
100 ideas para el Suquía: un hackatón para pensar soluciones para el río
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Redacción La Voz
Un equipo interdisciplinario proyecta soluciones a desafíos ambientales, urbanos y sociales que enfrenta el río Suquía, cuyas aguas atraviesan la ciudad de Córdoba.
Las propuestas surgieron como fruto del evento “Suquía 2040: 100 ideas en 100 minutos”, que reunió a investigadores, profesionales, estudiantes e interesados en la temática, realizado por el Programa de Educación en Ciencia y Tecnología de la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Entre las ideas principales sobresale la creación de una reserva del río Suquía, con un sistema integrado de monitoreo y un plan integral de gestión de la cuenca.
La iniciativa generó un espacio de articulación entre la UNC, el sector público, organizaciones sociales y la comunidad para trabajar en líneas de acción a mediano y largo plazo.
La propuesta de creación de la reserva urbana del Suquía busca consolidar un corredor biológico que articule ecosistemas y espacios verdes a lo largo de la ciudad. En tanto idea incipiente, aún no se definió el tramo del río donde se implementaría, ya que es necesario evaluar la factibilidad según diferentes zonas.

“En seis meses se avanzará en ese análisis”, sostuvo Marcelo García, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC, quién participó de las mesas de proyectos.
Esta zona protegida evitaría la degradación ambiental al restaurar el sector con la forestación de especies nativas, la recuperación de humedales, la reducción de la intervención antrópica en las márgenes, y un nuevo vínculo entre la ciudad y el río.

“El proyecto también implica un cambio en la concepción del río: pasar de un uso recreativo a una visión que priorice su funcionamiento como ecosistema”, indicó García. Para eso se requiere la incorporación de criterios ambientales en la planificación urbana y la regulación del desarrollo en zonas ribereñas.
Su implementación demandará la articulación con normativas existentes, la participación de instituciones y comunidad, y el desarrollo de campañas de concientización.
Para reducir los desechos que van a parar al río, la propuesta interdisciplinaria proyecta abordar el problema con infraestructura, educación, incentivos y mayores controles.
Ello incluye la mejora de los sistemas de recolección diferenciada, la instalación de dispositivos de retención en puntos críticos y el fortalecimiento del mantenimiento del espacio público.
Además, se plantea la implementación de campañas de educación ambiental y un trabajo en barrios con presencia de microbasurales. Además de ecocanjes y soluciones para residuos orgánicos, como composteras comunitarias
Una de las soluciones planteadas incluye una plataforma integral de monitoreo que permita relevar, procesar y visualizar información en tiempo real sobre el estado del río.
El sistema combinaría sensores ambientales –ubicados en puntos estratégicos del cauce y sus márgenes– con datos generados por la ciudadanía a través de herramientas digitales accesibles.
Con esta iniciativa se busca aunar toda la información en una única plataforma de acceso abierto, para así integrar datos sobre la calidad del agua, las condiciones ambientales, el uso del espacio y la percepción social.
Ello permitiría no solo mejorar la toma de decisiones por parte de organismos públicos, sino también fortalecer la transparencia y el involucramiento ciudadano.
La prueba piloto para el monitoreo comenzaría en un tramo urbano del río y luego se haría en otros sectores. García sostuvo que actualmente ya hay algunas variables que son monitoreadas, como la cantidad de agua y el nivel del río, pero se carece de datos sobre la calidad.
En los últimos años la situación del Suquía mejoró sensiblemente con el monitoreo de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (Edar) de Bajo Grande, pero aún sigue siendo un desafío trabajar con las fuentes difusas en zonas urbanas.

La denominada “ciencia ciudadana” es fundamental para generar una base de datos que esté disponible y abierta, expresó García. Esa participación involucra a estudiantes, instituciones educativas y comunidades locales en la generación de datos ambientales.

El proyecto contempla el desarrollo de instancias de formación en escuelas y organizaciones, la provisión de kits de monitoreo accesibles y la realización de salidas a campo para la toma de muestras. Luego, esos datos pueden ser sistematizados y difundidos a través de plataformas abiertas.
La iniciativa se estructura en etapas que incluyen: capacitación, monitoreo activo y comunicación de resultados. En ese marco, la UNC cumpliría un rol central en la validación de los datos, la formación y la articulación con organismos públicos, mientras que las escuelas y organizaciones sociales funcionarían como nodos territoriales.
“El impacto esperado es doble: por un lado, mejorar la disponibilidad de información sobre la calidad del agua, y por otro, generar procesos educativos y de participación que promuevan cambios en las prácticas sociales”, cerró García.