Debate. ¿Qué futuro tiene la ciencia en los Estados Unidos y en Argentina?

La censura y el desmantelamiento científico en EE.UU. y de Argentina amenazan el desarrollo investigativo y educativo, y generan incertidumbre sobre el futuro.

19 de junio de 2026 a las 11:43 p. m.
Roberto Rovasio
¿Qué futuro tiene la ciencia en los Estados Unidos y en Argentina?
Intersecciones. Ilustración de Chumbi.

Luego del ataque de Donald Trump a la ciencia estadounidense, la revista científica Nature consultó a miles de investigadores de diversos países. Y aunque es obvio para científicos, vale aclarar que los resultados del sondeo y las trabas a la ciencia en Estados Unidos se reflejan en la Educación, Ciencia y Tecnología (CyT) vernáculas.

Informes de PEN America y American Library Association revelaron la creciente prohibición de libros en bibliotecas y en escuelas públicas estadounidenses. Entre 2021 y 2022, se vetaron más de 2.500 libros; en 2022-2023 superaron los 3.300; en 2023-2024 fueron 10.000, con niveles récord en 2026.

Esta censura en 23 estados predomina en Texas, Florida y Utah, sobre temas LGBTQ+ (39%), raza (44%), sexo o género (57%) y literatura “inapropiada”. Además, 100 proyectos de ley buscan ampliar la idea de “dañino para el niño” y limitar la decisión de bibliotecarios sobre sus colecciones.

El retroceso no es exclusivo de gobiernos republicanos, pero el retorno de Trump lo amplifica, al destrozar el Departamento de Educación.

En enero de 2025, los editores de la citada revista científica habían manifestado al entonces presidente electo la confianza en su apoyo al desarrollo científico del país. Luego de un año, aquel mensaje inspira la sensación esquizoide de risa y llanto.

Incierto futuro anticipado por Leonard Boff: “Lo que hizo Donald Trump pomposamente es una declaración de guerra contra la Tierra y contra la Humanidad”. Desmantelamiento científico, despido de investigadores, cierre de programas en desarrollo, bloqueo de proyectos sobre salud y clausura de fondos para investigación.

El soporte de la ciencia en Estados Unidos no dependerá del proyecto y los investigadores evaluados por pares, sino de la decisión del funcionario que Trump designe al efecto. La ciencia no abarcará enfermedades desatendidas, poblaciones marginadas, estudios sociales y humanísticos, sino que se da prioridad a proyectos que aseguren rentabilidad o aplicación bélica.

En los National Institutes of Health, cayeron más del 90% las solicitudes para financiar proyectos. También se borraron sistemas federales de apoyo e intercambio de científicos extranjeros, lo que golpea más fuerte al sector femenino y a las “minorías”.

Aunque EE.UU. se presenta como ejemplo de democracia y libertad, el Academic Freedom Index de 2026 informó la caída de libertad académica, que lo ubica detrás de Mozambique. Un desplome de autonomía institucional por acciones gubernamentales que aceleraron el retroceso iniciado hace décadas.

Qué opinan los científicos

El mencionado sondeo mostró que los investigadores experimentados (seniors) asocian el impacto científico a la revista donde publican sus trabajos, mientras los investigadores noveles (juniors) prefieren revistas de acceso abierto (sin costo para el autor), elección también dominante en mujeres, así como los trabajos en colaboración.

Los investigadores junior declararon que su tema de trabajo lo determina la institución y que la investigación está totalmente influenciada por los financiadores, opinión no sostenida por investigadores senior. Una mayor autonomía respecto de la institución y sus financiadores es más reconocida por hombres que por mujeres científicas.

Sobre la tendencia de la financiación, el 69% de investigadores norteamericanos opinaron que estaba disminuyendo, contra el 40% de los asiáticos y el 33% de los europeos, con mayor apoyo a ciencias aplicadas (energía limpia, semiconductores, fusión nuclear, inteligencia artificial) que a ciencias básicas, salud, humanidades y ciencias sociales, por los beneficios económicos y políticos de las primeras.

También crece la “fuga de cerebros”. El 75% de científicos junior en Estados Unidos planean emigrar hacia los (escasos) destinos disponibles. Australia, Francia y Canadá cubrieron rápido sus cupos, y la extrema derecha europea antiinmigración y hostil al apoyo científico restringe su presupuesto en miles de millones de euros.

Para el grupo junior, el sistema CyT está más subordinado a obtener subvención y publicar papers que a las ideas originales o al trabajo en colaboración. Aunque no sorprende la “fuga de cerebros”, la desproporción numérica entre numerosos niveles junior precarizados y escasos pero acomodados niveles senior resulta en una lucha por la subsistencia con desigual confrontación de parámetros socialmente dudosos.

El 22% de los científicos junior piensan abandonar la investigación (quizá para pasar a la industria), contra el 9% de los investigadores senior. En Norteamérica y en Europa, el 18% podría dejar la investigación en los próximos años. Hoy los investigadores estadounidenses sufren un revés similar al de sus colegas argentinos.

En el terruño doméstico

Desde la asunción de Javier Milei, la educación se enfocó en la supuesta “libertad educativa”, enseñanza familiar (home schooling), rol secundario del Estado, educación religiosa en escuelas estatales, descentralización de planes de estudio, abandono de la meta de inversión del 6% del producto interno bruto (PIB), financiación con vouchers, bloqueo de la Ley de Financiamiento Universitario, caída del presupuesto educativo del 1,5% al 0,75% del PIB y paralelo desplome de salarios.

Decisiones destinadas a moldear futuros “recursos humanos”, acceder a negocios educativos y difundir ideas empresariales de mercado. La misma trayectoria que la CyT, con caída del financiamiento científico mayor al 40% respecto de 2023, deterioro institucional (Conicet, Inti, Inta, Cnea, Conae, etcétera), supresión de proyectos, anulación de fondos aprobados, freno al sistema de becas y carreras del investigador y personal de apoyo, eliminación de Leyes de Financiamiento Científico y Fondo Nacional de Educación Técnica, ataques a las ciencias sociales y las humanidades.

En el mismo escenario, se bloquea la transferencia de proyectos generadores de divisas como el desarrollo de satélites geoestacionarios y vehículo lanzador, reactores nucleares de investigación y producción de energía, radares, agroindustria, equipamiento médico, producción de vacunas y medicamentos.

Mientras la debacle cae sobre Argentina, 13 millones de hectáreas (5% del territorio nacional) ya pertenecen a capitales o a estados extranjeros. Milei interviene el puerto de Ushuaia, permite aterrizar aviones militares e ingresar tropas estadounidenses a territorio argentino, ofrece milicias contra la Franja de Gaza, cierra la sala de prensa de la Casa de Gobierno, entrevista al siniestro Peter Thiel y viaja a celebrar el Independence Day, todo ello sin autorización del Congreso.

¿Cuál es el futuro?

Las realidades de CyT en Estados Unidos y, mutatis mutandis, en Argentina, no deberían observarse como “mal de muchos, consuelo de tontos”. El presidente Milei pretende parodiar al mandamás del norte global, sin percatarse de que ambos serán reemplazados cuando dejen de ser útiles.

Hoy, en Argentina, los problemas derivados del cientificidio e industricidio se asocian al despotismo en educación, sanidad, jubilados, discapacitados, justicia, periodismo, producción, recursos naturales, diversidad o inclusión. Y su resultado fortalece el mote de “patio trasero” (antiguo sinónimo colonial), que el presidente estadounidense ya no disimula en gritar y que el científico vernáculo debería rechazar a viva voz.

No suele ignorarse que la CyT es una base esencial del desarrollo y bienestar de un país; lo que a veces se olvida es que la investigación científica es un aprendizaje largo y difícil, y su destrucción demanda muchos años para una eventual recuperación.

Si hay futuro para la situación actual, sólo se podrá encontrar en compromisos de mayor involucramiento social, acción colectiva, pensamiento crítico y autocrítico. La sociedad que no se siente servil debe responder con masivas movilizaciones de autodefensa, profundizando esfuerzos orientados a objetivos comunes y postergando divergencias.

El presidente Milei no parece comprender su destino accesorio y descartable, que los verdaderos “dueños del mundo” no dudarán en reemplazar. Pero el país debe comprender que, para superar esta enorme crisis, se necesita la participación de todo el espectro social.

Profesor emérito (UNC) y comunicador científico