En Primera Persona. La vida de tres hermanos cordobeses que estudiaron, emigraron y hoy trabajan en Francia, Italia y Alemania
Marco, Luca y Marina viven en Brest, Treviso y Leipzig. Cómo es empezar de cero en Europa, los choques culturales y el "operativo" familiar para no perder el contacto ni las costumbres cordobesas.
¿No tenés la sensación de que cuando pasa algo en cualquier lugar del mundo siempre hay un cordobés? Con las características que nos distinguen, sobre todo el humor y la chispa, somos especialistas en “hacernos notar”, sin olvidar mencionar siempre y a cada momento, el barrio o el pueblo de donde venimos.
En Primera Persona, Cordobeses por el Mundo, es una sección creada por el equipo de Tiempo Real de La Voz, y pretende mostrarte cómo es la vida cotidiana de aquellos que deciden vivir nuevas experiencias en distintos lugares del mundo sin perder la magia que nos otorga nuestra tonada.
Tres hermanos, tres países diferentes
Marina, Luca y Marco son tres hermanos cordobeses que, por diferentes vueltas de la vida, terminaron viviendo en tres países distintos: Alemania, Italia y Francia.
Marco, el más grande (40), vive en Brest desde 2020; Luca, el del medio (37), está en Treviso desde 2021; y Marina, la más chica (35), se instaló en Leipzig hace poco más de tres años.
Cómo llegaron a Europa
Marco fue el primero en irse por su carrera académica, que lo llevó por Estados Unidos y Arabia Saudita antes de terminar en Francia. "La posición donde yo apliqué aquí es la primera vez que se abría en 10 años. Si este puesto hubiera salido en Japón, hoy estaría en Japón, o estaría en Zimbabwe o en Austria", contó sobre su llegada a Brest, una ciudad portuaria en la punta del Atlántico que es parte de la Bretaña francesa. Antes, se recibió de ingeniero civil en la Universidad Nacional de Córdoba.
Por su parte, Luca aprovechó un convenio universitario, también de la UNC: "Pude venir a terminar de hacer el último año acá. Me dieron los dos títulos, soy ingeniero químico en Italia y en Argentina". Un tiempo después, se dio la oportunidad de viajar y quedarse a vivir allá con su mujer, y “nos mandamos”. Además, según contó, Italia siempre fue un destino que le llamó la atención.
Finalmente, Marina se mudó a Alemania porque su novio ya estaba instalado allí. "Yo no había terminado todavía mi carrera, tenía que presentar la tesis, y lo hice todo online desde Alemania", explicó sobre su título en Biotecnología. Estudió en Rosario ya que en Córdoba todavía no estaba habilitada la carrera.
El desafío de estar separados
Para los hermanos, la distancia no es algo nuevo. "Venimos acostumbrados a eso", señaló Luca. "Marco se fue a Estados Unidos relativamente temprano, después Marina se fue a Rosario, y seguíamos estando los tres separados", explicó el del medio.
Para acortar los kilómetros con la familia, mantienen un ritual: el Meet de los domingos. "Cuando me fui allá por el 2011, que era la primera vez que un hijo se iba, mis padres siempre querían estar sabiendo qué estaba haciendo. Entonces llegó un momento que yo dije ‘nos vamos a encontrar una vez a la semana’", relató Marco sobre el comienzo de la rutina. “Después se fueron mis hermanos y hoy ya quedó sábados y domingos. Tratamos de hacer los dos días, pero también es casi imposible que todos estemos ambas veces”, aclaró.
Marina sumó que su papá es el que mantiene vivo el grupo de WhatsApp: "Manda cosas todos los días para mantener el chat arriba... manda chistes y cosas de Córdoba".
Trabajar en Europa
En lo laboral, Marco es investigador en el Instituto Francés de Investigación Marina (Ifremer). Marina trabaja actualmente en una empresa de moda online mientras busca algo en su área.

Luca, por su parte, dejó su trabajo de ingeniero para dedicarse a la programación, aunque mantiene el vínculo con Córdoba y su tonada a través de la facultad. “Estoy haciendo una carrera allá, a distancia, sobre inteligencia artificial. Todavía tengo que hablar en castellano con otros cordobeses y trato de forzar la tonada para que se entienda mejor”, contó divertido
El desafío de los idiomas
El idioma fue una barrera distinta para cada uno. Para Luca fue más fácil: "Fuimos a una escuela bilingüe italiana en la primaria... cuando llegué acá era hacer el click nomás".
A Marco, el francés del colegio se le había "desacostumbrado" y reconoció que pasó casi 3 años "hablando como Tarzán". Sin embargo, en su trabajo se maneja todo en inglés.
En Alemania, Marina arrancó de cero: "Vine acá con nada de alemán y, si bien estoy cerca de Berlín, no es Berlín... ahí podés vivir sin aprender, pero acá no".
El choque cultural de las "recibidas" y los títulos
Una de las cosas que más les impactó fue cómo se vive el éxito académico. "Acá me recibí y fue un 'listo, ya se terminó'. No había nada para decir", relató Marina sobre la frialdad alemana frente a los festejos argentinos. "Es un choque cultural re grande. Para nosotros recibirse es una cuestión gigante y acá vas a la oficina y pedís un papel".
Sin embargo, el estatus del título sí es importante. "No es poco común que la gente se cambie el nombre en el documento y se ponga profesor o doctor", señaló Marina. “Otra cosa que es muy loca es que ser profesor universitario es más importante que tener un doctorado. Entonces ahí el nombre sería ‘Profesor, doctor, apellido y nombre’”, agregó.
Luca sumó que en Italia "la gente recibida tiene otro estatus y te respetan más".
La vida social y la diferencia de los horarios
Adaptarse a los horarios y la forma de ser europea fue un proceso. "Los alemanes se asustan si decís 'mañana nos vemos'... acá podés planificar de acá a dos semanas o de un mes", relató Marina. Su grupo de amigos actual es el de compañeros de trabajo de su novio, todos alemanes. “Al principio me chocó que son un poco fríos. Por ahí son un poco más difíciles de abrirse, de confiar, pero después cuando se hacen amigos, la verdad que les gusta juntarse”, contó.
Luca coincide en que en el norte de Italia la gente es "un poco más reservada y dura" que en el sur, y que "sacar un turno de acá a dos semanas para salir a comer es normal". "El ‘che, ¿nos juntamos esta noche?’ no existe”, aclaró. Igual, encontraron a varios argentinos para juntarse, además de los grupos del trabajo.

En el caso de Marco, llegar semanas antes de que se decretara la cuarentena por la pandemia complicó la vida social: “No conocí nadie por casi un año. Estaba siempre en mi casa, tomando cursos de francés, y éramos todos extranjeros, o sea que tampoco generaba un grupo local. Todos los amigos que mantengo hoy son en su mayoría extranjeros”. Además, explicó que es el más joven del grupo y que los demás, al tener hijos o nietos, tienen más dificultades para juntarse.
El clima también manda. "Te pega muy fuerte que anochezca a las 4 de la tarde el 20 de diciembre", dijo Luca. Marina agregó que en invierno la gente "se esconde" y en verano "está todo el mundo afuera" porque el sol se queda hasta las 11 de la noche. "Están chupando el calor y el sol que no pueden durante todo el invierno", explicó.
Comida: criollitos, helado, bebidas y los "3200 tipos de pan"
La comida es, sin duda, uno de los puntos que más se extraña.
"Todo tiene muchísima manteca, me costó mucho al principio", contó Marco. "Cada vez que viajo a Argentina voy con una valija y vuelvo con dos porque llevo 23 kg de dulce de leche", dijo. También se anima a cocinar: "Estoy haciendo criollitos y le pongo el dulce de leche local... no me salen tan bien, pero se banca". Además recordó que, años atrás, en Francia el almuerzo en el trabajo era con una copa de vino.
En Alemania, Marina se sorprendió con la variedad: "Hay unos 3.200 tipos de pan. No podés ir a decirle 'dame tres pan francés', todos tienen su nombre". “Lo otro loco es que no es poco común conseguir carne de cacería. Hay cazadores y podés encontrar carne de ciervo o de jabalí salvaje”, agregó.
El helado es otro tema de debate. "Acá en Leipzig el helado es medio flojo... no hay precio por kilo ni por cuarto", contó Marina, y añadió un dato curioso: "En invierno las heladerías cierran y se convierten en bares de cerveza".
En cambio, para Luca, el helado en Italia "es top" y puramente artesanal. Además, "la pasta y las pizzas son mejores", aunque para el asado tiene que pedir cortes especiales al carnicero porque "los que conseguís en el supermercado son en otro sentido". Por otro lado, las milanesas son en su mayoría de pollo, porque “la carne de acá no da para hacerlas como en Argentina”.
El transporte: bici, tren y caminatas
La forma de moverse varía según la ciudad. Marina usa bici y tren en Leipzig: "Si alguien se queda sin tranvía porque ya es de noche, veo mucho más posible alquilar una bicicleta o monopatín que tomarse un taxi".

Marco tarda unos 45 minutos en llegar a su trabajo combinando bus y tren, aunque hace unos años se compró un auto para moverse y poder conocer más la Bretaña.
Luca señaló que su vida es "más parecida a Argentina porque me tuve que comprar un auto para ir y volver del laburo", ya que en su zona los taxis son escasos y caros.
Por otro lado, Marina destacó la seguridad y que “te podés volver en bicicleta a las 2 de la mañana y no pasa nada”.
¿Volver a Córdoba?
Aunque extrañan la familia y los amigos, los hermanos valoran el crecimiento, las oportunidades de desarrollo y la comodidad de los lugares donde viven. Igual, ninguno de los tres descarta volver a Córdoba en algún momento.
"Yo amo Córdoba, extraño muchas cosas, entre ellas el río, las montañas, el clima, todo. Y obviamente la familia que está allá. Siempre decimos que, si se da volver, no está fuera del plan", señaló Marina. Marco sumó que “nunca estoy cerrado a nada”.
“Extrañás todo: tenés todos tus amigos, todas tus cosas, toda la familia. Pero ahora estamos desarrollándonos y estamos cómodos” dijo Luca, y lo simplificó: "Volverme es simplemente un billete de avión".
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