
Caso Adorni: cascada de optimismo de Llaryora y de los gobernadores
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Redacción La Voz
El escenario político comenzó a moverse al ritmo de las dificultades que atraviesa la gestión del presidente Javier Milei. En medio de un gobierno libertario que ya no exhibe la fortaleza de pocos meses atrás, la oposición empezó a activarse y el gobernador Martín Llaryora sigue con atención este ajetreo nacional. Tanto, que hace algunas semanas atrás retomó el diálogo con Mauricio Macri.
Hay una definición que Llaryora suele repetir en cada conversación política: la prioridad es su reelección en Córdoba. Por ahora, todo lo que haga en el tablero nacional estará atado a ese objetivo localista.
Sin embargo, el mandatario cordobés también entiende que Córdoba ocupa un lugar central en cualquier discusión política nacional. Es el segundo distrito electoral del país y lleva casi 27 años gobernado por el PJ provincial.
Por eso, aunque evita sobreactuar protagonismo en el escenario político fuera de Córdoba, tampoco quiere quedar afuera de la reconfiguración que comienza a insinuarse, incluso dentro del propio peronismo nacional.
En ese contexto, y bajo un fuerte hermetismo en ambos sectores, distintas fuertes confirmaron a La Voz que Llaryora volvió a hablar con Mauricio Macri, después de más de dos años de distanciamiento personal y político.
Las versiones sobre el encuentro difieren. Cerca del expresidente aseguran que hubo una reunión reservada en Capital Federal. Los llaryoristas, en cambio, sostienen que se trató de un “largo” diálogo telefónico. El encuentro o charla telefónica se produjo en los primeros días del mes pasado.
Más allá del formato, el dato político es el mismo: el gobernador y el líder del PRO retomaron el vínculo hace poco más de un mes.
La relación entre Macri y el peronismo cordobés siempre tuvo como principal interlocutor a Juan Schiaretti, un vínculo que se mantiene, pese también a un momento de tensión en el pasado.
Con Llaryora, en tanto, el diálogo se había roto en abril de 2023, cuando Macri decidió respaldar abiertamente al opositor Luis Juez en la pelea por la Gobernación en Córdoba.
Alrededor de la conversación entre Llaryora y Macri reina el silencio. Aunque distintas fuentes coincidieron en que buena parte del intercambio giró sobre las heridas del pasado que dejó aquella campaña provincial.
Según se pudo reconstruir con fuentes del Centro Cívico, Llaryora le reprochó a Macri el apoyo a Juez, al considerar que puso en riesgo la continuidad del oficialismo provincial. No es un dato menor: el actual gobernador terminó imponiéndose por apenas 64 mil votos.
Desde el macrismo aseguran que la respuesta del expresidente también fue directa. Recordó que, en aquel momento, Schiaretti buscó un acuerdo con Horacio Rodríguez Larreta, y sectores del radicalismo nacional, con la intención de “jubilarlo” políticamente, según habría dicho un convencido Macri.
Fue en lo que en su momento Schiaretti denominó el "frente de frentes", que no era otra cosa que sumar al PJ provincial a lo que era Juntos por el Cambio. El problema fue que en esa alianza opositora, en Córdoba, Juez le disputaba el poder al propio Schiaretti, y a Llaryora como candidato.
Más allá de esos reproches cruzados y de las cuentas pendientes del pasado, ambos habrían coincidido en una lectura común: existe un espacio vacante para una alternativa de centro, alejada de los extremos que significan el kirchnerismo y el modelo libertario.
En ambos campamentos aclaran que no hubo acuerdos ni definiciones concretas. Pero sí destacan algo que hasta hace poco parecía improbable: Macri y Llaryora recuperaron el diálogo, que todo indica que se mantendrá.
El viernes pasado, Axel Kicillof desembarcó en Córdoba. Formalmente llegó invitado por el gremialista Héctor Daer, para participar de un encuentro con trabajadores de la Salud, en Cosquín. El mandatario bonaerense también vino para presentar su libro De Smith a Keynes, en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), en la ciudad de Córdoba.
Detrás de la excusa gremial y académica asoma otro objetivo de Kicillof: ya comenzó a recorrer el país con la mira puesta en una eventual candidatura presidencial dentro de un PJ unificado.

Llaryora evitó esa foto, aunque mantiene diálogos telefónicos esporádicos con el bonaerense. El cordobés insiste en una lógica similar a la que sostuvo Schiaretti durante años: no mezclarse con el kirchnerismo, aun cuando Kicillof intenta exhibirse ahora como un dirigente enfrentado a Cristina Fernández de Kirchner y a Máximo Kirchner.
“No tenemos nada que ver con el kirchnerismo. Somos un peronismo federal, productivista y del interior”, suele repetir Llaryora en privado, en línea con lo ques siempre sostuvo Schiaretti.
Aun así, a diferencia de Schiaretti –quien evitaba cualquier vínculo con dirigentes cercanos al kirchnerismo–, Llaryora se muestra menos rígido.
De todos modos, el gobernador sabe que deberá moverse con cuidado. Sobre todo frente a una ofensiva discursiva que el libertario Gabriel Bornoroni ya instaló como eje de campaña en la provincia.
“Llaryora es un kirchnerista con buenos modales. Es como Cristina y Kicillof: cree que el Estado lo resuelve todo”, repite el diputado libertario en cada recorrida por el interior provincial.
Mientras tanto, el mandatario cordobés apuesta a profundizar su acercamiento con el radical santafesino Maximiliano Pullaro. Ambos compartirán un acto en San Francisco, este martes, en una señal política que trasciende la agenda institucional y de gestión.
Aunque no lo dirá públicamente, Llaryora comparte con Pullaro una mirada crítica sobre el rumbo económico del Gobierno nacional. Ambos consideran que el plan de Milei “no tiene futuro” y creen necesario construir desde el interior una alternativa “productivista”.
En esa línea, el gobernador cordobés imagina una ampliación del espacio Provincias Unidas, incorporando a mandatarios peronistas alejados del kirchnerismo.
Sin embargo, antes de cualquier armado político hay una definición clave que todavía permanece abierta en el Congreso: el futuro de las Paso presidenciales.
Hoy, el oficialismo libertario no tiene los votos para eliminarlas como pretende el presidente Milei. Por eso comenzaron a evaluarse alternativas intermedias, entre ellas convertir las primarias en no obligatorias.
Los seis diputados nacionales que responden a Llaryora estarían dispuestos a acompañar la eliminación de las Paso. Pero el gobernador pretende negociar antes alguna contraprestación con el ministro del Interior, Diego Santilli, a cambio de esos votos. Por ahora, la posición definitiva del oficialismo cordobés sigue abierta.
En caso de que las Paso continúen vigentes y no prospere la construcción de un espacio de centro, Llaryora tampoco descarta respaldar a un candidato peronista que enfrente a Kicillof, dentro del PJ, en unas eventuales primarias nacionales.
De todos modos, las definiciones todavía parecen lejanas. Hoy la principal preocupación del gobernador pasa por otro lado: mejorar la imagen de su gestión e influir de algún modo para que la oposición no logre unificarse en Córdoba.
El escenario nacional, por ahora, lo observa de reojo. Y en el fondo hay un deseo político que hoy suena casi utópico: que Milei decida no involucrarse de lleno en la disputa por el poder provincial. Algo que el opositor Luis Juez ya adelantó que no está dispuesto a tolerar.