
Ni el Mundial tapa la degradación política imperante
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Redacción La Voz
El principal temor electoral del gobernador Martín Llaryora de cara a su búsqueda de la reelección en 2027 comienza a tomar forma.
La unificación de las principales figuras del arco opositor al peronismo cordobés empieza a mostrar señales concretas, luego de meses de diferencias, ninguneos y gestos –muchos de ellos sobreactuados– que alimentaban en el Panal la expectativa de enfrentar un escenario fragmentado, como aspira cualquier oficialismo.
El jueves de la semana pasada, en una panadería del sur de la Capital, el senador Luis Juez y el exdiputado nacional Rodrigo de Loredo volvieron a compartir un mano a mano, como en otros tiempos.

El líder del Frente Cívico y el referente radical coincidieron en buena parte del diagnóstico sobre la situación del peronismo que hoy conduce Llaryora. La conversación estuvo atravesada por las derivaciones políticas y judiciales del femicidio de Agostina Vega, un caso que sigue sacudiendo al Centro Cívico y a la Municipalidad de Córdoba.
En la Legislatura y en el Concejo Deliberante se multiplican los pedidos de informes para poner bajo la lupa las falencias de control de la gestión de Daniel Passerini.

Hasta la semana pasada, el eje estaba puesto en el ingreso de becarios al municipio, como ocurrió con el presunto femicida Claudio Barrelier. El episodio expuso de tal manera al intendente que terminó asumiendo públicamente la responsabilidad política por las fallas de control.
Ahora el foco se trasladó a los negocios vinculados con la noche cordobesa. Wachitas Bar, el local donde trabajaba Soledad Andreani –pareja de Barrelier y dueña del vehículo en el que fue aparentemente transportado el cuerpo de la menor–, se convirtió en una verdadera caja de Pandora. En el oficialismo, por estas horas, la preocupación es máxima.

A poco de asumir, en 2023, Passerini creó el Ente de Fiscalización y Control, con la promesa de ordenar un área históricamente asociada a habilitaciones obtenidas mediante coimas. Wachitas parece demostrar que el organismo no controla. O controla mal, que en los hechos es lo mismo. Si Agostina no hubiera sido asesinada, el local probablemente seguiría funcionando.
Para la oposición, el femicidio terminó funcionando como una "autopsia a cielo abierto" de la "podredumbre del sistema" que administra el peronismo cordobés. Desde el Gobierno, en cambio, varios funcionarios salieron a acusar a Juez y a De Loredo de "caranchear" políticamente y de intentar obtener rédito de la tragedia.
Pero la charla entre Juez y De Loredo no giró únicamente sobre la coyuntura. También hubo espacio para hablar del futuro.
"Nos tenemos afecto y respeto. No pensamos igual, pero tenemos claro que el año que viene estamos obligados a ofrecerles a los cordobeses una alternativa seria para terminar con 28 años de peronismo". Esa fue la síntesis del encuentro.
Al día siguiente, en la casa de Juez, los diputados libertarios Gabriel Bornoroni y Gonzalo Roca volvieron a compartir el tradicional asado con la mesa chica del juecismo, una costumbre que se consolidó tras el triunfo en las elecciones legislativas de 2025. También participaron Walter Nostrala y Daniel Juez, hermano del senador.

Allí se repasó la conversación con De Loredo y apareció otro capítulo de interés: Marcos Juárez, el único gobierno municipal importante que se pondrá en juego este año.
Por ahora no habrá reunión tripartita ni foto de unidad. Pero sí comenzaron a activarse vasos comunicantes entre sectores que hasta hace poco mostraban vínculos tensos. Ese proceso de aproximación, lento pero sostenido, es el que predomina por estas horas.
"Iremos acomodando los melones en el camión", resumen en el espacio opositor.
Incluso asoma una posibilidad, todavía sin confirmar, de avanzar en una primera acción política conjunta.

La idea sería impulsar un planteo público unificado para expresar preocupación por el perfil del futuro juez electoral provincial que reemplazará a Marta Vidal, quien dejará el cargo el próximo 1 de agosto, después de 28 años al frente del fuero.
En una elección que la oposición imagina de "todo o nada", la conducción de la Justicia Electoral adquiere una importancia estratégica.
Hace unas semanas, Llaryora se reunió en la Casa de Córdoba, en Caba, con el ministro del Interior, Diego Santilli. Entre otros temas, "el Colorado" intentó transmitir tranquilidad.
"Nos interesan la provincia de Buenos Aires, la Capital Federal y Santa Fe. Córdoba no es una prioridad", aseguró, palabras más palabras menos, al referirse a los planes de La Libertad Avanza para 2027.
En el peronismo, sin embargo, nadie termina de creer esa afirmación.
Días atrás, cuando De Loredo visitó en Casa Rosada a Eduardo "Lule" Menem, el karinista le transmitió exactamente lo contrario.
La escena de este miércoles también alimentó las dudas que tiene Llaryora. Bornoroni se sentó junto a Santilli y una veintena de intendentes cordobeses, en su mayoría del PRO y vecinalistas. Difícil interpretar esa foto como el inicio de una construcción sin vocación de disputar el poder provincial.

Entre las frases que se atribuyen al ministro, hubo una especialmente contundente: "Queremos gobernar Córdoba en 2027".
¡Qué difícil resulta creerles a los políticos!
A menos de un año de la fecha en que se presume podría ser la votación provincial, la oposición considera que encontró el camino para construir un frente capaz de desafiar a Llaryora. El fantasma de un "todos contra uno", que tanto inquieta al oficialismo, empieza a dejar de ser una hipótesis para convertirse en una posibilidad algo más concreta.