Ciudad de Córdoba. Transporte urbano: una crisis recurrente que no admite más parches
La Municipalidad de Córdoba enfrenta una nueva encrucijada para definir quién prestará el servicio desde abril. Tensiones empresariales, limitaciones operativas y factores gremiales exponen la fragilidad de un sistema que debe cambiar para ofrecer respuestas confiables de movilidad urbana.
El sistema de transporte urbano de la ciudad de Córdoba vuelve a transitar una zona de riesgo. La Municipalidad debió activar un operativo de contingencia para sostener el servicio en los corredores 2, 5 y 7, tras una denuncia de sabotaje que dejó fuera de circulación a gran parte de la flota de la empresa FAM.
Esta crisis se enmarca en las dudas sobre la continuidad de esa empresa, ya que no está claro quién y cómo prestará ese servicio desde el 1° de abril.
La Municipalidad se encuentra ante una definición compleja. Los contratos precarios que impulsó por un año buscaban estabilizar el esquema hasta 2027. Pero el interrogante sobre la capacidad real de FAM para sostener el servicio, el posible desembarco del Grupo Dota y la aparición de otros interesados, como Movix o SolBus MR, configuran un escenario de alta incertidumbre.
La salida de Ersa en marzo de 2024 dejó una herida todavía fresca. En aquel momento, la Municipalidad debió expandir de urgencia la por entonces Tamse y sostener durante meses un servicio frágil, con coches alquilados y una flota deteriorada.
El Palacio 6 de Julio no quiere repetir un colapso operativo que derive en menos colectivos en la calle, mayores tiempos de espera, y una crisis social que se exprese de inmediato en las paradas y en las redes sociales.
Entre las alternativas, se evalúa la posibilidad de repartir los corredores entre distintas empresas si FAM no logra sostener el paquete completo. Otra hipótesis contempla el ingreso de Dota con mayor peso operativo.
A ese cuadro se suman factores gremiales. La discusión paritaria de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y la necesidad de reubicar choferes ante eventuales cambios introducen una variable de presión adicional.
Pero los obstáculos empresariales, contractuales o sindicales no pueden ser usados para ocultar un problema que la ciudad arrastra desde hace décadas. Los cordobeses padecen un sistema de transporte urbano defectuoso, que rara vez cumple con los estándares de una metrópoli de su tamaño.
Coches en mal estado, frecuencias irregulares, unidades que circulan repletas en horas pico, son parte de una escena que se repite desde hace años y que alimenta una creciente desconfianza hacia el sistema.
Esto, a su vez, agrava la crisis: muchos ciudadanos dejaron de usar el transporte público. El abandono del servicio reduce la cantidad de pasajeros y debilita la ecuación económica del sistema, lo que a su vez dificulta inversiones y mejoras. Al mismo tiempo, más autos particulares ingresan a las calles, con el consecuente aumento del caos de tránsito.
Córdoba parece atrapada en ese círculo vicioso. A esta altura, resulta inadmisible que una ciudad de más de un millón de habitantes no logre diseñar un esquema de transporte eficiente, previsible y capaz de ofrecer certidumbre a quienes dependen de él para trabajar, estudiar o realizar actividades cotidianas.
La Municipalidad tiene ahora la oportunidad de tomar decisiones que apunten a resolver ese problema estructural. El sistema no admite más parches ni soluciones de emergencia.
Córdoba no puede permitirse otra crisis del transporte.



