Entrevista. Dante Spinetta vuelve a Córdoba en días y llama a reconectar: Tenemos que volver a mirarnos a los ojos
El músico presentará Día 3, disco que lo muestra espiritual y dispuesto a oponerles resistencia al odio y a los algoritmos.
Dante Spinetta expande su potencial expresivo. Tanto lo expande que ahora no solo construye canciones, sino que también diseña ecosistemas emocionales.
Con más de 30 años de trayectoria, el artista que supo ser vanguardia con el mestizaje de Illya Kuryaki and The Valderramas se planta hoy desde una madurez que combina el virtuosismo técnico con un humanismo urgente.
Expone esa intención en Día 3, el cierre de una trilogía conceptual que comenzó con la aspereza y el dolor de Puñal (2017) y continuó con la celebración funk de Mesa Dulce (2022).
Este nuevo disco se presentará el próximo 20 de junio en Studio Theater (Rosario de Santa Fe 272), cita a la que Dante le pone todo el chimi en la previa. Las razones de su entusiasmo: la calidad técnica de lo que ofrece en la actualidad y la carga simbólica que trae consigo.
Acompañado por una banda de “bestias”, tal como define al baterista Pablo González, al bajista Matías Méndez y al tecladista Axel Introini, Dante promete reproducir en vivo un viaje sonoro donde conviven arreglos de cuerdas grabados en Praga con la herencia del bolero, el funk y ese tango que respiró en la casa de sus abuelos paternos.
En Día 3, Dante se consolida como un arquitecto del sonido moderno, fusionando la frescura de la producción actual con una narrativa emocional profunda.
El álbum incluye colaboraciones explosivas, como la de Juanse en Me quedo acá, y canciones que ya se perfilan como clásicos de su repertorio, como Pensando en ella, Maldito frenesí y El reset.
El concepto del nombre tiene una raíz espiritual: el tercer día es, según la tradición, el día en que la vida vence al caos y ocurre la resurrección. Para Dante, este disco es un renacimiento personal y artístico, una parada necesaria para reconectar con lo humano en medio de una “epidemia de soledad y ansiedad” alimentada por las pantallas.
La conexión con Córdoba es, además, técnica y afectiva. Gran parte del andamiaje sonoro de este disco pasó por las manos de Claudio Cardone, el prestigioso arreglador residente en nuestra provincia, quien se encargó de las cuerdas que terminaron de grabarse en la República Checa. Esa mezcla de lo local y lo global, de la sangre criolla con la precisión internacional, es lo que define el presente de un Spinetta que agradece cada día la posibilidad de hacer (y de vivir de la) música.
“Día 3, de alguna manera, tiene algo de los dos discos que lo preceden”, dice el artista en contacto con La Voz y puesto a contestar por qué su nueva entrega completa una trilogía.
“Es una especie de resumen también de toda la música que me gusta, pero a nivel dinámica –suma–. O sea, Puñal es un disco que está muy atravesado por el desamor, por el dolor, tiene una sensación mucho más dura, digamos. Y Mesa Dulce es un disco de funk, celebratorio. Este tiene esos dos mundos mezclados”.
“Me pareció también que era el cierre de una etapa. Es que, espiritualmente, Día 3 es el día en que la vida vence al caos, ¿no? Es el día de la resurrección de Cristo... Acá había algo de todo eso. Es un disco que habla de la epidemia de soledad y de la ansiedad que acarrea”, remata.
Para Dante, “de golpe estamos manipulados por algoritmos y nos queremos dueños de la verdad”.
“Lo que está pasando, básicamente, es que cada vez nos miramos menos a los ojos y es más difícil conectar –concluye–. Por eso es un disco también que está hecho de una manera más a la vieja escuela”.
“Es un disco real, un disco que tiene una historia, una narrativa y que está muy tocado también –refuerza–. Tiene mucha sangre real puesta, mucha alma. En un mundo en que todo es cada vez más sintético, es necesario volver a conectar con las emociones reales, volver a conectar con el amor y hacerlo desde ahí, ¿no?”.
–Humanismo ante tanto consumo determinado por la robótica.
–Tal cual, brother. Siento que estoy recién arrancando Día 3 porque ahora arranca la gira y todo eso, la parte más linda, la de tocar el disco. Así que se sigue desarrollando el disco en vivo. Porque para mí un disco es como una época-etapa en la vida. Es más, algunas veces cuando me preguntan: “¿Che, cuántos años tenías en tal momento?”, y yo no me acuerdo por años; de mi vida me acuerdo por discos. “Y… esa era la época de Chaco (Illya Kuryaki and The Valderramas, 1995)”, puedo llegar a contestar. Ato mi vida a los momentos de los discos, es mortal. Así que bueno, este es el momento de Día 3, del día de resurrección, de volver a conectar con el amor más que nunca en un mundo tan difícil.
–Recién citabas a “Chaco” y referenciabas tu vida en función de los discos. Se cumplieron 30 años de aquel álbum y la efeméride sugirió que has consolidado un estilo marcado a fuego que es ineludible. ¿En “Día 3” te das el gusto de regodearte y viajar por los distintos recovecos de lo que sugiere tu impronta?
–Total. Es muy loco, porque el mes pasado salieron Día 3 y Chaco en el mismo formato, en vinilo. Es increíble porque Chaco, para mí, es el comienzo también de un concepto de cómo vivir, del mestizaje cultural, de lo que representaba en nuestra visión en ese momento ser un grupo latinoamericano y mezclar todas nuestras influencias, desde música anglo hasta la nuestra de acá. Ese disco expone el orgullo de ser de acá y de, a partir de los viajes, sumar expresiones culturales vecinas que teníamos muy cercanas pero que eran muy distintas. De golpe, cuando empezamos a ir a México y a Colombia, y a ver bandas de salsa, de esto y de lo otro, nos encontramos diciendo: “Che, mirá qué grosso este continente: la hermandad que tenemos en un montón de cosas, pero al mismo tiempo otras tantas diferentes que nos hacen únicos”.
Rica herencia
Dante Spinetta señala que ese razonamiento de fines antropológicos terminó generando “una especie de región mental” que a él le encanta y en Día 3 se expone en Pensando en ella o en El reset.
–Ese cruce de géneros parece ser tu ADN definitivo.
–Todo el concepto lírico tiene que ver con ese tango, con ese desarraigo argento del dolor, del desamor en una ciudad como Buenos Aires, tan áspera por momentos. Me gusta, siento que eso soy yo; tiene que ver con toda mi vida, con mi sangre, con todas las cosas que fui viviendo. Día 3 tiene toda esa mezcla de funk y de multimundos (sic), de épocas mías también. Yo en un momento vivía con mis abuelos, vivíamos con toda la familia en la casa de ellos por más de un año. Mi abuelo todos los días se levantaba cantando tango a las ocho de la mañana y yo en ese momento decía: “Uy, abuelo, no me dejás dormir”, ¿viste? Pero hoy lo agradezco que haya sido así el abuelo mostrando esa música diferente. O mi viejo mostrándome todo el rock y yo también siendo el rapero que capaz quería escuchar otras cosas, pero escuchaba todo. Mi mamá escuchaba todo el día Santana, mi papá escuchaba todo el día Hendrix... y bueno, eso está en la guitarra cuando la toco, están esas influencias.
–Una herencia muy rica, tanto cultural como genética.
–La vida es todo eso que nos va moldeando. Ni hablar de lo que uno lleva en la sangre; nosotros, los Spinetta hijos de Luis y Patricia, tenemos una mezcla muy loca de sangres mora, chaqueña, criolla, española, italiana. Tenemos un crisol muy argento. Por eso aparecen discos como Chaco… O temas como Nacidos para ser argentos (de Fabrico cuero, también de Illya Kuryaki and The Valderramas pero de 1991), donde están esas cosas de orgullo de nuestra tierra mezcladas con todo lo demás. Estar orgullosos de eso nos da un sabor muy diferente que no solo se ve en la música, se ve también en la cancha cuando entran los jugadores. En Día 3 eso está muy presente, y en vivo será aún más, porque se verá todo mezclado.
–En “Me quedo acá” lo tenés a Juanse, un rocker que ayer cantaba “no tengo religión, tengo ansiedad”, y ahora es un hombre de fe al parecer no tan ansioso. ¿A vos también te pasó algo similar en esta etapa de adultez?
–Sí, 100%. Lo que dice Juanse tiene que ver un poco también con el paso del tiempo y la evolución de la gente. Cuando generalmente vas creciendo y empezás a sentir los golpes de la muerte en tu familia, en tus amigos, de golpe el mundo se vuelve más espiritual. Es que empezás a desarrollar ese otro sentido humano que tenemos de conexión. Hay gente que lo tiene más de joven, pero hoy me considero una persona más espiritual que antes por una cuestión de la vida en sí, de entender las energías y el porqué de las cosas. Para mí, Dios está presente siempre, arriba del escenario y abajo. Yo llevo la (Virgencita de) Guadalupe acá colgada (se la toca) y soy una persona espiritual. No soy de ir a la iglesia porque hay un montón de partes de la institución que no me representan, pero sí soy de la espiritualidad y de Jesucristo, y del concepto de la vida y el amor a través de eso.

Dale gracias
–¿Sentís que la música es el puente hacia esa espiritualidad?
–Está muy ligado. La música te lleva muchas veces a conectar con eso porque cuando uno toca en vivo hay una celebración del asunto, del aplauso de la gente, del motor empujando de la música, de las notas y la combinación de los acordes para hacernos sentir bien. No solamente toco para la gente, sino también para mí, para hacerme sentir bien. Es ahí cuando siento a Dios. Como decía, cuando uno empieza a perder la gente que ama, aprecia un montón de cosas y la espiritualidad empieza a tener un peso diferente. Empezás a desarrollar ese lenguaje más fuerte por una necesidad de seguir estando cerca de los tuyos. Y también a nivel agradecimiento.
–¿De qué estás agradecido?
–De vivir de lo que amo. Siempre lo digo, porque estamos en un mundo y en un país muy difícil, donde hay gente revolviendo la basura para comer todos los días, donde hay gente transitando enfermedades terminales y momentos durísimos. Entonces, ya es mucho despertarte, estar sano, poder caminar, tener un trabajo y un plato de comida en la mesa. Hay que estar agradecido, y yo hago la música desde ahí. “Gracias por este día, voy a dar lo mejor de mí”, rezo. Cuando me meto al estudio, voy a tratar de hacer el mejor disco que pueda; algunas veces voy a estar más inspirado que otras, pero voy a dar todo de mí porque agradezco este momento y no doy la vida por sentado, brother.
–Hablando de pérdidas, tras las partidas de tu papá y de tu mamá, Vera habló hace poco en una entrevista de su condición de huérfana. Fue entonces que se me figuró la idea de un Dante protector de sus hermanos y de la familia. ¿Lo sentís así?
–Obvio, pero nos cuidamos entre todos. Somos un grupo unido de hermanos y todos tenemos hijos; hemos armado una familia muy grande, hay diez Spinetta nuevos ya. Hoy es el cumpleaños de mi vieja, justo, es un día muy especial. Nos vamos a juntar con mi hermana Vera a comer y a brindar por mamá. Siempre están los viejos. No me siento huérfano, me siento acompañado por ángeles guardianes increíbles, igual que mis abuelos e igual que amigos que se fueron muy jóvenes, como José Luis (Miceli, mánager de Illya Kuryaki and The Valderramas)… Me pasó eso de perder a mejores amigos en accidentes o por enfermedades. Eso te hace entender que es parte de la vida, que tenemos que agradecer y tratar de encontrar la paz en este mundo.
–¿Cómo buscás esa paz en el día a día?
–Es importante soltar un poco las pantallas y volver a conectar con las cosas. Mirá, por ejemplo: para mí es remágico prender fuego en la chimenea… O en la parrilla para hacer un asado. El fuego es un elemento muy grosso y el (fuego) parrillero tiene una mística especial. Yo tengo la chimenea en mi casa y de golpe tiro unos leños, pongo una musiquita y dejo los fichines de lado. Hay que conectar de nuevo y hace bien reconectar con el cerebro preinternet. Volver a maravillarte con las cosas de la vida, que son muchas. Por eso, te digo que esta gira va a ser especial porque sé que es un momento clave. Si cada uno desde su lugar suma algo positivo, desde la música, desde la casa, algo cambiará para bien. Hay que sumar, porque es un momento donde el odio está muy cercano, caminando por la calle.
–¿Viste venir este clima social tan crispado?
–Sabía que podía pasar, pero hoy está pasando en el mundo entero. Hay un relato de odio muy fuerte. Es una narrativa que obviamente nos distrae de un montón de otras cosas. Siento que hay una necesidad de reconexión por parte de un montón de gente, pero también hay una resistencia hacia eso. Realmente siento que si no volvemos a la humanidad, vamos a terminar en guerra civil, y no solamente en Argentina. Están en juego demasiadas cosas. La narrativa es “odiémonos, peleémonos”, y mientras tanto atrás pasan cosas aún más darks que plantean un futuro más difícil para nuestros hijos.
–Por último, me gustaría una consideración sobre tu banda, porque en la comunicación oficial hay una reivindicación muy fuerte de los músicos que te sostienen.
–Estoy muy agradecido de estar rodeado de los músicos que están en mi banda. En esta gira van a estar los tres músicos que tocaron básicamente todo el disco: Pablo González en la batería, Matías Méndez en el bajo y Axel Introini en el teclado. Son bestias. Se suman Matías Rada en guitarra, que es el más funkero, y Ezequiel Aquino en los vientos. También Lucas Millicay en percusión. Pablo y Lucas son riojanos… ¡Tengo dos riojanos en la banda! Es una banda letal en la que nos conectamos mucho; ellos ya entienden lo que hay que tocar sin que les muestre mucho porque son parte de esta movida. También tengo colaboradores de lujo como Claudio Cardone, que vive en Córdoba y es un arreglador increíble; él hizo las cuerdas que grabamos en Praga. Y está Michael B. Nelson, que fue muchos años el arreglador de vientos de Prince. Como productor, puedo decir que ellos me hacen todo mucho más fácil porque son bestias, no tengo que arreglar mucho.
–¿Tenés contacto directo con Michael B. Nelson? ¿Lo tenés a tiro de WhatsApp?
–Sí, estamos conectados. Venimos trabajando hace mucho y cuando le mando algo, le digo muy poco porque él ya entendió todo. ¡Imaginate que hizo los arreglos de Sexy M.F. (Prince)! ¿Qué le puedo decir yo? Es un jugador de primera; le mando una cosita y me la devuelve con arreglos voladores de cabeza.



