
Llaryora, Juez y Bornoroni, y la guerra de fotos
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Redacción La Voz
Martín Llaryora cerró la primera semana de la reestructuración de su gabinete con una certeza y también interrogantes. La certidumbre tiene nombre propio: Manuel Calvo es, desde ahora, el hombre más poderoso de la administración provincial después del gobernador. Los interrogantes apuntan a los próximos movimientos, porque en el Centro Cívico aseguran que habrá nuevos capítulos en la renovación del equipo llaryorista.
La designación de Calvo como jefe de Gabinete marca un cambio de época dentro del oficialismo cordobés. Durante años, ambos compitieron por el liderazgo del PJ en el departamento San Justo.
Aquella pulseada interna quedó archivada. Hoy, Llaryora y Calvo conforman la cúpula del Gobierno provincial, por decisión del propio gobernador, quien empoderó al dirigente de Las Varillas.
"Estoy entusiasmado con estos primeros días del nuevo esquema. Manuel es un hombre de gestión y conoce cada rincón del Gobierno. Internamente se nota una nueva dinámica", comentó Llaryora, en una conversación informal con los dirigentes de la Mesa de Enlace cordobesa que el viernes pasado lo acompañaron durante su visita a la Exposición Rural de Palermo.
En público, el mandatario insiste en que toda sus energías están puestas en la gestión. Al menos hasta fin de año o los primeros meses del próximo, cuando deberá tomar una decisión política determinante, que será la bandera de largada de la campaña: fijar la fecha de las elecciones provinciales en las que buscará la reelección.
Los llaryoristas tienen una convicción que guía su estrategia política y de gestión. Creen que ningún gobernador pierde una elección si llega a las urnas con una imagen positiva cercana al 60%. Ese es el objetivo para los próximos cinco meses. Después llegará el tiempo de definir el calendario electoral.
Mientras tanto, la reorganización del gabinete sigue abierta.
Cuando hace nueve días se confirmó el ascenso de Calvo a la jefatura de Gabinete y el desembarco del exmacrista Gabriel Frizza en el Ministerio de Cooperativas y Mutuales, desde el Centro Cívico también se anunció que Producción recuperaría el rango ministerial, luego del breve período en el que funcionó como secretaría dentro del Ministerio de Agroindustria, que conduce Sergio Busso.
Producción e Innovación Tecnológica había dejado de ser ministerio en noviembre del año pasado, cuando Pedro Dellarossa pasó al directorio del Banco de Córdoba. Desde entonces quedó integrada al megaministerio encabezado por Busso.

Ahora, el desafío pasa por encontrar quién conducirá esa cartera.
En el oficialismo aseguran que Llaryora mantiene conversaciones con un par de personas "muy vinculadas al círculo rojo", es decir, al mundo empresario. Hasta el momento, el gobernador no logró convencer a ninguno para incorporarse a su gabinete, aunque en su entorno descuentan que el anuncio llegará en los próximos días.
"No será un político puro. Tal vez alguien del ámbito empresarial, con inquietudes políticas", deslizan cerca del mandatario.
Pero las novedades no terminarían allí.
Llaryora mantiene bajo siete llaves el resto de los cambios que proyecta para su equipo. Como informó La Voz, el objetivo es terminar con una estructura más reducida que la actual, integrada por una Jefatura de Gabinete, 12 ministerios –incluido Producción, todavía sin titular– y cuatro agencias.
"El gobernador maneja personalmente todas las variantes. Si alguien dice que tiene información sobre esos cambios, no está diciendo la verdad", asegura otra fuente del oficialismo.
Las versiones, sin embargo, se multiplican. Algunos creen que las modificaciones se anunciarán en los próximos días; otros sostienen que el rediseño será gradual y se extenderá durante algunos meses.
Lo que parece estar descartado es incorporar caras nuevas, más allá del ministro de Producción. La idea sería avanzar en una reducción de ministerios y agencias para conformar una estructura más compacta, similar en cantidad de áreas a la del presidente Javier Milei, cuyo gabinete está integrado por un jefe de Gabinete y ocho ministerios.
Aunque el gobernador repite que sólo piensa en gobernar, en realidad ambas dimensiones –gestión y política– marchan en paralelo.
La apuesta es clara: si logra consolidar avances en obras públicas, seguridad, salud y educación, esa mejora en la gestión debería traducirse en una mejor valoración del Gobierno provincial y, llegado el momento, en una ventaja electoral.
Pero toda gestión tiene dos caras. Los aciertos fortalecen la imagen de un gobierno, mientras que los errores y los llamados "cisnes negros" –hechos inesperados con fuerte impacto político y social– pueden alterar cualquier plan.
Por estos días, uno de esos frentes de preocupación está en la Justicia provincial. La virtual parálisis del servicio, producto del conflicto salarial con los trabajadores judiciales y del malestar de los magistrados por el aumento de sus aportes, representa un problema por resolver, antes de que escale políticamente.