TDAH. Cuánto interviene la genética en la aparición de nuevos casos de trastornos de déficit atencionales
Se estima uno de cada 25 niños y niñas tiene esta condición. En esta problemática intervienen influyen distintos genes, mientras que los factores ambientales son menores. Cuáles son los mitos y las verdades que rodean el tema. Cómo detectar un caso.
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una condición del neurodesarrollo que afecta la capacidad de regular la atención, controlar los impulsos y gestionar la hiperactividad.
Se estima que hay uno cada 25 niños en el mundo tiene esta condición.
Sabrina López, médica de planta de Genética del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, pediatra y genetista, aseguró que el trastorno por déficit atencional tiene “una heredabilidad muy alta, de entre el 70 y el 80%, comparable a la de otros trastornos neuropsiquiátricos mayores, como la esquizofrenia y el autismo”.
Esto significa que la contribución genética al riesgo es elevada si se la compara, por ejemplo, con la talla u otras enfermedades médicas”, explicó López.
La especialista agregó que en la aparición de estos casos intervienen varios genes, “cada uno con efectos pequeños, que contribuyen colectivamente al riesgo”.
Cuál es el peso del medio ambiente
La genetista agregó que los factores ambientales contribuyen en el 20 y 30% restante, según estimaciones poblacionales.
“La relación entre los genes y el medio ambiente es compleja. Incluye no solo efectos aditivos, sino también correlaciones entre los genes y el ambiente, como la prematurez, el bajo peso al nacer y la exposición prenatal a tóxicos, como el tabaco y el alcohol”, agregó.
Algunos mitos y verdades
López señaló que aún persisten algunas ideas erróneas sobre el trastorno:
“Es falso pensar que, si uno de los padres tiene TDAH, el hijo tiene entre un 70 y un 80% de probabilidades de heredarlo. La heredabilidad no es lo mismo que la herencia. La primera es una medida estadística poblacional que indica cuánto influyen los genes en el desarrollo de una enfermedad. El riesgo de que un hijo herede el trastorno de un progenitor ronda entre el 20 y el 30%”, destacó.
López agregó que los test genéticos no pueden diagnosticar TDAH.
“El diagnóstico es clínico y requiere un proceso de evaluación realizado por profesionales de la salud, que incluye entrevistas y una valoración integral”, agregó.
La genetista señaló que la inteligencia artificial tampoco puede diagnosticar y tampoco puede reemplazar la evaluación clínica, que además brinda contención, empatía, comprensión del entorno del paciente y un abordaje interdisciplinario para definir el tratamiento más adecuado.
Con respecto al aumento de los diagnósticos, López explicó: “Se están diagnosticando muchos más casos porque antes no existía el mismo nivel de conocimiento sobre el trastorno. A medida que se fue estudiando, al igual que ocurrió con el autismo, aumentó la conciencia sobre el TDAH. No es que haya más casos, sino que hoy los especialistas están más preparados para realizar el diagnóstico y la pesquisa”.
¿Cómo identificarlo?
Silvia Ongini, psiquiatra Infanto-Juvenil del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas de la UBA, consideró la presencia de ciertas características, que se detectan muchas veces en sus primeros años de vida y se ven en la escuela, en el hogar y en otros ámbitos:
- Dificultad para prestar atención a detalles en tareas a realizar
- Dificultad para mantener la atención incluso en actividades recreativas
- No escuchar o “estar en otro mundo” aunque no haya algo que esté distrayendo
- Dificultad para terminar tareas o cumplir consignas
- Dificultades para organizar las actividades, poner en orden sus materiales, lo que lleva a que pierdan objetos, en muchos casos importantes
- Enojarse y frustrarse mucho si tienen que hacer cosas que no les gustan, lo cual potencia la desatención
- Distraerse con mucha facilidad con cualquier estímulo externo
- Olvidarse de acciones cotidianas como, por ejemplo, apagar la luz por más que se repita
- Dificultad para planificar: aveces toman decisiones impulsivamente y desde lo emocional porque les cuesta planificar
- Hiperactividad: los chicos mueven manos y/o pies de un lado a otro sin un propósito determinado
Según explica Ongini, para evitar confusiones con otro tipo de trastornos es importante acudir al pediatra o a un profesional de la salud mental cuando ya se notan algunos de los síntomas. “Varias de estas características se comparten con otras afecciones que pueden ser emocionales, como la ansiedad o la depresión, y/o que pueden estar interfiriendo en funciones cognitivas como la atención y también generando hiperactividad”, aclaró.
¿Qué hacer si tiene TDAH?
El tratamiento del TDAH es multimodal. Por un lado, según explica Ongini, es necesario brindar herramientas a quienes tienen el trastorno:
En la casa, ayudar a que tengan una rutina o estructura. Esta les ayuda a completar las tareas, los gratifica y les permite sostener y ejercitar la memoria y la atención, que pueden enfocarla en otras cosas
En la escuela, adaptar los contenidos para que no requieran procesos largos que les cueste sostener, produciendo un aumento en su frustración
Darles herramientas o acompañamiento, incluso muchas veces requiere maestras integradoras o adaptación curricular.
Limitar el uso de las pantallas y fomentarles la lectura de cualquier libro de cuentos adecuados a la edad. También es importante que los adultos destinen tiempo a jugar con ellos
En otros casos, los profesionales sugieren acudir a fármacos. Al respecto, Ongini afirma que “cuando se necesita la medicación, se notan claramente las mejoras”. “Favorece la atención porque ayuda a filtrar todos los demás estímulos en el ambiente para que pueda facilitar la atención y concentrarse en aquello que necesita atender. Les contribuye mucho al rendimiento y eso también influye en su autoestima, sin generar dependencia”, concluyó.



