Población. En las mayores ciudades del interior cordobés, nacen muchos menos de los que mueren
La tasa de natalidad se derrumba en toda la provincia, pero mucho más en el interior que en la Capital. Sin recibir migraciones importantes, cada localidad tendrá cada vez menos habitantes.
La tasa de natalidad no deja de descender año tras año en Córdoba, en Argentina y en gran parte del mundo. Los números sorprenden por su dimensión.
Alcanza un ejemplo a mano: en la provincia de Córdoba nacieron 59 mil bebés en 2014, que en 2024 no llegaron a 34 mil. En el país, se pasó de los 770 mil nacidos en 2014 a los 425 mil de 2024, un desplome de más del 40% en una década.
Con 1,3 hijos por mujer madre, Córdoba se ubica en el piso del ranking nacional en fecundidad, según el censo nacional de 2022. El promedio nacional ya era entonces de 1,4 hijos. Junto a Córdoba, con 1,3 se ubican como los más bajos la Ciudad de Buenos Aires y Neuquén. La llamada “tasa de reemplazo” (necesaria para que una población se mantenga estable) es de 2,1 hijos por mujer,
La tasa de natalidad viene cayendo en picada, sobre todo desde 2016. Pero en los últimos cinco años se acentuó aún más.
Tanto, que ya la mayoría de los pueblos y ciudades cordobesas registran una tasa de crecimiento vegetativo negativo, es decir que el número de defunciones supera al de nacimientos.
Eso se puede verificar, y rotundamente, en las seis ciudades más pobladas del interior provincial. Sin embargo, no ocurre aún en la ciudad de Córdoba, donde los nacimientos y los fallecimientos se ven empardados ahora.
En Río Cuarto, Villa María, Carlos Paz, San Francisco, Alta Gracia y Río Tercero (las seis ciudades del interior con más de 50 mil habitantes) la diferencia entre los nacimientos y las defunciones registradas no deja de estirarse año tras año: mueren muchos más que los que nacen.
Con este escenario, el aumento poblacional que parecía una constante natural entró en una fase invertida.
Es sencillo advertir que la mayoría de las ciudades y pueblos tendrán cada vez menos habitantes, salvo que reciban migraciones en volúmenes superiores a la diferencia entre los que allí nacen y mueren.

Hoy, ocurre ese fenómeno migratorio sólo en algunas localidades del Gran Córdoba y de zonas serranas, que vienen registrando los mayores aumentos de población en la última década. No es porque nacen más: allí impactan las mudanzas de los nuevos vecinos que llegan desde otras localidades y provincias.
Al hueso
Algunos datos cordobeses para ir al hueso.
Río Cuarto anotó 1.527 nacimientos en 2025, frente a 2.749 fallecimientos: la diferencia es del 80%. En 2020, apenas cinco años atrás, se contaron 2.128 bebés frente a 2.732 decesos, con una diferencia del 29%.
Veamos Villa María: 983 nacidos frente a 1.649 muertos en el año pasado, con una diferencia del 68%. En 2020, era del 43%, con 1.233 nuevos bebés y 1.766 fallecidos anotados.
Carlos Paz cuenta similar historia: anotó 433 nacimientos en 2025, ante una cifra de 691 decesos. Ese salto es del 60%. Pero cinco años antes era de sólo el 1%, porque en 2020 registraba 714 nuevos bebés.
San Francisco tuvo similares cantidades de muertos en 2020 y en 2025: fueron 960 y 900, respectivamente. Pero en nacimientos bajó de los 905 a los 688. Su diferencia hoy entre nacimientos y defunciones es del 31%.
Alta Gracia es, de las seis ciudades mayores del interior, la que más creció en habitantes en la última década. Pero sólo lo puede explicar por las mudanzas que recibió, sobre todo de su vecina Capital. Porque en 2025, Alta Gracia registró 421 nacidos frente a 682 fallecidos, con una diferencia del 62%, que cinco años antes era de sólo 1,5%.
Río Tercero muestra la diferencia mayor del grupo. Bajó de los 608 nacimientos contados en 2020 a los 379 del año 2025. Pero mantuvo un similar volumen de muertes: de 740 a 713 en esos mismos años. La diferencia en 2025 fue del 88%, cuando en 2020 era del 22%.

En los seis casos, si se observa la evolución de los números entre 2020 y 2025 se constata que las cifras de fallecidos se mantiene similar, con algunos matices. El más evidente es el exceso de muertes durante 2021 y 2022, adjudicados a los efectos de la pandemia de Covid.
Pero esos saltos en escalera de defunciones han sido mucho menores que los de la caída libre en ascensor de los nacimientos.
La Capital, diferente
En la ciudad de Córdoba –donde vive el 39% de la población provincial– se escribe otra historia: la Capital registra ahora una similar cantidad de nacimientos que de defunciones.
Traducido en cifras: en 2025 hubo 14.452 niños que nacieron frente a 14.166 personas que fallecieron. Empate técnico: 2% de diferencia a favor de los recién llegados. Cinco años atrás, eran 15.641 nacidos ante 15.402 muertos: igual empate, con 1,5% de diferencia.
El todo y las partes
Si se toma la provincia en su totalidad, 2024 y 2025 fueron los primeros años en su historia en los que se reportó un saldo poblacional negativo, aunque por margen estrecho.
Hubo el año pasado 1.174 fallecimientos más que nacimientos en todo el mapa provincial.
La Capital, por volumen, tiene alta incidencia en ese resultado.
Pero también algunas localidades que se distinguen por su crecimiento poblacional en la última década, a partir de las migraciones recibidas. Y generalmente, quienes migran son jóvenes y por lo tanto población con más chances de tener hijos que los segmentos más envejecidos.
Valen un par de ejemplos de esa lista de localidades que en el último censo figuraron entre las de mayor aumento poblacional.
Uno: en 2020, Anisacate anotó 104 nacimientos y solo 9 defunciones, mientras que en 2025 fueron 76 y 27, respectivamente. Es notoria la caída de nacimientos, pero igual hoy son aún más los que nacen que los que mueren.
Dos: Malagueño contó en 2020 una cifra de 292 nacidos y 58 decesos, que en 2025 mutaron a 135 y 58. También nacieron muchos menos ya, pero siguieron siendo más que los fallecidos.
Un experto explica
Al interrogante abierto, de por qué la ciudad de Córdoba ofrece una ecuación distinta que las seis mayores del interior, el demógrafo Leandro González –docente de la UNC e investigador en el Conicet– responde que una razón clave sería que en la Capital hay mayor proporción de sectores socioeconómicos vulnerables.

“Es probable que esos sectores tengan menos chances de planificación familiar, por razones económicas y culturales, y a pesar de que la tasa de natalidad bajó mucho en todos los estratos sociales, es factible que haya bajado menos entre los más pobres”, señaló González, tras aclarar que se trata de una hipótesis y no de una certeza porque “los datos existentes sobre natalidad no están desagregados por nivel socioeconómico”.
González recordó que los datos estadísticos sobre natalidad ofrecen detalles por edades y regiones, pero no aportan certezas sobre niveles sociales.
“En general, se presume que las familias pobres siguen siendo algo más numerosas que las de clase media o alta, aunque hayan bajado también su tasa de hijos por mujer en la última década”, señaló González a La Voz.
“No hay otra razón a la vista que explique la diferencia que aún subsiste entre la Capital y las mayores ciudades del interior”, apuntó.
El experto agrega otro punto en la misma línea: “De la Capital se viene mudando gente a otras ciudades de sus alrededores que, en general, es de perfil socioeconómico medio y alto. Se muda el que puede. Entonces, queda sin moverse la población de un perfil más modesto”.
Datos oficiales
Los datos para este informe fueron tomados de una reciente publicación elaborada por el Idecor (Instituto de Datos Espaciales de Córdoba), en base a información oficial del Registro Civil de la Provincia.
Ese trabajo precisa que son datos “georreferenciados por lugar de registro, del nacimiento y de la defunción”.

Cómo seguirá
¿Cómo seguirá esta historia? El demógrafo Leandro González apuntó que la caída en nacimientos se acentuará, al menos por varios años más, y que luego podría estabilizarse, pero en un piso ya bajo que muy difícilmente levante.
“No sólo que las mujeres tienen menos hijos, sino que muchas eligen tenerlos a mayor edad. Entonces, dentro de 10 años, por ejemplo, se recuperaría algo de esta generación que ahora no los tiene”, intuyó.
En fallecimientos, el investigador marcó que siempre resultan más estables, aunque lo esperable es que vaya subiendo levemente el número año tras año, por el paulatino proceso de envejecimiento de la población.
Salvo –aclaró– que ocurran crisis de salud como la pandemia que por un par de años pueden trastocar las tendencias.
El mundo, hoy, debate estas cuestiones como centrales hacia adelante. La baja marcada de la natalidad representa desafíos relevantes para los sistema de educación y de salud, para la economía, la actividad productiva y los sistemas jubilatorios.






