
En las mayores ciudades del interior cordobés, nacen muchos menos de los que mueren
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Redacción La Voz
Hay transformaciones que cambian el mundo, pero también nuestro metro cuadrado cotidiano, mientras estamos ocupados en otras cosas. Entre el puñado de más relevantes, asoma el impacto que empieza a tener en todas las sociedades la mutación demográfica que genera la baja notoria en la fecundidad.
Sabemos que cada vez nacen menos niños, también en Argentina. Se multiplican datos que evidencian, por ejemplo, que en la mayoría de las ciudades de Córdoba, desde hace varios años, se anotan muchos menos nacimientos que defunciones.
Ocurre acá, y en casi todo el mundo. No es sólo estadística: es un cambio que genera efectos notorios.
En los últimos 10 años, Argentina mostró una baja radical en la tasa global de fecundidad, que pasó de 2,4 hijos en 2014 a 1,23 en 2024. La esperanza de vida también aumentó considerablemente: de 72 años promedio en 1990 a los 77 años en la actualidad.
Estos dos fenómenos están reconfigurando la estructura poblacional del país. Y plantean enormes desafíos por sus efectos en la educación, en el esquema de salud, en el empleo y en el sistema jubilatorio.
La tasa global de fecundidad es un indicador clave para la demografía. Estima la cantidad de hijos promedio que una mujer tendría a lo largo de su vida. Si no hay flujos migratorios, una población necesita una tasa de fecundidad de al menos 2,1 hijos por mujer para mantener su tamaño.
A partir de 2014, el descenso de la natalidad en Argentina aceleró su ritmo notablemente. En menos de una década, disminuyó más de un 40% y para 2024 tocó el mínimo histórico de 1,2 hijos por mujer.
Los expertos apuntan que este fenómeno es multicausal. Suelen citar como factor relevante el cambio cultural acerca del rol de las mujeres en la sociedad, con menos presión por el mandato social de ser madres. A la vez, el mayor acceso a información sobre derechos sexuales y reproductivos y la difusión de nuevos métodos anticonceptivos también jugaron su rol.
Algunos agregan a las causas la situación económica, que hace que las parejas jóvenes recalculen su planificación familiar. Sin embargo, la baja en la natalidad se observa también en países con muchos menos vaivenes económicos.
Visto el país por dentro, Córdoba aparece entre las provincias con menor tasa de fecundidad. Después de Caba, Tierra del Fuego y La Pampa, aparecen Córdoba y Santa Fe con los números más bajos del mapa nacional.

La tasa de fecundidad adolescente, que mide los nacimientos por cada mil mujeres de entre 10 y 19 años, es la que en mayor medida bajó. Y ese dato es alentador.
La mayoría de los embarazos adolescentes no son intencionales, sino producto de dificultades en el acceso a información y a los servicios de salud reproductiva. La consecuencia es que muchas de esas adolescentes probablemente salgan del sistema educativo o comprometan su trayectoria laboral futura.
Según el sitio Argendata, que investiga sobre la base de estadísticas, en dos décadas la fecundidad adolescente en Argentina disminuyó un 66%. Pero apunta: “Aunque Argentina mejoró su situación relativa, todavía tiene una tasa de fecundidad adolescente alta, comparada con países desarrollados”.
La baja de nacimientos ya se percibe, por ejemplo, en la matrícula escolar de jardines de infantes y de colegios primarios.
Está claro que cada vez hay menos niños/alumnos, mientras que a la vez se va ensanchando el porcentaje de adultos mayores en la pirámide demográfica.
Según estimaciones del Observatorio Argentinos por la Educación, en el muy cercano 2030 la matrícula de la escuela primaria caería un 27% con respecto a 2023: son 1,2 millones de estudiantes menos, en muy pocos años.
El impacto es escalonado: la escolaridad obligatoria comienza a los 4 años, y los primeros que observan esta situación son los jardines de infantes. Luego, la merma se va extendiendo al nivel primario y finalmente la verá el secundario.

Argendata aporta que en guarderías y en jardines maternales privados la caída en la cantidad de establecimientos es notoria: entre 2019 y 2025, se perdieron 1.812, casi el 50% de los que había en otros años. Por ahora, la cantidad de escuelas primarias se mantiene constante, aunque ya perciben una reducción de matriculados.
La caída de la natalidad abre dos escenarios en el ámbito educativo: puede habilitar la reducción de cursos, de la cantidad de docentes y de la inversión en el sistema público. O puede ser una vía para apostar, sin reducir presupuestos, a mejorar la calidad al disminuir la cantidad de estudiantes por aula y por docente. El camino será, en el fondo, una decisión política.
El Indec estima que, a nivel nacional, la población de 0 a 4 años bajará de 2,9 millones (en 2022) a 2,3 millones (en 2040). En la franja de 5 a 9 años, caerá de 3,7 millones a 2,2 millones en ese lapso. Y entre los de 10 a 14 años, pasarán de 3,7 millones a 2,1 millones. Todo eso no es adivinación: ya está pasando.
En Córdoba, el dibujo es similar. En niños de 0 a 4 años, de 241 mil censados en 2022 se proyectan unos 201 mil para el 2040. Y entre los de 5 a 9 años se pasaría de 292 mil a 191 mil.
Esa reducción paulatina pero notoria implica aulas más vacías y un sistema educativo que deberá repensarse.
“Lo primero, y que ya se siente, es la baja de demanda en neonatología, en obstetricia y en pediatría, y también ya en guarderías y jardines, y hasta en la primaria”, explicó a La Voz tiempo atrás Leandro González, demógrafo e investigador cordobés en la UNC y el Conicet.
El mismo González advirtió que “si se mantiene la misma infraestructura y el mismo personal, se podría mejorar la atención per capita en salud pediátrica y en educación. Pero el riesgo es que, en lugar de verlo como oportunidad, se use para ajustar presupuestos y recortar cargos”.
Según datos del Ministerio de Educación de Córdoba, entre 2023 y 2025, el nivel inicial perdió unos 9.600 alumnos. El fenómeno tiene matices según ciudades y regiones.
“No estamos ante una crisis de matrícula, sino ante una oportunidad histórica de innovar”, respondió a La Voz el ministro de Educación de la Provincia, Horacio Ferreyra.

“El cambio demográfico nos permite rediseñar el sistema. Con menos estudiantes en jardines y en primeros grados, la prioridad sería llegar antes y mejor, con más tiempo pedagógico y seguimiento personalizado”, indicó el ministro.
En lugar de cerrar escuelas, la Provincia plantea que optará por reagrupar secciones donde la merma sea mayor y destinar docentes a tareas de apoyo. La idea sería aprovechar para mejorar la calidad ante cursos con menos estudiantes que los actuales que, en algunos casos, desbordan las aulas y las pedagogías.
Está por verse la evolución. Y también las decisiones que se tomen ante escenarios que mutan.
