
¿De qué hablaron Llaryora y el pastor evangélico Dante Gebel?
Por
Redacción La Voz
“Lo primero que te quiero aclarar es que no soy un pastor evangélico. Soy un empresario del entretenimiento”. Así recibió Dante Gebel al gobernador Martín Llaryora en el encuentro que ambos mantuvieron el miércoles pasado en un hotel de Puerto Madero.
No fue una reunión casual, como en un primer momento intentó instalar el llaryorismo, siempre cuidadoso con el impacto político de cada movimiento del gobernador, que ya transita en clave electoral.
El nexo fue el secretario de Culto, Mariano Almada, quien articuló el contacto con el entorno de Gebel. Según aseguran, fue el empresario radicado en Estados Unidos –que analiza competir por la Presidencia en 2027– quien pidió conocer al mandatario cordobés.
En los últimos días, Gebel inició un raid mediático para posicionarse. Allí aseguró que recién después del Mundial de fútbol decidirá si vuelve al país para buscar una candidatura presidencial.
Según le explicó a Llaryora, quiso reunirse con él porque observa en el cordobés una postura política moderada, distante de los extremos que hoy dominan la discusión pública.
Si finalmente decide competir, Gebel se sumará a la cada vez más poblada avenida del medio, una posición que ya recibió el rechazo frontal de Javier Milei.
Sus íntimos aseguran que Llaryora quedó sorprendido por la capacidad comunicacional de Gebel. Aunque no lo percibió del todo convencido de lanzarse a la carrera presidencial.
Como ocurre con otros posibles candidatos, mucho dependerá del rumbo que tome la gestión libertaria. Si la inflación vuelve a complicar el plan económico de Luis Caputo, no son pocos los que creen que Gebel podría animarse a ocupar ese lugar de outsider que Milei supo capitalizar en 2023.
Pero Llaryora no se reunió con Gebel por afinidad ideológica. Lo hizo por una razón concreta: el gobernador mide todo en función de su proyecto de poder en Córdoba.
Si el empresario logra darle estructura partidaria nacional a su espacio Consolidando Argentina y decide competir por la Presidencia, Córdoba –el segundo distrito electoral del país– será una parada obligada.
Y allí aparece la verdadera preocupación del mandatario provincial: no quiere correr el riesgo de que Gebel desembarque en Córdoba por fuera del oficialismo local y construya una alternativa propia.
Los intereses de ambos no coinciden. Llaryora busca preservar su poder territorial en la provincia; Gebel, en cambio, sueña con llegar a la Casa Rosada.
Ese fue, en definitiva, el principal motivo del encuentro con el enigmático empresario que se propone un desafío tan ambicioso como improbable: ser presidente de un país en el que no vive desde hace más de 20 años.
Sin embargo, la reunión con Gebel no fue el motivo central de las 30 horas que Llaryora pasó en Capital Federal.
Con absoluto hermetismo, el gobernador también mantuvo contactos con funcionarios libertarios, especialmente en los ministerios del Interior y de Economía.
En el Centro Cívico nadie confirmó reuniones con Diego Santilli ni con Luis Caputo, aunque tampoco habría que descartarlas. Al menos, admiten que existieron conversaciones por temas sensibles para Córdoba.
Santilli trabaja por estas horas en un objetivo prioritario para Javier Milei: conseguir los votos necesarios para eliminar las Paso presidenciales.
Llaryora coincide con esa iniciativa, aunque no por convicción institucional, sino por puro cálculo político.
Si no hay Primarias, ganará un par de meses decisivos para definir la fecha de las elecciones provinciales.
Por ahora, el gobernador sigue convencido de despegar la disputa por el poder en Córdoba de la pelea presidencial. Si las Paso se mantienen en agosto, el calendario nacional comenzará a ordenarse desde junio. Sin Primarias, todo queda para la primera vuelta de octubre, y eso le daría a Llaryora más margen para mover sus fichas locales.
Por eso, respaldaría la eliminación de las Paso, aunque no gratis: los seis votos de los diputados que le responden ya entraron en la negociación.
En paralelo, desde Economía le confirmaron que el próximo mes llegará la primera cuota de los $ 10 mil millones que Anses comprometió para la Caja de Jubilaciones.
Aunque no lo admita públicamente, Llaryora también gestiona que Córdoba aparezca en el próximo reparto de Aportes del Tesoro Nacional (ATN).
Hasta los propios libertarios creen que el cuórum aportado por Ignacio García Aresca y Alejandra Torres para avanzar con las modificaciones a la Ley de Glaciares podría tener recompensa. Habrá que esperar las planillas para saber cuánto vale ese gesto.
Mientras equilibra gestión y negociaciones con la Nación, Llaryora también sigue de cerca a la única alianza opositora que hoy aparece consolidada en Córdoba: la de La Libertad Avanza y el juecismo.
Sus operadores le acercaron una versión que en el Panal repiten con entusiasmo: Luis Juez estaría “hastiado” de la falta de apertura de los hermanos Milei.
Sin embargo, ese dato suena más a deseo oficialista –o una operación– que a un diagnóstico realista.
La relación entre Juez y el libertario Gabriel Bornoroni no deja de fortalecerse, tanto en lo político como en lo personal.

Al senador le escucharon decir esta semana, en una reunión reservada con tres empresarios, una frase que despejaría dudas: “No me meto en los quilombos nacionales. Mi única prioridad es sacar con votos a este gobierno horrible de Llaryora. Y no me importa el lugar que vaya a ocupar”.
Contundente. Tanto como la foto que el próximo viernes compartirá con Bornoroni, en el tradicional locro juecista por el Día del Trabajador.