Una gesta. "Gallo Rojo": historia de emprendedoras cordobesas que producen huevos, ahí donde el agua no llega

Es liderada desde hace una década por mujeres del paraje Piedra Blanca, próximo a Córdoba capital. La producción de huevos de gallinas sin pastoreo desafía la falta de servicios y la crisis económica.

13 de mayo de 2026 a las 03:33 p. m.
"Gallo Rojo": historia de emprendedoras cordobesas que producen huevos, ahí donde el agua no llega
"Gallo Rojo", la historia de emprendedoras cordobesas que producen huevos donde el agua no llega.

En 2016, diez mujeres cordobesas que comparten una misma geografía e idénticas problemáticas se juntaron para hacerles frente e intentar mejorar sus condiciones de vida.

Fundaron entonces  "Gallo Rojo", una cooperativa que produce huevos de gallinas, libres de pastoreo, por puro impulso de alcanzar independencia económica y generar recursos para sus familias.

El nombre surgió como una forma de soñar hacía el futuro. Les gustó como sonó y así quedó.

En una zona donde la mayoría de sus habitantes trabaja en cortaderos de ladrillos, estas mujeres nacidas y criadas en el paraje Piedra Blanca, ubicado a metros del peaje de la ruta 36 y a pocos kilómetros de la cárcel de Bouwer, resisten frente a la falta de servicios básicos como el agua potable.

Actualmente producen 140 maples de huevos a la semana y tienen 1.500 gallinas ponedoras con la que abastecen a locales comerciales y ferias agroecológicas.

Independencia económica y laboral

Actualmente producen 140 maples de huevos a la semana y tienen 1.500 ponedoras con la que abastecen a locales comerciales y ferias agroecológicas.
Actualmente producen 140 maples de huevos a la semana y tienen 1.500 ponedoras con la que abastecen a locales comerciales y ferias agroecológicas. (Ramiro Pereyra)

Gallo Rojo surgió por "la necesidad de independizar a la mujer del trabajo de los cortaderos de ladrillos que es un tarea pesada", relató Mariela Moreno, integrante de la cooperativa. "Aquí viven familias bolivianas y argentinas", apuntó.

Primero comenzaron con la cría de pollos parrilleros. "Arrancamos sin saber nada y armamos los gallineros", agregó Moreno. Las familias fabricaron los corrales en los patios de sus casas y producían de acuerdo al espacio con el que contaban.

Las familias fabricaron los corrales en los patios de sus casas y producían de acuerdo al espacio con el que contaban.
Las familias fabricaron los corrales en los patios de sus casas y producían de acuerdo al espacio con el que contaban. (Ramiro Pereyra)

Después, el sueño se agrandó. Les gustó la crianza de pollos porque "se vendía y se comía", contó la mujer. Luego, con la ayuda de especialistas, se capacitaron y armaron corrales para ponedoras.

Pero había que resolver la falta de agua, y para ello construyeron cisternas de placa donde recolectan y almacenan agua de lluvia. Por estos días, y gracias a las abundantes lluvias están al tope. Pero hay épocas en que falta.

Ayuda para el hogar

"Para nosotras es muy bueno porque podes ayudar desde la casa y en los hornos de ladrillos", expresó Paulina Saldaña.
"Para nosotras es muy bueno porque podes ayudar desde la casa y en los hornos de ladrillos", expresó Paulina Saldaña. ( Ramiro Pereyra)

La cooperativa siguió creciendo. Ahora, tienen una fabrica donde arman los alimentos para las gallinas. Venden la producción de huevos a comercios de Córdoba y en la feria agroecológica de la Ciudad Universitaria.

"Para nosotras es muy bueno porque podes ayudar desde la casa y en los hornos de ladrillos", expresó Paulina Saldaña. Ella precisó que si cría más de 50 gallinas mejora el cuadro "porque así ya nos queda dinero".

"Para nosotras fue algo soñado porque logramos independencia, ya que no tenemos estudios, y el manejar un negocio nos ayudó a crecer", resumió Moreno.

El paraje en una zona gris

Los cortaderos de ladrillos forman parte del paisaje en Piedra Blanca.
Los cortaderos de ladrillos forman parte del paisaje en Piedra Blanca. ( Ramiro Pereyra)

Para ingresar al "pequeño poblado" donde viven al menos 50 familias hay que hacerlo por un precario camino de tierra, que apenas se visualiza desde la ruta, señalado por un cartel de color blanco. Al frente se divisa la montaña de enterramiento de basura cercana, y más lejos, el complejo carcelario de Bouwer.

Sus viviendas aún están rodeadas de monte autóctono, y de cortaderos de ladrillos. La dinámica de los pobladores discurre entre las gallinas, la cría de pollos, la producción de huevos y el trabajo con la tierra.

"Este paraje ya existía hace más de 50 años. No sabemos quién le puso el nombre. Antes había más campo, ahora hay más casas, pero distantes una de otras", contó Moreno.

Elba Bravo mostró las notas que presentaron los vecinos ante las diferentes gestiones municipales.
Elba Bravo mostró las notas que presentaron los vecinos ante las diferentes gestiones municipales. (Ramiro Pereyra)

El paraje está a pocos kilómetros del barrio Nuestro Hogar III, ya en Capital, y a 18 kilómetros del centro de la ciudad de Córdoba. Pero el lugar se encuentra jurídicamente en una "zona gris" con respecto a los ejidos municipales. No forman parte de Bouwer ni de la Capital. Y no pueden acceder a los servicios básicos: no tienen recolección de residuos, ni asfalto, ni mantenimientos de calles, ni agua potable. Nada.

Llevan décadas de reclamos ante los municipios de Córdoba y de Bouwer, pero las soluciones no llegan.

"Estamos en zona gris. No tenemos servicios", agregó Esteban Flores, uno de los dos integrantes varones de Gallo Rojo.

Vivir sin agua potable

Las familias de Piedra Blanca tienen que compran agua potable en camiones para consumo humano. Y almacenan el agua de lluvia en cisternas que después utilizan para regar la huerta comunitaria, lavar alimentos y vestimenta, y darle a los animales.

"Vivo desde 1967 y desde entonces ya no teníamos agua. Si llueve recolectamos en cisternas, pero sino hay que pagarle $80 mil a un camionero para que nos traiga", dijo Elba Bravo, otras de las integrantes de Gallo Rojo.

Una de las cisternas con las que se abastecen de agua.
Una de las cisternas con las que se abastecen de agua. ( Ramiro Pereyra)

Si bien la Municipalidad de Córdoba le envía una vez al mes un camión con agua para consumo familiar, Bravo aseguró que les alcanza solo para unos pocos días.

La misma situación atraviesa Roxana Brizuela, quién dejó la ciudad hace diez años para vivir en el paraje. "Se sufre la falta de agua, pero también del transporte urbano. Para movilizarnos tenemos que usar el interurbano", señaló.

Otra de las cisternas construidas por la cooperativa.
Otra de las cisternas construidas por la cooperativa. (Ramiro Pereyra)

Además, afirmó que por vivir al frente del enorme basural conviven con el mal olor y las moscas, y dicen sentir abandono por parte del Estado. "Presentamos notas en diferentes gobiernos municipales, pero nunca se llega a nada", expresaron las integrantes.

Mariela Moreno añadió: "Estamos tan cerca de la ciudad y no somos visibilizados. Como si este lugar no existiera ni vivieran personas". Pero –enfatizó– "acá estamos y amamos este lugar, es una lucha diaria".

Las familias también una huerta comunitaria desde hace cuatro años.
Las familias también una huerta comunitaria desde hace cuatro años. ( Ramiro Pereyra)

Huerta comunitaria

Las familias también sostienen una huerta comunitaria desde hace cuatro años. La armó la iglesia del lugar, con un vivero, y ahora, con el apoyo de estudiantes de Agronomía, la producción se amplió.

"Hace un año estamos con el ingeniero Adonay Palomino que nos ayudó a mejorarla", relató Roxana Brizuela. Producen acelga, lechuga, pimiento, tomate, zanahoria y hierbas aromáticas.

Las verduras son para consumo propio, pero si la producción es abundante venden al resto de los vecinos. En el paraje no tienen otra manera de acceder a los alimentos: no hay una verdulerías ni supermercados.

La historia convertida en obra de teatro

La historia de las mujeres de la cooperativa se transformó en una obra de teatro, producida por el grupo de actrices Las Escuchadoras. Ya se presentó en la misma cooperativa y en el espacio Cepia de la UNC.

"Es gente muy trabajadora, muy comprometida. Sus historias emocionan", señaló la actriz María Mauvesin, que junto a Lucrecia Paesani, Soledad Leiguarda y Camila Rossa, y la música de Romina Cannistraro, reviven esas realidades desde las tablas. Ayudan, por esa vía, a hacer más visibles esas historias forjadas en sitios olvidados.