La Voz En Vivo. Mario Breuer, el artesano sonoro del mito: El Indio no hablaba de música, hablaba de colores y texturas
Con anécdotas únicas, el ingeniero de sonido detalla la proactiva dinámica creativa de los Redondos y el enfoque artístico del Indio en cada obra musical.
Mario Breuer no es solo un ingeniero de sonido sino también un testigo privilegiado de la historia del rock argentino. Con una trayectoria que abarca colaboraciones con figuras de la talla de Charly García, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro y Soda Stereo, Breuer ha dejado su marca en los discos que definieron generaciones.
En su libro Rec & Roll: Una vida grabando el rock nacional (2017), realiza un exhaustivo relevamiento de sus contribuciones a la música nacional, pero hay un capítulo que brilla con luz propia: su relación profesional y personal con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y muy especialmente con el Indio Solari.
Su entrada al universo "ricotero" no fue inmediata. Hubo un primer intento de trabajar juntos para el disco ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado (1989), pero los compromisos de Breuer con otros artistas le impidieron cumplir con las fechas de la banda. Sin embargo, la promesa de "la próxima" se cumplió con La mosca y la sopa (1991).
Tras la partida de otros ingenieros como Gustavo Gauvry y Roberto Fernández, Breuer se sumó al equipo para quedarse hasta el final del camino de Patricio Rey. El final: el claustrofóbico Momo sampler (2000), donde Solari entrega un brillante ensayo acerca de "la impostura de la impostura" sobre un tratamiento electrorrock de vanguardia.
Por lo expuesto, queda claro que este hombre, acreditado en algunos discos como "The Healer" ("El sanador"), atestiguó mutaciones, propósitos estéticos y obsesiones del artista fallecido el pasado viernes a los 77 años.
Desde su residencia actual en Agua de Oro, Sierras Chicas, Breuer conversó con La Voz en Vivo sobre la "cocina" de esos discos emblemáticos, la particular forma de trabajar del Indio y las tensiones internas de una banda que era, ante todo, un proyecto de proactividad absoluta.
Según sus reconstrucciones, con Los Redondos todo era “diciendo y haciendo”, luego de una breve reunión para analizar proyección de costos.
Colores, texturas y el "matrimonio feliz"
–En tu libro describís al Indio Solari, en situación de estudio, como un pintor. ¿Podrías profundizar en esa faceta de él?
–El Indio era un artista multifacético. Se le cruzaba todo: la poesía con la letra, la música con el dibujo y la fotografía. Cuando trabajábamos juntos, él no me hablaba en términos estrictamente de producción discográfica o musical; me hablaba mucho de la búsqueda de colores y de texturas. Su objetivo siempre era evitar lo normal. Me decía: "No pongamos otra vez el mismo efecto de Chorus o de Flanger", buscaba sonidos que no fueran comunes. Teníamos un gran canal de comunicación porque él hablaba de forma muy metafórica y yo entendía rápidamente de qué estaba hablando.
–Se dice que el Indio fue un intérprete clave de la realidad sociocultural de los 90 y principios de los 2000. ¿Ves a alguien hoy capaz de tomar esa posta?
–La verdad es que no se me ocurre nadie. Me parece que las nuevas generaciones de artistas tienen otras preocupaciones. Tal vez no tienen esa formación política o de contención social que tenían el Indio, Charly o León Gieco. Es una cuestión generacional; no sé si los jóvenes quieren seguir hablando de política como los "viejos del siglo pasado". Mi interpretación es que las temáticas han cambiado y, en algunos casos, se han degradado seriamente.
–De tantos momentos compartidos en la "cocina" de los discos, ¿hay alguna anécdota que atesores especialmente?
–Hay muchísimas, pero siempre recuerdo cuando me atreví a proponerles ir a terminar un trabajo a Estados Unidos. Conociendo su discurso y su mirada política, pensé que si les sugería mezclar allá, me iban a echar a golpes. Pero ocurrió que, en un disco que mezclamos dos veces y no nos convencía el resultado, yo viajé por otro trabajo y conocí un estudio maravilloso, equipado con una consola increíble; para mí era Disneylandia. Al volver, le conté al Indio, le mostré lo que había hecho allá y le gustó el sonido. Él se convirtió en mi manager en ese momento y me dijo: "dejame ver, ahora en el almuerzo me junto con el 'matrimonio feliz' —como él llamaba a Skay y Poli— y les cuento".
–¿Cómo reaccionaron Skay y Poli ante semejante propuesta?
–Fue un momento muy particular. El Indio me empujó a que yo mismo les explicara la idea. Traté de ser lo más explícito posible buscando su mirada cómplice, pero él estaba como en otro mundo en ese momento. Cuando terminé, hubo un sincronismo maravilloso: Skay dijo "sí" y la Negra Poli dijo "no". Ella nos miró y dijo: "Lo hablamos durante el día y te contestamos a la noche". Eso sintetizaba perfectamente cómo eran las relaciones internas. Esa misma noche me confirmaron que lo haríamos. Eran muy proactivos; si algo servía para que el disco sonara mejor, se hacía.
–¿Cómo era la rutina de trabajo con el Indio en el control del estudio?
–El Indio pasaba mucho más tiempo que el resto de los músicos en el control. Le gustaba estar ahí, chequeando todo con lo que él llamaba su "monóculo", que eran sus auriculares. Había un nivel de profesionalismo y exigencia muy alto. Como trabajábamos en estudios residenciales, al terminar las sesiones venían las grandes tertulias nocturnas. Eran charlas largas y muy enriquecedoras que formaban "el otro lado del disco".
–En los créditos de algunos discos, el Indio te apodaba "The Healer" (el sanador). ¿De dónde salió ese nombre?
–Me llamó de muchas formas: "Capo Cañonero", "Gordi" —porque en esa época estaba bastante gordito— y "The Healer". Este último lo mantuvo en los últimos dos discos porque decía que yo hacía como una "cura del sonido". Él sentía que yo lograba que los sonidos crudos que él creaba terminaran teniendo un sonido mejor, como si los sanara.
–Se rumorea que el Indio seguía trabajando en su estudio personal, Luzbola. ¿Hay material pendiente?
–El Indio armó Luzbola siguiendo mis consideraciones; estaba todo conectado en su hogar. Él siempre estaba trabajando en canciones, así que efectivamente hay material ahí. Ojalá se pueda trabajar y editar ese material pendiente para que todos lo conozcan.




