Empezó el Mundial, pero el fútbol no disimula la mezcla de desazón y espanto que genera por estos días la política argentina.
A unos los espanta más la mentira patrimonial sostenida e in crescendo de Manuel Adorni, consentida en todo momento por el Presidente, que vino a instaurar "la moral como política de Estado" y está avalando ante la vista de todos los argentinos los delitos confesos de su jefe de Gabinete.
A otros los espanta todavía más la abrumadora cantidad de conexiones indebidas entre el poder político cordobés, el empleo público y los numerosos satélites del universo judicial que dejó expuestos el alevoso femicidio de Agostina Vega.
La combinación de ambos planos compone en Córdoba un cuadro degradado en extremo, que desde hace semanas no deja de agravarse. Sobre esa degradación, que mantiene al cordobés de a pie al borde de la náusea, la dirigencia política se apresta a iniciar la construcción de 2027: vienen meses complicados para la digestión ciudadana, más allá de las proezas que Lionel Messi logre en el Mundial.
Casi nada cambia
Así como Javier Milei parece ser el único argentino que cree que Adorni no es un corrupto, el gobernador Martín Llaryora también se mantiene en la tesitura de que no es necesario cambiar nada en esa trama político-judicial donde se reiteran una y otra vez los nombres de los mismos abogados y fiscales en las causas comprometedoras para el poder que no son desactivadas en el fuero Anticorrupción, y también las vinculaciones expuestas entre punteros, empleo público, cargos políticos, antros nocturnos, operadores judiciales y expedientes de riesgo.
Sacar por la puerta de atrás al abogado Ricardo Moreno del Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba parece ser lo máximo que el peronismo cordobés está dispuesto a hacer ante la indignación reinante. El intendente Daniel Passerini ni siquiera apeló a la remanida promesa política del concurso y del mérito para el ingreso al municipio. Más sorprende que el exintendente y actual senador Luis Juez ahora valore esas herramientas de transparencia para el acceso al empleo público: siempre es bueno aprender de los errores del pasado.
El presente de la gestión Llaryora se complica en todos los frentes. Si las respuestas institucionales fueron tardías –cuando no inexistentes–, las tradicionales respuestas de gestión con las que el peronismo cordobés vino sorteando crisis políticas durante dos décadas también se dificultan por falta de recursos: la actividad sigue en el freezer en Córdoba y, aunque en mayo hubo un repunte de la coparticipación federal, la restricción de ingresos es creciente.
No sólo hay menos obras. También hay más conflictos: los 850 recursos administrativos con los que magistrados y funcionarios del Poder Judicial –son quienes perciben los salarios más altos de la administración– saturaron las oficinas del Tribunal Superior de Justicia anticipan una ardua batalla en la que el máximo tribunal cordobés será juez y parte.
Todo indica que la mejora que representó para la Caja la suba de aportes a los sueldos más altos –impuesta por la Ley de Equidad Jubilatoria– será morigerada por la Justicia, mientras que los mayores costos que implicaron las subas de las jubilaciones más bajas se mantendrán, cubiertos en parte por la duplicación de los pagos a cuenta de Anses a la Caja.
Mientras tanto, se prolonga el conflicto gremial con los empleados judiciales y se configura un enfrentamiento cada vez más profundo y multicausal de la administración Llaryora con el Poder Judicial: las designaciones recientes no muestran efectividad, pero las pretensiones judiciales tampoco son toleradas en el Panal, donde parece más relevante el vínculo con el Colegio de Abogados que con la cabeza del Poder Judicial. Esa conflictividad es una novedad en el largo reinado del peronismo cordobés.
Novedades que no sorprenden
Hay otras novedades políticas que empiezan a perfilarse con mayor claridad, tanto en el oficialismo provincial como en la oposición.
El exgobernador Juan Schiaretti tuvo su pronunciamiento más fuerte desde que es diputado nacional. Exigió la renuncia de Adorni, asumiendo la representación de los otros cinco diputados del peronismo cordobés y de la senadora Alejandra Vigo. El reclamo coincidió en su contenido y en su temporalidad con el que Mauricio Macri impuso a los legisladores del PRO.
Las conversaciones entre el peronismo cordobés y el macrismo se intensifican. Schiaretti y Macri coordinan acciones legislativas, pero el acercamiento también se sintió en el directorio del Banco de Córdoba, siempre sensible a las necesidades políticas del Centro Cívico. Llaryora incorporó a dos exfuncionarios macristas: Ércole Felippa, empresario cordobés que presidió Fadea durante el gobierno de Macri, asumió la vicepresidencia de Bancor; Hernán Lacunza, exministro de Economía de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires y de Macri en la Nación, es director de la entidad oficial cordobesa.
La relación con el macrismo siempre fue de alta funcionalidad para el peronismo cordobés. Durante el gobierno de Cambiemos, la Provincia tuvo su máximo nivel de ingresos provenientes de la Nación en décadas; pero, además, la buena relación con Macri le facilitó a Schiaretti la diferenciación del kirchnerismo y la sintonía con los cordobeses, que fueron los más amarillos antes de ser los más mileístas. Ahora, la coincidencia con el PRO es para el peronismo cordobés el modo más racional de diferenciarse de Milei, aunque no está claro que tenga algún sentido electoral de cara a 2027: en Córdoba, el partido macrista es casi un recuerdo.
La otra novedad de la semana es que hay señales de convergencia en la oposición cordobesa. Rodrigo de Loredo apeló a "Lule" Menem para vencer las restricciones que Juez imponía a su relación con La Libertad Avanza. No hubo asado, pero hubo café, y todo indica que comienza una construcción que intensificará las críticas a Llaryora y que empezará a mostrarse como alternativa para 2027, cuando Adorni deje de ocupar el centro del gobierno de Milei.
Mientras tanto, unos y otros aguardan que Messi aparezca con su magia en el campo de juego y que la ilusión mundialista se imponga sobre la degradación que exhibe la política. ¿Se le puede pedir tanto?

