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Política

Oficialismo. Quiénes la integran y cómo funciona la mesa política libertaria que lidera Karina Milei

El presidente Milei cede a la rosca para garantizar la agenda legislativa que le facilite su posible reelección. Los formados en el partido que fundó Mauricio Macri ganan terreno sobre la tropa libertaria.

09 de julio de 2026, 19:23
Quiénes la integran y cómo funciona la mesa política libertaria que lidera Karina Milei
Karina Milei encabezó la reunión de la mesa política libertaria, en la cual Diego Santilli debutó como nuevo jefe de Gabinete. (Presidencia de la Nación)

Javier Milei no está en la mesa política de su gobierno. Aunque el Presidente sigue siendo el vértice del poder, la imagen de la “nueva” composición busca transmitir otra cosa: que el Gobierno dejó atrás el vértigo que le imprimió la crisis de Manuel Adorni, sitiado por las sospechas de corrupción, y empieza a institucionalizar una conducción política atada a la “rosca” tradicional, al “toma y daca” con los caudillos provinciales, a las negociaciones con “la casta” judicial y a la comunicación tradicional.

La nueva mesa política también deja al descubierto cómo los dirigentes formados en el PRO se están quedando con el poder real del Gobierno. La mesa luce ordenada, el poder no tanto. Debajo de esa postal conviven dos formas distintas de entender cómo debe construirse el mileísmo.

“El Jefe”

Karina Milei –“el jefe”, como la llama el Presidente– lidera con la naturalidad de quien no necesita explicar su autoridad. Controla el partido, define los armados provinciales, interviene en las candidaturas y decide quién entra y quién sale del universo libertario. En la práctica, se convirtió en la administradora del poder político libertario. Sus principales sostenes son los primos Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, y el subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo “Lule” Menem.

Al frente de ella en la foto, pero en ángulo cruzado, aparece Santiago Caputo. No tiene ministerio, no firma decretos ni conduce formalmente un organismo. Sin embargo, sigue siendo uno de los hombres más influyentes del Gobierno:piensa la estrategia, interpreta las encuestas, diseña la comunicación y, sobre todo, traduce el instinto político de Milei en decisiones concretas.

La tensión con Karina nunca desapareció, pero la foto muestra esa tregua entre ambos bandos.

En ese delicado equilibrio, aparece el verdadero protagonista de la nueva etapa: Diego Santilli, el hábil operador político forjado en el PJ porteño y cuyo empoderamiento representa el abordaje del PRO al barco libertario. De los ocho que posaron en la mesa política, la mitad llegó al Gobierno desde el partido de Mauricio Macri.

No es poco para un partido derrotado en la última elección presidencial. Al contrario. Sin Bullrich ni Santilli, Milei no podrá suspender las Paso y aprobar las colectoras, leyes clave para diseñar la ingeniería electoral. Sin Caputo (ni Federico Sturzenegger), el círculo rojo quizá pierda la confianza en el programa económico avalado por el FMI.

Santilli, el equilibrista

La llegada de Santilli a la coordinación ministerial también altera el equilibrio interno. Se incorpora un actor con volumen propio en una mesa donde hasta ahora predominaban dirigentes cuya legitimidad provenía de la confianza presidencial.

El nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, le sumó experiencia en la negociación política a la gestión del presidente Javier Milei. (La Voz / Archivo)
El nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, le sumó experiencia en la negociación política a la gestión del presidente Javier Milei. (La Voz / Archivo) (Gentileza.)

Para condicionarlo, Karina sentó como segundo de Santilli a Ignacio Devitt. Su origen político también está en el PRO. Militó en la Juventud PRO y desarrolló buena parte de su carrera durante la gestión de Jorge Macri en Vicente López, donde fue director de Entidades Intermedias y posteriormente concejal. Jorge Macri es el actual jefe de Gobierno porteño.

El recorrido de Devitt también incluye una extensa experiencia en el sector privado. Trabajó durante varios años en Philip Morris. Su desembarco en la Casa Rosada no fue producto del armado político de Karina Milei ni de Santiago Caputo. Llegó de la mano de Manuel Adorni, quien lo nombró cuando asumió la Jefatura de Gabinete, en 2025.

El caso de Patricia Bullrich es distinto. Fue ella la primera en advertir en privado y en público que el fin de Adorni estaba escrito. La desconfianza entre ella y Karina se acrecentó en los últimos tiempos. Su larga trayectoria política la ubica siempre expectante a una candidatura propia, aunque esto signifique una traición. Bullrich tiene un proyecto político y aspirar a suceder a Milei.

También está en la nueva mesa Fabián Fernández, quien asumió en junio como secretario de Comunicación y Prensa de la Nación tras pasar por la gerencia de Prensa de YPF. En la gestión pública comenzó en 2015, durante la intendencia de Néstor Grindetti en Lanús. Con el apoyo de Bullrich, Grindetti fue el candidato a gobernador de BuenosAires por el PRO tras ganarle la interna a Santilli, quien corría con la escudería de Horacio Rodríguez Larreta.

Se espera de Fernández poca “batalla cultural” y más medios tradicionales para llegar al electorado de Macri, a los “ñoños republicanos” que ven más televisión que redes.

Mientras tanto, Luis Caputo (y Sturzenegger) parece jugar otro partido. El ministro de Economía sigue siendo el dueño del poder económico. Ninguna decisión política importante escapa al filtro fiscal de Hacienda.

Sturzenegger, en cambio, ocupa un lugar casi tecnocrático. Es el diseñador de las reformas, el ingeniero de la desregulación y probablemente el funcionario menos involucrado en las disputas internas.

Ambos ministros no tienen intermediarios. Se reportan directamente con el presidente Milei, quien les tienen una confianza a prueba de balas.