Entrevista. Jaime Durán Barba: “El mundo se volvió líquido”

El consultor y politólogo analizó en La Voz en Vivo la crisis de la democracia representativa, el impacto de la inteligencia artificial y el cambio radical de un electorado sometido al caos del "scroll" infinito.

20 de junio de 2026 a las 12:01 a. m.
Jaime Durán Barba: “El mundo se volvió líquido”
Jaime Durán Barba.

–A falta de un año para las elecciones, ¿es posible predecir si el escenario político actual en Argentina garantiza una reelección?

–Decir que un presidente va a reelegir con toda seguridad es, como mínimo, imprudente. Ni en Argentina ni en el resto de América latina se pueden hacer predicciones con tanta antelación; a veces, ni siquiera un mes antes es suficiente. Hemos visto casos recientes en Colombia y Bolivia donde los resultados fueron totalmente impredecibles hasta el último momento. Esto sucede porque, como analizo en mi próximo libro, la mente de la gente ha cambiado. Vivimos en lo que algunos filósofos llaman un "mundo líquido" donde todo es fugaz. En las últimas elecciones bolivianas, un día antes de votar, el 49% de los ciudadanos se declaraba indeciso; ante ese nivel de volatilidad, cualquier predicción carece de sentido. En la provincia de Buenos Aires hemos detectado niveles similares de indecisión, de hasta un 37%, apenas horas antes de la votación.

–¿Sigue siendo la economía el factor determinante para el votante, o ese concepto también ha entrado en crisis?

–La idea de que la macroeconomía determina las elecciones es una manía argentina con poco fundamento en la realidad global. Presidentes como Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil, que tenían buenos indicadores económicos y sistemas de reelección sencillos, perdieron sus contiendas. Lo que influye es la economía del "metro cuadrado", pero incluso eso hoy también tambalea ante una crisis mucho más profunda: una crisis de nuestra propia mente. Nuestra forma de procesar la realidad se alteró. Ninguna institución, desde la familia hasta la política, funciona como hace 10 años. Las jerarquías se han horizontalizado; hoy un nieto trata a su abuelo como a un compañero de colegio, y lo mismo ocurre entre alumnos y profesores o feligreses y curas. El orden lógico que impuso la Ilustración ha desaparecido.

Del libro al "scroll"

–¿A qué se refiere cuando dice que nuestra mente se ha "podrido" o desordenado?

–Es un término que usan algunos expertos en psicología e inteligencia artificial para describir el paso de una mente ordenada por el libro a una mente fragmentada por el celular. El libro tiene un principio, un fin, capítulos y una lógica secuencial que nos ordenó la mente durante siglos. Ahora, eso ha sido reemplazado por el scroll. Uno se levanta y, a los pocos minutos, empieza a escrolear: ve un perro persiguiendo a una rata, un discurso político, un chino vendiendo papas fritas. Es un caos infinito que no tiene un tema central. Personajes como Trump son el ejemplo de esta "mente escroleada"; él mismo admite no haber leído un libro en su vida y salta de un tema a otro, desde invadir un país hasta ponerse a bailar, sin solución de continuidad. En este nuevo escenario, la lucha política es por la atención. Si no logras captar el interés de alguien en los primeros 15 segundos, estás fuera.

Jaime Durán Barba.
Jaime Durán Barba. (Archivo)

–¿Cómo afecta esta dinámica de los "15 segundos" a la comunicación política tradicional?

–La hace obsoleta. Si un político empieza un discurso presentándose de manera formal, ya perdió al elector. Las palabras han perdido fuerza frente a las imágenes rimbombantes o despampananantes. Por eso vemos a figuras como Milei cantando y lanzando su campera; eso logra que el dedo del usuario se detenga en la pantalla. El mensaje político actual debe ser visual y disruptivo, porque la gente ya no lee programas de gobierno. Me ha pasado con presidentes amigos que se sorprenden de las críticas a sus propuestas y, al revisar, resulta que esas tesis estaban en sus propios programas, pero ni ellos mismos los habían leído. En un mundo donde el conocimiento total de la humanidad se duplica cada 12 minutos, los textos largos simplemente no existen para el electorado.

–Usted menciona que las ideologías murieron en 1990. ¿Cómo explica entonces la vigencia de figuras que parecen rescatar banderas del pasado?

–Las ideologías, tal como las conocimos en el "siglo corto" que describe Eric Hobsbawm, terminaron con la caída del muro de Berlín. Yo mismo fui un dirigente estudiantil de izquierda en los años 1970, creía en la economía planificada, pero ese mundo se derrumbó. Hoy, incluso países como China son profundamente pragmáticos. China ya no exporta marxismo, exporta ciencia y tecnología; el 60% de su PIB lo producen empresas privadas. Tienen una liturgia marxista pero una estructura capitalista y un pragmatismo brutal. En este contexto, la coherencia ideológica ya no es un valor premiado por el votante. Por eso vemos dirigentes que saltan de una formación política a otra sin que su imagen se deteriore; la gente valora más el proyecto personal o la autenticidad del momento que una trayectoria partidaria lineal.

El fin del proletariado y la renta universal

–¿Qué lugar ocupa la clase trabajadora en esta revolución tecnológica que usted describe?

–Estamos ante la extinción del proletariado tal como lo concebimos. La inteligencia artificial y la robótica van a reemplazar el 30% de los empleos en Latinoamérica en apenas un par de años. Políticos que aún hablan de sindicalizar trabajadores de delivery no están entendiendo el mundo contemporáneo. No es que la gente vaya a desaparecer, pero las ocupaciones repetitivas sí lo harán. Por ejemplo, más de la mitad de los abogados perderán su empleo pronto porque la inteligencia artificial redacta escritos básicos mejor y más rápido que un humano. Esto no significa necesariamente una tragedia; las revoluciones anteriores, como la industrial, eliminaron oficios artesanales pero crearon mucha más riqueza y nuevos empleos de mayor calidad en el sector servicios.

–¿Cómo sobrevivirá la sociedad si el trabajo humano deja de ser el motor principal de la economía?

–Es probable que nos dirijamos hacia una renta universal gratuita para todos los seres humanos. La cantidad de riqueza que se va a producir con la cuarta revolución industrial es inconmensurable. El desafío será competir en aquello que los robots no pueden hacer: lo que requiere sentimientos, cuidado humano y habilidades emocionales. El cuidado de niños y ancianos, por ejemplo, requiere una conexión que la tecnología no posee. Además, ya estamos viviendo una democratización del acceso a bienes que antes eran carísimos o imposibles de alcanzar. Hoy, cualquier ciudadano tiene acceso gratuito a toda la música del mundo, a libros y visitas virtuales a museos que hace 20 años requerían una fortuna. Todo es volátil y líquido, incluso nuestra relación con la propiedad y el consumo.

–¿Su próximo libro busca ser un manual para entender este nuevo paradigma?

–Es un estudio sobre cómo hacer política en la era de la inteligencia artificial, integrando lo más avanzado de la psicología y la informática. Es un intento de explicar este viaje desde la fogata original hasta los algoritmos actuales, analizando por qué nuestra mente ya no es la misma y cómo debemos aprender a hablarle a este electorado del scroll infinito.

Un intelectual de las campañas políticas

Nacido en 1947, Jaime Durán Barba es un consultor ecuatoriano, especialista en campañas políticas. Fue uno de los diseñadores de la campaña que llevó a Mauricio Macri a la presidencia en 2015. Es un autor de varios libros, como El arte de ganar, La nueva sociedad, La política en el siglo XXI, entre otros, varios de ellos escritos en colaboración con Santiago Nieto.