Crimen de Coghlan. “A partir de esta historia no sé quién es”, declaró un amigo de Cristian Graf, el sospechoso principal
Fernández Lima tenía 16 años cuando desapareció, hace 42 años, y fue asesinado.
Un amigo de Cristian Graf, el hombre que quedó bajo sospecha por el crimen de Diego Fernández Lima hace 42 años y cuyos restos fueron hallados en su casa del barrio porteño de Coghlan, declaró como testigo en la causa y dejó dos afirmaciones que no pasaron por alto.
Miguel Riños, si bien no aportó pistas para avanzar en una línea investigativa que permita saber quién mató a Fernández Lima, dijo que “a partir de esta historia no sé quién es Cristian Graf” y que “esto sacudió la imagen que tenía de él”.
Eso reconstruyó el diario La Nación de fuentes que participaron de la audiencia testimonial, realizada ante el fiscal nacional en lo criminal y correccional Martín López Perrando. De la diligencia también participó el abogado Tomás Brady, quien junto con su colega Hugo Wortman Jofré representa a la familia de la víctima.
El caso de Fernández Lima
Fernández Lima tenía 16 años cuando desapareció, la tarde del 26 de julio de 1984. Había sido compañero de Graf, quien ahora tiene 58, en segundo año de un secundario.
Riños afirmó en su declaración que conoció a Graf en 1985, es decir, después de la desaparición de Diego. Hubo un punto álgido en su testimonial, según pudo reconstruir el medio porteño: fue cuando le preguntaron si, a partir de la notoriedad de la noticia del hallazgo de los restos óseos en el jardín de la casa de su amigo, habían hablado del tema.
“Nunca hablamos del tema”, afirmó. Aunque poco después recordó que “después de terminado el asunto” Graf los convocó a él y otros amigos a un encuentro en febrero pasado. Entonces, reconoció, Graf les dijo: “No sé qué fue lo que sucedió” para que los huesos aparecieran enterrados en el fondo de su casa. El testigo dijo no recordar qué amigos estuvieron en la reunión convocada por el imputado en el caso Fernández Lima.
Los investigadores esperan reconstruir los momentos previos y posteriores al encuentro a partir de los mensajes de WhatsApp que aportaron Riños y otro testigo que declaró también esta semana, Carlos Elizari.
Graf y los dos testigos se conocieron y se hicieron amigos en un grupo de scouts. La amistad perduró. Los nombres de los testigos fueron aportados por la exmujer y madre de los hijos mayores de Graf, Daniela Barreiro, a fines de febrero pasado, cuando declaró como testigo.
También habían sido nombrados en su indagatoria por el sospechoso como sus amigos, pero cuando la Sala V de la Cámara del Crimen, integrada por Ignacio Rodríguez Varela, Hernán López y Julio Lucini, revocó el sobreseimiento de Graf (dictado por el juez Alejandro Litvack), se declaró nula la declaración indagatoria del imputado. El tribunal de alzada ordenó reabrir la investigación.
Elizari, de 59 años, fue el segundo testigo en declarar. Como reveló Clarín, el acto tuvo una curiosidad: descubrieron que Elizari estaba grabando su declaración testimonial, algo que no está permitido.
“Se descubrió cuando se le solicitó su teléfono celular para hacer la migración de los chats de WhatsApp que había intercambiado como Graf al correo del Ministerio Público Fiscal”, dijo a La Nación una calificada fuente.
Elizari no pudo precisar cuándo conoció a Graf. Le preguntaron si fue durante la última dictadura cívico-militar o cuando en el país ya había retornado la democracia, pero dijo que no lo recordaba.
Ahora los investigadores del caso esperan hallar pistas en los chats entre el sospechoso y sus amigos y en el resultado del análisis del jardín de la familia Graf que la Gendarmería hizo la semana pasada con un georadar.

