Debate. La elección en la Universidad Nacional de Córdoba y la paradoja de la fortaleza cordobesa

La comunidad universitaria nos plantea una pregunta sencilla: ¿puede una provincia seguir siendo fuerte mientras se debilitan las instituciones que producen conocimiento, innovación y oportunidades?

12 de junio de 2026 a las 11:45 p. m.
Nacira Muñoz
La elección en la Universidad Nacional de Córdoba y la paradoja de la fortaleza cordobesa
Elecciones en la UNC Foto: Pedro Castillo / La Voz

Las elecciones en la Universidad Nacional de Córdoba del pasado 20 y 21 de mayo probablemente sean recordadas como mucho más que una elección universitaria. Quizá, con el paso del tiempo, aparezcan como uno de esos momentos en los que una sociedad comienza a decir algo importante sobre sí misma.

Tanto el proceso como los resultados permitieron visibilizar una discusión profunda sobre el presente y el futuro de Córdoba.

Durante la última década, se volvió frecuente describir a Córdoba como una provincia que acompaña proyectos nacionales asociados al ajuste, la reducción del Estado y la crítica a las instituciones públicas. De hecho, las y los cordobeses, por el peso electoral de nuestra provincia, solemos ser observados con atención por el papel que hemos tenido en la construcción de mayorías nacionales.

Sin embargo, la elección de la UNC mostró una realidad bastante más compleja. Miles de estudiantes, docentes, no docentes, graduados e investigadores protagonizaron una participación histórica en uno de los contextos más difíciles que haya atravesado el sistema universitario argentino desde el retorno de la democracia.

La pregunta emergente

En este escenario, el proceso democrático universitario de elecciones, junto a una amplia comunidad universitaria comprometida con la defensa de la educación pública, la ciencia, el conocimiento y el desarrollo, logró construir una expresión política y cultural de enorme relevancia.

Más allá del resultado electoral, lo que emergió fue algo mucho más importante. Emergió una pregunta que no interpela sólo a la UNC, sino a toda la sociedad cordobesa. ¿Cómo puede una provincia que construyó buena parte de su fortaleza gracias a la educación, la ciencia, la tecnología y la producción acompañar, al mismo tiempo, proyectos nacionales que debilitan esas capacidades?

Esta es quizá la gran paradoja cordobesa.

Córdoba construyó una identidad política legítima y poderosa, asociada al trabajo, al esfuerzo, a la producción, a la innovación y a la autonomía; esa característica emergente que algunos llaman “cordobesismo”.

Más allá de cómo nos definamos o nos definan, esa identidad permitió consolidar a Córdoba como una de las provincias más dinámicas de la Argentina. Sin embargo, esa misma fortaleza parece haber generado en nosotros una dificultad para reconocer algo esencial: ninguna de las capacidades que hicieron fuerte a Córdoba fueron construidas en soledad.

La agroindustria estuvo acompañada durante décadas de trabajo conjunto entre productores, cooperativas, empresas, universidades, Inta, escuelas técnicas, organismos científicos y políticas públicas.

La industria cordobesa fue producto de la fuerte iniciativa privada, pero con infraestructura, formación profesional, investigación, financiamiento y capacidades estatales como el Inti, la Conae, etcétera, acumulados durante generaciones.

La propia identidad productiva de Córdoba está profundamente vinculada con el conocimiento. Y es precisamente por eso que la elección de la UNC adquiere un significado que trasciende los límites de la universidad y nos habilita un camino de reflexión compartida como sociedad.

La elección mostró que una parte importante de Córdoba comienza a preguntarse si no estamos confundiendo autonomía con autosuficiencia, eficiencia con desmantelamiento y crítica al Estado con destrucción de capacidades estratégicas.

Durante décadas construimos una cultura política basada en una idea poderosa: defender los intereses de la provincia. Esa búsqueda de autonomía fue legítima, sigue siendo necesaria y forma parte de nuestro ser colectivo, pero quizá haya llegado el momento de ampliar esa mirada.

Ampliarla implica comprender que defender Córdoba no consiste sólo en negociar recursos o reclamar obras. También significa proteger aquello que hizo posible su desarrollo: las universidades que forman a sus profesionales, la ciencia que sostiene la innovación productiva, las instituciones tecnológicas que acompañan al agro y a la industria, y las capacidades que permiten imaginar un futuro mejor para las próximas generaciones.

Situación inédita

Hoy Córdoba enfrenta una situación inédita. Las universidades nacionales atraviesan el mayor ajuste presupuestario desde la recuperación democrática. El sistema científico y tecnológico nacional transita el ajuste más destructivo en la historia de nuestro país.

Instituciones estratégicas para el desarrollo provincial como Senasa, Inta, Inti, Conicet, Cnea, Conae y el Servicio Meteorológico ven deterioradas capacidades construidas durante décadas. Todas instituciones que ayudan a producir mejores alimentos, desarrollar nuevas tecnologías, formar profesionales, generar empleo calificado y sostener la competitividad de nuestra economía.

La comunidad universitaria nos plantea una pregunta sencilla: ¿puede una provincia seguir siendo fuerte mientras se debilitan las instituciones que producen conocimiento, innovación y oportunidades? La respuesta parece evidente: no. Porque la verdadera riqueza de Córdoba nunca estuvo únicamente en sus recursos naturales ni en su capacidad productiva. Estuvo, sobre todo, en las capacidades colectivas que supo construir.

La elección de la UNC quizá haya puesto en palabras algo que todavía no termina de expresarse plenamente en la política provincial: que Córdoba necesita volver a discutir no sólo quién la representa, sino también hacia dónde quiere ir.

La verdadera discusión es si todavía queremos una sociedad capaz de producir conocimiento, trabajo, innovación y desarrollo para las próximas generaciones. La historia de Córdoba demuestra que el desarrollo nunca fue obra de un único actor y fue siempre una construcción colectiva.

La elección de la UNC quizá nos haya dejado una enseñanza que trasciende a la propia universidad. Nos recordó que el futuro no se hereda, sino que se construye. Se construye cuando una sociedad decide cuidar sus escuelas, sus universidades, sus científicos, sus productores, sus trabajadores, sus empresas y sus instituciones. Se construye cuando comprende que el desarrollo no surge de soluciones mágicas ni de respuestas simples, sino de la acumulación paciente de capacidades a lo largo del tiempo.

Córdoba llegó hasta aquí porque durante generaciones hubo quienes enseñaron, investigaron, produjeron, innovaron, cooperaron y pensaron más allá de sí mismos. Tal vez el desafío de nuestra generación sea estar a la altura de esa herencia. La pregunta decisiva no es solo qué provincia queremos habitar hoy, sino también qué capacidades estaremos dispuestos a legar a quienes habiten Córdoba dentro de 20 o 30 años.

En definitiva, la verdadera autonomía no consiste en caminar solos. Consiste en tener la inteligencia colectiva para reconocer aquello que nos hizo fuertes, el coraje para defenderlo y la responsabilidad de ampliarlo para las generaciones que vendrán.

Profesora asistente en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (UNC); exvicepresidenta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta)