Política nacional. ¿Hacia dónde nos lleva Milei?

El Gobierno nacional parece decidido a encaminar el país hacia una economía dual, con fuertes exportaciones primarias pero con una industria débil y una economía doméstica pobre, de bajos salarios y de reducido nivel de actividad.

20 de junio de 2026 a las 12:01 a. m.
¿Hacia dónde nos lleva Milei?
Javier Milei.

Siempre decimos que es preciso conocer la historia para no reincidir en el error. Lo aseguraba Alonso Quijano varios siglos atrás: "La verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir".

De todos modos, sería prudente tomar en cuenta las advertencias de Jorge Luis Borges: “El futuro es incierto, pero el pasado es completamente impredecible”. También describía a los historiadores como especialistas en adivinar el pasado.

El economista norteamericano John Kenneth Galbraith señalaba que la gente no tiene memoria financiera, ya que sus decisiones individuales no suelen tener en cuenta los hechos del pasado.

Incluso el propio Karl Marx corregía a Georg Hegel, quien había puntualizado que la historia nos presenta las mismas situaciones dos veces. El barbado pensador de Tréveris estaba de acuerdo, pero añadía que la primera vez se nos presenta como tragedia (o sea, en serio) y la segunda como comedia (o sea, de un modo caricaturesco).

Es que las circunstancias van cambiando y los hechos que parecen iguales ya no lo son. Y esto limita severamente el aprendizaje que podemos adquirir de la historia. En tal sentido, cada situación es inédita y nos reclama ser repensada y no recostarnos confortablemente sobre las conclusiones que puedan ofrecernos las experiencias previas.

Dólar barato

Por ejemplo, muchas veces se ha utilizado el retraso cambiario como uno de los elementos más sólidos para librar el combate contra la inflación. Así lo hizo José Gelbard a comienzos de los años 1970, luego también José Martínez de Hoz, e incluso la convertibilidad de Carlos Menem-Domingo Cavallo, durante los 1990, pues partió con un peso (austral, en rigor) sobrevaluado.

Los tres casos terminaron en grandes devaluaciones: primero, con Celestino Rodrigo, luego con Lorenzo Sigaut y finalmente con Jorge Remes Lenicov. Entonces ahora nos preguntamos por qué no habría de ocurrir algo similar con el actual retraso cambiario impulsado por Javier Milei y su equipo.

Pero ocurre que esta vez abundan los dólares. La razón principal consiste en que a nuestras exportaciones tradicionales, de origen agropecuario, ahora estamos sumando cifras importantes provenientes de los hidrocarburos.

Esta abundancia de dólares –con proyección creciente– es muy favorable para el país, pero la economía que se deriva de ahí requiere cuidadosos criterios en su administración.

Puede vislumbrarse un futuro de altas exportaciones, principalmente primarias (agro, petróleo, gas, minería), reforzadas por otras de modesto valor agregado (las llamadas MOA, manufacturas de origen agropecuario). Se prevén fuertes inversiones en esos sectores que, además de sus altas ventajas comparativas, cuentan insólitamente con el apoyo de fondos públicos, a través del Rigi y el súper Rigi.

Curioso modo de entender el liberalismo es este de dar apoyo económico a actividades que no necesitan estímulo y castigar o mostrar indiferencia a las industrias que, por las transformaciones económicas en curso, demandan ayuda para su adaptación a las nuevas circunstancias.

Enfermedad holandesa

El Gobierno parece decidido a encaminar el país hacia una economía dual, con fuertes exportaciones primarias pero con una industria débil y una economía doméstica pobre, de bajos salarios y de reducido nivel de actividad.

La alta disponibilidad de divisas (u oro, en otros tiempos) no asegura prosperidad interna. Al revés: en ocasiones opera en contra del propio desarrollo local. ¿Para qué fabricar si podemos importar todo?

Eso le ocurrió a España con el oro de las Indias: de ser uno de los países con mayor producción artesanal de Europa, pasó a comprar todo en Holanda, Francia e Inglaterra, con la consecuente destrucción de sus actividades productivas.

Similar es el caso de la llamada “enfermedad holandesa”, que ha sido enfrentada de un modo más inteligente. Cuando en los años 1960 Países Bajos comenzó a exportar gas y en la década siguiente petróleo de sus yacimientos vecinos al Mar del Norte, entendió rápidamente que la abundancia de divisas revaluaría la moneda local, afectaría las exportaciones industriales y terminaría perjudicando a la industria y a la economía en su conjunto, por lo que decidió sustraer esos recursos a la circulación doméstica, destinándolos a fondos de diversos usos.

¿Retorno populista?

Para el caso de la Argentina, una economía con tres o cuatro enclaves exportadores ricos y emprendimientos locales pobres excluye y perjudica a la mayoría de la población. En consecuencia, carece de consistencia política, porque es difícil que un camino como este cuente con el respaldo electoral necesario para asegurar su continuidad en el tiempo.

Y entonces el resultado podría ser muy grave: el retorno del populismo, que esta vez encontrará abundantes recursos para hacer su trabajo distribucionista por largos años, hasta que de nuevo se agoten los recursos y hayamos despilfarrado otra vez una oportunidad magnífica.

Sabemos que el populismo necesita, para nacer y desarrollarse, el suelo fértil que ofrece la abundancia. Así ocurrió con Perón y los saldos de guerra, y luego con los Kirchner y los precios de las exportaciones agropecuarias.

Otra vez se nos presenta una oportunidad similar a las anteriores. El Gobierno sólo presta atención a las inversiones en esos sectores privilegiados, a los que además les perdona impuestos. Debería tomar nota de que los aplausos en las conferencias internacionales no aportan obligatoriamente los votos necesarios para una potencial reelección.

Si no se complementa con mejores ingresos, mayor nivel de empleo y crecimiento de la producción doméstica, la abundancia de dólares puede abrir el paso a un retorno populista.

Analista político