.

Y agregaron un dato revelador: “En algunos terrenos barriales hay un registro insignificante de hechos delictivos en comparación al que se registra en Yapeyú”.

Este fenómeno provocó que los expedientes se apilaran en las fiscalías y que el “motor se empaste”, según describieron comisionados judiciales que trabajan a diario en los despachos de Tribunales.

No obstante, la fiscalía de instrucción del Distrito 3, Turno 3, a cargo de la fiscal Silvana Fernández, avanzó con determinación en las investigaciones.

Una muestra de ello se refleja en el caso de Salazar. “El Sicario”, ya se encuentra imputado por el presunto delito de “Coacción agravada por el uso de arma de fuego”, y permanece detenido, con una situación procesal que se agrava con el paso de los días.

En la zona advierten que hay una gran cantidad de armas en poder de las bandas. (La Voz).
En la zona advierten que hay una gran cantidad de armas en poder de las bandas. (La Voz). (La Voz)

“Todo fue gracias a una tarea compleja de investigación y cruce de causas, donde se evidencian, casi de manera artesanal, los hilos que unen, o podrían unir, unos casos con otros”, comentaron los pesquisas.

Las actuaciones, sin embargo, distan de resultar sencillas.

“Detrás de cada víctima hay una vida y condiciones de extrema fragilidad. Hay hombres y mujeres que cargan con gran cantidad de hijos, sin viviendas fijas, con dificultoso acceso a servicios básicos y trabajos precarios, cuando los hay”, explicaron los investigadores.

A este panorama se suma otro factor que condiciona el trabajo judicial: el temor a represalias.

“Por lo general son vecinos separados por una o dos viviendas. Y los entornos, de uno y otro bando, juran vengarse. Se genera una atmósfera preocupante”, reconocieron.

En otras situaciones repetidas, víctimas y victimarios arrastran antecedentes penales o conflictos previos con la ley. Ese escenario también complica la reconstrucción de los hechos y la búsqueda de justicia.

Los hilos que relacionan los casos

En los últimos episodios violentos que sacudieron a Yapeyú apareció un patrón que resulta inquietante. Los protagonistas de uno y otro hecho suelen estar mencionados en otras investigaciones judiciales, aunque los ataques no siempre tengan una conexión directa entre sí.

Uno de los ejemplos más claros se observa en el ataque que dejó gravemente herida a Luna.

Según reconstruyeron los investigadores, el episodio tuvo su origen en una serie de conflictos entre adolescentes del barrio y el entorno de la joven. Las disputas incluyeron reclamos por un teléfono celular, discusiones personales y hasta el robo de una mascota.

La tensión creció con rapidez.

En ese contexto irrumpió la figura de Juan José “el Negro” Juárez. El hombre, hermano de Aldana Juárez —una mujer condenada por un homicidio ocurrido en abril del 2024, en el mismo barrio—, habría tenido un rol clave en ese entramado, según investigaciones judiciales.

En Tribunales advierten que hay mayor cantidad de casos acumulados en el sector. (La Voz).
En Tribunales advierten que hay mayor cantidad de casos acumulados en el sector. (La Voz). (La Voz)

De acuerdo con el expediente, Juárez se encargaba de proveer armas a un grupo de adolescentes con frondosos antecedentes. Esas armas habrían pertenecido a otro delincuente del sector que actualmente se encuentra preso.

Tras un cruce entre familias del barrio, el grupo regresó horas más tarde al domicilio de Luna y abrió fuego contra la vivienda. Los investigadores contabilizaron una veintena de disparos.

Uno de los proyectiles alcanzó a la joven y le provocó una lesión medular irreversible.

El episodio derivó en la intervención de la Justicia de menores, que ordenó la detención de varios adolescentes. Sin embargo, la pesquisa cambió de dimensión cuando se estableció la participación de un mayor de edad: el propio Juárez.

Su arresto no resultó sencillo.

El hombre permaneció prófugo varios días en barrio Bella Vista y luego se refugió en distintas viviendas del sudeste capitalino. Cuando se vio rodeado por la Policía, incluso tomó a una adolescente como rehén antes de entregarse.

En paralelo, la investigación por el ataque del “Sicario” reveló otro entramado igual de complejo. La principal sospecha apunta a que el ataque se originó en una disputa entre internas alojadas en la cárcel de Villa María.

Una presa se había peleado con otra, a quien habría enviado un mensaje mafioso. La destinataria de esas amedrentaciones era nada más y nada menos que Aldana Juárez.

“El Sicario” habría llegado al barrio con la orden de disparar contra Juárez. Pero la víctima que encontró en la vivienda no tenía ninguna relación con esa disputa. Por fortuna, se encuentra fuera de peligro.

Mujeres y una nueva preponderancia en el delito

Uno de los aspectos que comenzó a llamar la atención de los investigadores en barrio Yapeyú fue el creciente protagonismo de mujeres dentro de las estructuras delictivas.

En las fiscalías se acumulan expedientes que las ubican, aún en significativa menor dimensión que los varones, como protagonistas de peleas grupales, robos a conductores de aplicaciones de transporte o venganzas impulsadas desde unidades penitenciarias.

Los pesquisas que recorren el barrio detectaron una explicación recurrente.

“En muchos casos los varones ya están presos. Las mujeres toman la ‘manija’ de las bandas y manejan los movimientos hasta que sus parejas recuperan la libertad”, explicaron.

Ese fenómeno consolidó nuevas jerarquías dentro de las organizaciones criminales que operan en la zona, según afirman los pesquisas.

“Hay familias con una tradición delincuencial. Las mujeres ganan poder y terminan administrando el territorio y las relaciones con otras bandas”, agregaron, en señalamiento a lo que sucede, por ejemplo, con el “clan Juárez”.

En el universo del narcotráfico local, además, ese rol aparece todavía más marcado, dicen.

“Administran cuentas, manejan el dinero y toman decisiones operativas. En la práctica muchas veces son las jefas. Los varones caen más rápido y ellas quedan al frente del negocio”, afirmaron investigadores.

Esa dinámica, sumada a la proliferación de armas y a los conflictos personales que se arrastran desde hace años, conformó un escenario explosivo en Yapeyú.