Compartir
Cultura

Opinión. La verdad es difícil: conspiraciones futbolísticas y alienígenas

Durante el Mundial 2026, surgieron teorías que intentaron explicar lo inexplicable: la derrota de Argentina. ¿Es sólo un juego o hay algo más detrás?

25 de julio de 2026, 14:55
La verdad es difícil: conspiraciones futbolísticas y alienígenas
Argentina y las teorías conspiranoicas.

El Mundial de fútbol que acaba de finalizar desencadenó como nunca antes el pensamiento mágico. A las antiguas cábalas se sumaron las visualizaciones de goles, pronósticos y coincidencias forzadas. En una versión más compleja, se construyeron teorías enteras para digerir la frustración porque la explicación más sencilla resulta insoportable.

Históricamente el folklore mundialista supo incluir animales que “anunciaban” el resultado de un partido, en virtud de la “elección” de un objeto representante de un país.

Este año los animales cedieron en favor de, por ejemplo, la astrología para trazar coordenadas temporales quirúrgicas de goles, penales, adicionales y alargues.

Al mismo tiempo, todo lo que tenía números era susceptible de ser incluido en la hipótesis de una victoria garantizada para la Selección Argentina: edad de los jugadores, números de camiseta, fecha de la contienda, relación con mundiales pasados y trofeos ganados.

Así fue hasta que la derrota con la selección española impuso otra narrativa para entender lo que pasaba: la siempre atractiva teoría de la conspiración.

Pandora

Este año Steven Spielberg volvió a su viejo amor por los extraterrestres con su último filme, El día de la revelación. Con un elenco destacable, esta producción aborda el intento de un grupo de extrabajadores del gobierno de Estados Unidos por publicar los registros de contacto alienígena, acumulados a lo largo de más de 70 años.

Esa premisa da por supuestos la existencia y el contacto con vida extraterrestre para avanzar hacia la discusión del manejo de la verdad que hacen los gobiernos, especialmente los que disponen de herramientas (demasiado) poderosas como Estados Unidos.

¿La población debe saber la verdad? ¿Existe un momento mejor que otro para darla a conocer? ¿Se puede estar preparado para semejante revelación?

En un guiño nostálgico, la película apuesta por la televisión como un medio de comunicación directa con la población, especialmente el formato tradicional de noticiero que todavía se aferra a sus resabios de legitimidad. La mediación de un canal como internet, en cambio, ensuciaría información tan sensible y resultaría vulnerable al control y manipulación gubernamental.

El día de la revelación, al establecer ficcionalmente la verdad de una teoría conspirativa, desencadenó en cierto público otras teorías conspirativas: que Spielberg maneja información clasificada, que la película utiliza material real cedido por el gobierno e incluso que recibió financiamiento porque su intención última es, desde la ficción, preparar psicológicamente a la población ante la llegada del auténtico día de la revelación.

La verdad acerca del contacto alienígena se vuelve más atractiva y creíble si se muestra distorsionada, parcialmente oculta y hasta negada.

Mala fe

Cuando Argentina se consagró subcampeón del Mundial de Fútbol 2026, apareció masivamente la misma conjetura: “algo pasó”. Inmediatamente se señalaron zonas por donde la suerte o el destino se habrían fugado: el chip de la pelota, el cansancio de los jugadores, el árbitro, la salida del vestuario, el FBI, la Uefa, la Fifa, “Las Malvinas son argentinas”, las campañas anti-Argentina en redes sociales y otros etcéteras que aparecen conforme avanza el duelo.

Como en El día de la revelación, las consecuencias de asimilar una verdad difícil pueden resultar socialmente desestabilizadoras.

Al contrario de lo que el sentido común parece señalar, los hechos irrefutables no necesariamente cierran el debate sino que bien podrían multiplicar interrogantes que profundizan las heridas y los miedos.

Echamos mano de la conspiración, como un modelo conjetural que no nos hace más responsables ni sensatos, pero nos ofrece el consuelo de creer que la alternativa era posible. Queremos ver más allá de una película y de un partido de fútbol para quedarnos con eso otro que pudo haber sido, con la mera posibilidad. La conspiración nos prepara, en definitiva, para la verdad.