Salud. La segunda vida del joven de 22 años que recibió un corazón trasplantado en asistolia controlada
La suya fue la primera intervención de este tipo en adultos en el país. Tuvo lugar en el Hospital Córdoba el pasado mes de octubre y el paciente, de San José de las Salinas, ya volvió a estudiar y a hacer actividades físicas de baja exigencia.
Ezequiel Romero fue el protagonista de un hito histórico para la salud pública de Córdoba. El joven de 22 años, oriundo de San José de las Salinas, recibió en octubre de 2025 el primer trasplante de corazón de un donante en asistolia controlada practicado en adultos en Argentina.
La intervención se realizó en el Hospital Córdoba pero el órgano se encontraba en Santa Fe. Para poder trasladarlo y hacer la cirugía, equipos médicos cordobeses viajaron hacia el Hospital José María Cullen donde realizaron la ablación.
En el Hospital Córdoba se realizan trasplantes desde 2012 y el procedimiento se lleva adelante hace tiempo con riñones e hígados. Lo novedoso en este caso fue el tipo de ablación, que se trate de un corazón y que se realice en un adulto.
“Es la primera vez que hacemos un trasplante de corazón de un donante en asistolia controlada a un adulto, que a su vez es muy joven. Es un orgullo para Argentina y para Córdoba en particular”, dijo a La Voz Laura Altamirano, cardióloga tratante de Ezequiel.
La médica destacó el trabajo en equipo y la participación de múltiples áreas que permitieron llevar adelante esta intervención con éxito. “Del operativo formaron parte cirujanos, médicos, cardiólogos, enfermeros, personal de hemodinamia, de farmacia, de laboratorio, de mantenimiento, de limpieza. Es un grupo muy grande y es muy bueno poder contar con el apoyo de todos”, comentó.
Un diagnóstico limitante
Ezequiel se atendía en el Hospital desde el año 2024 por un diagnóstico de insuficiencia cardíaca. “Cuando me enfermé me acuerdo que tuve que venir a Córdoba donde me hicieron todos los estudios y ahí salió que tenía problemas de corazón”, contó el joven a este medio.
Y agregó: “antes de esto yo tenía una vida normal, podía andar en bici, salir a correr, jugar al fútbol. Después me empecé a agitar mucho, no podía caminar muchas cuadras, para dormir usaba tres almohadas para estar sentado porque me faltaba el aire y casi no podía hablar. Me bajoneé mucho”.
“Él tenía una miocardiopatía dilatada, es decir, su corazón se había agrandado. Fue entonces cuando lo vimos por primera vez. En mayo de 2024 fue el diagnóstico y lo empezamos a estudiar de cerca y comenzó a tomar la medicación”, explicó Altamirano.
Aunque inicialmente el tratamiento dio muy buenos resultados y el joven se atendía de forma ambulatoria, luego se presentaron descompensaciones por lo que el equipo de salud decidió iniciar los estudios correspondientes para su inclusión en la lista de espera de trasplante cardíaco.
Tras una nueva y severa descompensación clínica en junio del 2025, Ezequiel ingresó en la lista de urgencia y esperó el trasplante internado. La noticia de un corazón disponible llegó casi cuatro meses después.
“Me acuerdo que llamaron a mi familia primero y después el doctor Rodolfo Sarjanovich, jefe de la unidad coronaria, me dijo que había un donante. Sentí mucha alegría de saber que iba a poder tener un órgano nuevo y hacer vida normal”, contó el joven.
La oportunidad de “otra vida”
Antes de la intervención Ezequiel explicó que no estaba preocupado: “tenía que estar muy relajado porque si me ponía nervioso iba a ser peor para mí. Además, no quería darle más intranquilidad a mi mamá, quería que sintiera que yo podía pasar esa prueba”.
La operación se desarrolló sin ninguna complicación y el postoperatorio tuvo una excelente evolución. “Salió muy rápido de la cama, algo que es muy bueno, y en total pasaron solo dos semanas desde que salió del quirófano y hasta que le dimos el alta”, precisó la cardióloga.

Para el cordobés el trasplante significó la posibilidad de seguir adelante y de volver a su pueblo con sus seres queridos. “Sentí mucha alegría cuando volví y pude ver a mi familia y a mis amigos de nuevo. Extrañé un montón el tiempo que estuve internado”.
Además, su nuevo corazón hoy le permite volver a disfrutar paulatinamente de actividades cotidianas que antes no podía realizar. “Ahora puedo caminar varias cuadras sin agitarme y volver a andar en bici que es lo que más me gusta”.
Y agregó: “todavía no me animo a correr y no puedo jugar al fútbol pero más adelante voy a poder. Lo del trasplante fue muy fuerte, me dieron la oportunidad de otra vida. Me gustaría conocer a la familia del donante y agradecerles por el órgano que recibí”.
¿Cómo está Ezequiel hoy?
Después de la intervención, el paciente permaneció los primeros meses en la ciudad de Córdoba en la casa de un familiar. En la actualidad asiste a controles cada dos meses dónde los médicos monitorean su evolución a través de un análisis de sangre, un examen general, un ecocardiograma y una biopsia si corresponde.
En relación a su estado de salud actual, Altamirano explicó que Ezequiel se encuentra estable y que las biopsias no mostraron rechazo. "Está realizando actividades físicas de baja exigencia, como caminatas y distintos ejercicios, y comenzó a estudiar”, comentó.

La cardióloga explicó que los pacientes trasplantados pueden tener una vida normal y que la evidencia reciente incluso indica que pueden realizar actividad física de alta intensidad, siempre que sea de manera progresiva y bajo estricta supervisión médica.
No obstante, remarcó que durante el primer año es fundamental mantener cuidados especiales. En esta etapa inicial, el uso de inmunosupresores resulta clave para prevenir el rechazo del órgano, un riesgo que es mayor en los primeros meses y que disminuye con el tiempo, permitiendo un ajuste progresivo de la medicación.
“Ahora estoy haciendo un curso de electricidad y me gustaría hacer otra cosa más. Antes de que me enferme estaba por estudiar en la escuela de militares pero después pasó todo esto y no pude. Me gustaría retomar más adelante”, cerró el joven.
Qué es la asistolia controlada
“El trasplante cardíaco marcó un antes y un después en la vida de Ezequiel; le permitió volver a proyectar. La donación en asistolia representa una esperanza más para muchas personas que se encuentran en lista de espera porque aumenta la cantidad de órganos disponibles”, sostuvo Altamirano.
Consultada respecto a este procedimiento precisó que tradicionalmente todos los órganos provenían de pacientes con muerte encefálica o cerebral, pero que su corazón seguía latiendo.
“En la asistolia controlada, en cambio, se trata de personas con alguna enfermedad irreversible que provoca que su corazón deje de latir, y aunque no haya muerte cerebral, sus órganos pueden ser donados. Una vez que se produce la falla cardíaca se evalúa si el corazón está apto y si se constata que no tiene daño, se puede utilizar”, detalló.
En otras palabras, la donación en asistolia controlada es una técnica que permite que pacientes fallecidos por paro cardíaco se conviertan en donantes efectivos, eliminando la necesidad de esperar un diagnóstico de muerte cerebral para proceder con la ablación.
Su implementación bajo protocolos definidos y supervisados por equipos multidisciplinarios inauguró un capítulo clave en el sistema de salud del país. El procedimiento se enmarca en la Ley 27.447 de Trasplante de Órganos, Tejidos y Células, que reconoce la muerte por cese irreversible de funciones circulatorias como criterio válido.

A partir de ese marco legal, el Incucai aprobó en 2023 un protocolo nacional que regula la donación en asistolia controlada. La norma establece con precisión los pasos que deben seguir los hospitales, el rol de cada equipo involucrado y las condiciones éticas y técnicas necesarias para llevar adelante el proceso.
Este modelo de donación se fundamenta en un protocolo de alta sensibilidad bioética: la Adecuación del Esfuerzo Terapéutico (AET). Esta instancia se activa cuando el equipo médico, en consenso con el paciente o su familia, decide retirar el soporte vital ante la irreversibilidad del cuadro.
Lejos de ser un acto meramente clínico, este proceso garantiza el derecho a una muerte digna. Bajo este marco, la muerte se traslada a un entorno quirúrgico controlado donde, tras el cese circulatorio, se asegura la viabilidad de los órganos.




