Fauna. Alertan sobre avance de ardillas en Córdoba: ya hay 13 ejemplares por hectárea en La Cumbrecita
Una investigación de la universidad reveló que se cuentan 13 ejemplares por hectárea en el ecosistema de La Cumbrecita y Villa Berna.
Una investigación de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) reveló un avance significativo de la ardilla de vientre rojo (Callosciurus erythraeus) en el ecosistema local y la infraestructura urbana de La Cumbrecita y Villa Berna, localidades del valle de Calamuchita.
De acuerdo al estudio de la bióloga Sol Portelli, egresada de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC, en la última década la densidad de esta especie exótica invasora pasó de menos de una ardilla por hectárea a 13 individuos por hectárea en la zona urbana de La Cumbrecita.
Portelli explicó a La Voz que la ardilla fue erróneamente adoptada como un ícono turístico de la localidad. Y que luego su multiplicación fue explosiva. Ante esta problemática recomendó fortalecer la educación ambiental para evitar su propagación y mitigar el impacto.
¿Cómo llegó la ardilla a esa región de Córdoba?
La ardilla de vientre rojo es una especie originaria del sudeste de Asia (Tailandia, sur de China, Vietnam) que fue introducida en el país hace 50 años en Luján, provincia de Buenos Aires. Y ya está presente no solo en esa provincia, sino también en Córdoba y Santa Fe.

Este roedor silvestre se expande de manera exponencial de la mano de las personas que la trasladan a nuevos sitios por considerarla atractiva. El camino de las ardillas que llegaron a suelo cordobés fue largo. “Las capturaron en el sudeste asiático y las trasladaron con fines ornamentales y por mascotismo. Pasaron por Países Bajos y después llegaron a Luján”, relató Portelli.
La bióloga contó que la introducción de la ardilla de vientre rojo en La Cumbrecita se dio en 1999, con aproximadamente 30 ejemplares. “Las capturaron en Luján y las introdujeron en la localidad mediante una resolución municipal, en la que se informaba que esta especie no generaba ningún tipo de daño o perjuicio”, explicó.
Ya en la década del ’70 también se intentó introducir la especie “Nuecero de las Yungas”, que es nativa de Argentina (Tucumán y Jujuy), pero se mantuvieron en cautiverio. No se adaptaron y murieron.
En 2011, una nota en La Voz ya advertía sobre la presencia creciente de ardillas en parajes serranos de Calamuchita.
Proliferación
Portelli mencionó dos estudios que se hicieron en décadas anteriores en La Cumbrecita. Uno es el del biólogo Agustín Zarco, quién alertaba sobre la presencia de las ardillas en la zona y la amenaza que representaban para el tabaquillo y las aves nativas. La otra investigación es de la bióloga de Luján, Verónica Benítez, quién estudió diferentes parámetros de la población de ardillas.
En 2010, Benítez comprobó que había menos de una ardilla por hectárea en esa zona del valle de Calamuchita y que la velocidad de expansión estaba “ralentizada”.

Pero, más de una década después, Portelli, junto un equipo de Ecología de Mamíferos Introducidos (EMI) del Inedes de la Universidad Nacional de Luján (UNLu- Conicet), constató que no solo la población aumentó a 13 ardillas por hectárea, sino que también se incrementó la velocidad de expansión. De hecho, dieron cuenta de otro foco en Villa Berna.
“No supimos dar con la vía de introducción. No se sabe si fue por dispersión propia o si alguien las capturó y trasladó”, agregó.
Daños que ocasiona
La investigadora cordobesa explicó que la ardilla se traslada a través de los árboles, el cableado eléctrico, las viviendas y los postes de luz. Su reproducción se da durante los meses más cálidos, y con varias camadas al año.
“Se trata de un animal invasor que afecta la biodiversidad local. Producen daños en lo ecológico, consumen huevos de aves, frutos exóticos y después dispersan las semillas”, señaló la especialista.

Uno de los daños más evidentes –remarcó la bióloga– es el descortezado de árboles, sobre todo en pinos y cipreses, lo que puede llevar a la muerte de los árboles. También el consumo de frutos como castañas y bellotas, además del impacto social y económico. “Este último es uno de los daños más reportados por los pobladores de La Cumbrecita, porque muchos de ellos se quedan sin luz o sin Internet producto de la acción de las ardillas”, relató.
Y agregó: “También hay un daño cultural porque la ardilla se transformó en un ícono del pueblo que está presente en productos y logos, todo en detrimento de parte de la fauna nativa de la zona”.
¿Qué deben hacer los pobladores y turistas?
Portelli remarcó que la generación de conocimiento es importante para que el Estado, los organismos científicos y los habitantes puedan trabajar con esta problemática.
La bióloga sostuvo que para prevenir la expansión de estas ardillas hay que “hacer educación ambiental en las escuelas, además de disminuir la imagen de la ardilla en La Cumbrecita, y mostrar otras especies nativas, como el zorro, zorrino y corzuelas”.

También, involucrar a las personas en el monitoreo participativo, al tomar una foto y subirla a la plataforma ArgentíNat e indicar en el mapa dónde la vio.
"Lo principal es evitar que se generen nuevos focos de invasión; actuar con las personas, informarlas y evitar el traslado. Muchas veces lo hacen por el mascotismo o para enriquecer la fauna del lugar", expresó Portelli.




