
Industria y construcción volvieron a caer en abril
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Redacción La Voz
Cada vez que le preguntan sobre la evolución del nivel de actividad, el economista Juan Carlos de Pablo repite lo mismo: “No mires la serie interanual o la desestacionalizada. Lo que importa es la tendencia-ciclo. Esa es la que vale”.
Lo mismo dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, durante el IAE Summit –organizado por la escuela de negocios de la Universidad Austral–, para salir al cruce de las interpretaciones pesimistas sobre los datos de abril de la industria y de la construcción.
¿Qué es la tendencia-ciclo? Es un indicador estadístico que no contempla las variaciones estacionales o los impactos extraordinarios (irregulares), para construir una línea de comportamiento estructural que refleje de mejor manera lo que pasa en la producción en general o en un determinado sector.
En promedio, la industria manufacturera cayó 2,1% intermensual y 2,8% interanual en abril. Hacia adentro, hay un mosaico de situaciones. El contraste más fuerte se da entre fábricas textiles y de calzado, que siguen muy complicadas, mientras que los hidrocarburos crecen a doble dígito.

La tendencia-ciclo, en cambio, refleja un alza mínima de 0,1% frente a marzo, con lo que encadena cinco meses positivos después de casi un año completo con caídas consecutivas. Es una buena noticia.
Pero lo que no contó Caputo es que abril tuvo la evolución más débil en lo que va del año. Incluso, hasta podría interpretarse que la tendencia-ciclo muestra una desaceleración. En el caso de la construcción, pasa algo bastante parecido. Ese indicador refleja un aumento intermensual de 0,3%, el menor desde que empezó 2026.
“En el corto plazo, no veo señales”, señaló a La Voz en Vivo el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, al ser consultado sobre si veía o no elementos para un punto de quiebre.
Sólo para mantener la infraestructura actual y evitar su deterioro, la Argentina necesita una inversión anual de U$S 25 mil millones. “Estamos lejísimos de eso, no sólo hoy sino en las últimas décadas”, apuntó Weiss.
La magnitud de esa cifra conviene mirarla a la luz de lo que aportan los principales complejos exportadores sobre los que hoy se asienta la incipiente fase de recuperación: equivale casi a todas las divisas que ingresan por el agro o a lo que en poco tiempo entregarán los ductos que salen de Vaca Muerta.

En el caso de los precios, el equivalente a la tendencia-ciclo sería la inflación núcleo, que expresa la evolución de los valores minoristas sin tener en cuenta los factores estacionales y la incidencia de los sectores regulados.
A nivel nacional, ese indicador bajó en mayo a 1,9% (en Córdoba fue 1,7%), algo que no pasaba hacía ocho meses. Otra buena noticia.
Pero también está la inflación subyacente, que es la que prefiere mirar, por ejemplo, el economista Martín Rapetti, quien la identifica como la velocidad crucero que tiene la suba de precios detraída de factores volátiles, como los de la carne vacuna, los de frutas y verduras o los de la energía.
En mayo, fue 2,3%. “Puede que empiece a verse una desinflación, pero muy lenta”, explicó Rapetti.
En el mismo gradualismo navegan los salarios, el consumo y la evolución del crédito. Por eso la cuestión es si la economía empezará a despegar más allá de los sectores primarios. Y a qué velocidad.
El Gobierno, de manera explícita, asegura ver señales de un quiebre de tendencia y del inicio de una fase expansiva. Los famosos mejores meses.
Pero quienes comparten el optimismo del vaso medio lleno confiesan que ese ciclo todavía tiene varias capas de incertidumbre por despejar, además del ritmo.
De manera simultánea, el riesgo país ingresó en una fase descendente, lo que abre una gran expectativa sobre la posibilidad de despejar los vencimientos de deuda de 2027 con la vuelta definitiva a los mercados internacionales.
Un proceso que, vaya paradoja, convive con otro riesgo país: el de la política interna, que por estas horas orbita alrededor de la inverosímil historia que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, construyó para explicar su inusitado crecimiento patrimonial.
Pero Caputo tiene una hipótesis: dice que “por primera vez, la economía se va a llevar puesta a la política en el año electoral”. Todavía no se sabe si para bien o para mal ni a favor de quién.