Entrevista. Raquel Lía Chan: Si no tenés un potrero en cada barrio, no vas a tener a Messi o a Maradona

Referente de la biotecnología argentina y líder del desarrollo de cultivos resistentes a la sequía, reflexiona sobre el rol crucial del Estado en la investigación básica y los desafíos actuales que enfrenta el sistema científico nacional.

06 de junio de 2026 a las 12:01 a. m.
Raquel Lía Chan: Si no tenés un potrero en cada barrio, no vas a tener a Messi o a Maradona
Raquel Lía Chan, investigadora en el área de Bioquímica y Biotecnología Vegetal.

–Raquel, recientemente ha sido premiada por su trayectoria en biotecnología agrícola. Para quienes no pertenecen al ámbito científico, ¿podría sintetizarnos cuál ha sido el aporte fundamental de sus años de investigación?

–Primero, es importante aclarar que este es un premio a la trayectoria y no a un aporte único. Aunque el premio sea individual, represento a un equipo de trabajo que ha ido variando a lo largo de los años bajo mi liderazgo. En términos simples, mi grupo se dedica a tratar de entender por qué algunas especies vegetales toleran mejor factores ambientales adversos, como la falta o exceso de agua, temperaturas extremas o suelos arcillosos, mientras otras sucumben rápidamente. A través de este estudio fundamental, descubrimos genes importantes en especies tolerantes y los trasladamos a especies de interés agrícola que no lo son, o lo son en menor medida. Esto ha generado tecnologías de mejoramiento frente al estrés hídrico y térmico que ya están llegando al mercado.

Raquel Lía Chan, investigadora en el área de Bioquímica y Biotecnología Vegetal.
Raquel Lía Chan, investigadora en el área de Bioquímica y Biotecnología Vegetal. (Gentileza La Nación)

–Muchas veces se asocia su trabajo inicialmente con el girasol. ¿Cómo fue ese proceso de transferencia de tecnología a otros cultivos?

–Hay una confusión común: el girasol no fue el objetivo de la mejora, sino la fuente. El girasol es, de por sí, más tolerante que otras plantas. Nosotros extrajimos ese gen del girasol y lo incorporamos al trigo, a la soja y al maíz. Esto los convierte en cultivos más resistentes, lo que genera una mayor competitividad y rinde en el mundo productivo. Sin embargo, no me gusta "vender humo": esto no es magia, es ciencia. Es una mejora que todavía puede optimizarse mucho más; aunque ya se han demostrado mayores rindes en lugares con poca precipitación, estamos lejos de haber llegado al óptimo de producción potencial.

–Para alcanzar estos resultados que hoy vemos aplicados en el campo, hubo décadas de investigación. ¿Qué tan importante fue el papel del Estado en este camino?

–El adjetivo correcto es "imprescindible". Nadie hubiese llegado a estos resultados sin ciencia pública. Cuando iniciamos hace 20 años, nos hacíamos preguntas de ciencia básica sobre por qué el girasol era más tolerante. En esa etapa, en la que no sabés si vas a llegar a un desarrollo tecnológico, ninguna empresa privada invierte. Se requiere de una gran masa crítica de ciencia para que algunos proyectos se conviertan eventualmente en tecnología. Yo uso una analogía que la gente entiende bien: si no tenés un potrero en cada barrio, no vas a tener a Messi o a Maradona. Necesitás un montón de base para que algunos lleguemos. La inversión del Estado ha sido fundamental, sin desmerecer luego la inversión privada para el escalado y la llegada al mercado, que también fue invaluable. El modelo de asociación público-privada es virtuoso.

–¿En qué etapa se encuentran sus investigaciones actuales y qué objetivos se plantean a futuro?

–Tenemos proyectos en curso que no vamos a abandonar, aunque actualmente estamos "remando en dulce de leche" debido a problemas financieros y de recursos humanos. Nuestra meta sigue siendo desarrollar tecnología para producir más frente a factores ambientales adversos combinados, como el calor extremo junto con la falta de agua. Hemos desarrollado tecnologías superadoras que esperamos lleguen pronto al mercado. El objetivo es claro: producir más en la misma frontera agropecuaria. La tierra es limitada y la población sigue creciendo y queriendo comer, por eso debemos aumentar la productividad en el mismo terreno.

–Usted mencionaba que están perdiendo gente en los equipos. ¿A qué atribuye esta fuga de científicos en este momento particular?

–Es una combinación de factores. Por un lado, está el tema presupuestario, los sueldos y becas bajas, algo que en Argentina ya hemos vivido muchas veces. Pero ahora se suma algo inédito y lamentable: una campaña de desprestigio en redes sociales. Se dice que los científicos no hacen nada que sirva, y para los jóvenes esto deja de ser una carrera atractiva. La ciencia requiere mucho tiempo y trabajo, no es algo inmediato. Esta pérdida de gente es mucho más grave que en otros momentos de crisis porque se ataca la imagen pública del científico.

–¿Cree que los tomadores de decisiones no ven el beneficio económico y estratégico que la ciencia aporta a un país que depende tanto de la agricultura?

Raquel Lía Chan, científica e investigadora en el área de Bioquímica y Biotecnología Vegetal.
Raquel Lía Chan, científica e investigadora en el área de Bioquímica y Biotecnología Vegetal. (IAI)

–No estoy segura de que no lo vean; creo que es una filosofía de gobierno que no incluye el desarrollo nacional en su programa. Existe el convencimiento de que todo debe ser financiado por el privado. Sin embargo, incluso en los países más desarrollados, el Estado invierte muchísimo en ciencia. Países como Israel, Corea del Sur o Noruega invierten cerca del 5% de su PIB, mientras que nosotros estamos en el 0,15%. Si no conseguimos financiamiento privado, parece que el mandato es "ajustarse", sin entender que la ciencia básica es el cimiento de todo.

–Hay quienes cuestionan la utilidad de investigaciones que parecen no tener una aplicación directa inmediata. ¿Qué les diría?

–Estoy convencida de que no hay ciencia inútil, solo puede haber ciencia mala si no hay criterios de excelencia. La mayoría de las tecnologías actuales se basan en ciencia básica hecha hace 50 años que, en su momento, pudo parecer inútil. Por ejemplo, quien descubrió el litio no pensaba en baterías de celulares. O cuando Alexander Fleming estudiaba cómo crecía un hongo y descubrió la penicilina, no soñaba con que eso acabaría con enfermedades que mataban a muchísima gente. Antes de los antibióticos, el 30% o el 40% de las mujeres morían en las cesáreas. Alguien pudo preguntar en ese entonces: "¿Para qué pierden el tiempo mirando bacterias?". Sin esa ciencia básica, no existirían las aplicaciones que hoy salvan vidas y mueven la economía.

–Finalmente, ¿cuál es el mensaje que deja este reconocimiento para la biotecnología argentina?

–Es un empujón, pero hay mucho trabajo por hacer. La biotecnología es una de las disciplinas más estratégicas mirando hacia adelante. Es fundamental cuidar y potenciar lo que tenemos para que Argentina pueda seguir incrementando su productividad y sus exportaciones en un mundo que demanda alimentos de forma constante.

Figura clave en la biotecnología nacional

Raquel Lía Chan es una destacada bioquímica argentina, investigadora superior del Conicet y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL). Lideró el equipo que desarrolló la tecnología HB4, que otorga tolerancia a la sequía a cultivos como el trigo y la soja mediante la transferencia de genes del girasol. Su trabajo, que vincula la ciencia básica con aplicaciones productivas de alto impacto económico, la ha consolidado como una figura clave en la soberanía tecnológica y en el desarrollo agroindustrial de Argentina.