Buenos Aires. La familia de Diego Fernández Lima reclama justicia a un año del hallazgo de sus restos
El adolescente había desaparecido en 1984 y sus huesos fueron encontrados en una casa de Coghlan en mayo de 2025. La investigación volvió a enfocarse en el homicidio y en las últimas semanas sumó nuevas medidas y testimonios.
A un año del hallazgo de los restos de Diego Fernández Lima, el adolescente desaparecido en 1984, la causa judicial atraviesa una nueva etapa marcada por medidas de prueba, testimoniales y un renovado impulso en la investigación. Mientras tanto, su familia asegura que todavía espera respuestas sobre quién lo asesinó y cómo ocurrió el crimen.
“Hace un año que no duermo. Hace un año que la peleo con todos: abogados, fiscales... Pero voy a seguir hasta las últimas consecuencias”, expresó Javier Fernández Lima, hermano de Diego en diálogo con Infobae.
Los huesos del joven fueron encontrados el 20 de mayo de 2025 durante trabajos de construcción en una vivienda de avenida Congreso al 3700, en el barrio porteño de Coghlan. El hallazgo puso fin a más de cuatro décadas de incertidumbre para la familia, aunque abrió una nueva etapa atravesada por el dolor y el reclamo de justicia.
Cómo fue el hallazgo en Coghlan
La investigación comenzó tras el descubrimiento de restos óseos por parte de obreros que trabajaban en una propiedad donde años atrás había vivido el músico Gustavo Cerati. Inicialmente se creyó que el cuerpo estaba enterrado en ese terreno, pero luego se determinó que los restos habían aparecido en el jardín lindero, perteneciente a la familia Graf.

Según reconstruyeron los investigadores, un derrumbe de medianera y movimientos de tierra habrían provocado un leve desplazamiento del cadáver, lo que generó confusión en las primeras horas del caso.
Ese dato ubicó rápidamente en el centro de la investigación a Cristian Graf, excompañero de colegio de Diego y dueño de la vivienda lindera donde se hallaron los restos.
La situación judicial de Cristian Graf
En una primera etapa, Graf fue imputado por encubrimiento agravado y ocultamiento de pruebas. Sin embargo, en octubre pasado el juez Alejandro Litvack dictó su sobreseimiento. La decisión fue apelada por el fiscal Martín López Perrando y, semanas más tarde, la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones anuló tanto el sobreseimiento como la indagatoria.

Desde entonces, el expediente volvió a concentrarse en el hecho principal: el homicidio de Diego Fernández Lima. Fuentes vinculadas a la investigación señalaron que en las últimas semanas la causa “recobró fuerza” a partir de nuevas medidas impulsadas por la fiscalía.
Georradar y nuevas pruebas
Uno de los procedimientos más relevantes se realizó el pasado 4 de mayo, cuando efectivos de Gendarmería trabajaron con un georradar en el jardín trasero de la casa de Coghlan.
El análisis de las imágenes detectó un sector específico que podría volver a ser inspeccionado. Aunque la medida todavía no fue confirmada, forma parte de las alternativas que evalúan los investigadores.
En paralelo, la fiscalía avanzó sobre el entorno personal y familiar de Graf para reconstruir cómo era la dinámica de la vivienda en la época en que Diego desapareció. Entre los datos relevados aparecen detalles sobre las actividades laborales y sociales del grupo familiar, además de testimonios de allegados y antiguos conocidos.
Testimonios y reconstrucción del entorno
Una de las declaraciones consideradas relevantes fue la de Daniela Barreiro, ex esposa de Cristian Graf y madre de sus tres hijos mayores. La mujer vivió más de diez años en la casa de avenida Congreso 3742 y aportó información sobre personas cercanas al entorno familiar.
A partir de esos datos declararon recientemente Miguel Riños y Carlos Elizari, amigos vinculados a Graf desde su paso por los scouts. Ambos entregaron sus teléfonos celulares para que se analizaran conversaciones de WhatsApp.
Las testimoniales continuarán durante las próximas semanas. Según fuentes judiciales, también fueron convocadas personas que se presentaron voluntariamente para aportar información sobre el caso.
“Diego salió a la luz”
Para Javier Fernández Lima, el hallazgo de los restos significó terminar con décadas de incertidumbre, aunque no con el sufrimiento. “Dentro de tanto dolor, de tanta tristeza y de tanta espera, lo veo como positivo: Diego salió a la luz para que el mundo lo conozca”, sostuvo.
El hermano de la víctima contó que desde que los restos fueron identificados suele visitar el cementerio de la Chacarita, donde descansa Diego. “Cada tanto voy a hablar con él para pedirle que me dé fuerza”, relató.
También recordó detalles de la infancia compartida: los partidos de fútbol en la habitación, los paseos en bicicleta y las tardes en el club Excursionistas, donde Diego jugaba y era considerado una promesa deportiva.
El impacto en la familia
La aparición de los restos también impactó profundamente en Irma Lima, madre de Diego, hoy de 88 años. Según relató Javier, durante décadas mantuvo la esperanza de volver a ver a su hijo. “Hasta hace un año miraba por la ventana esperando que apareciera o llamara por teléfono”, contó.
Tras la confirmación de la identidad de los restos, aseguró que su madre “cambió totalmente su forma de ser”. “Está triste, apagada. Cuando ve una foto de Diego llora. No puede entender”, describió.

Una causa sin cierre
El Equipo Argentino de Antropología Forense tuvo un rol clave en la identificación de los restos y en la reconstrucción de las circunstancias del hallazgo. Para la familia Fernández Lima, sin embargo, el aniversario no representa un cierre.
Después de 41 años, Diego ya no figura como desaparecido. Pero el crimen continúa impune y la investigación todavía busca determinar responsabilidades. “Estoy solo con mis abogados, pero atrás tengo un ejército de gente de bien”, afirmó Javier al referirse al apoyo que recibe en redes sociales y en la calle desde que el caso tomó estado público.
Mientras la causa suma nuevas medidas y declaraciones, la familia insiste en el mismo pedido que sostiene desde hace más de cuatro décadas: saber quién mató a Diego Fernández Lima.





