Salud. Crisis en Pami: las demoras y los recortes, en la voz de los propios jubilados que los padecen

Afiliados denuncian dificultades para acceder a turnos, a medicamentos y a estudios, en medio de cambios en la cobertura y reclamos por pagos a prestadores. La crisis se agudiza con el correr de los meses y los adultos mayores dicen estar "olvidados".

18 de abril de 2026 a las 06:29 p. m.
Crisis en Pami: las demoras y los recortes, en la voz de los propios jubilados que los padecen
Jubilados en crisis por la situación del Pami.

La situación del Pami atraviesa un escenario de creciente complejidad, marcado por demoras en la atención, dificultades en el acceso a medicamentos y conflictos con médicos, clínicas y farmacias por los pagos. En los últimos meses, afiliados de distintos puntos del país comenzaron a advertir un deterioro sostenido en las prestaciones, con impacto directo en su salud y en su calidad de vida.

Los problemas no responden a una única causa. A las demoras administrativas y a la burocracia para autorizaciones se suman cambios en la cobertura, reducción de beneficios y retrasos en los pagos a prestadores, lo que deriva en menor disponibilidad de servicios. El resultado es un sistema tensionado, donde los tiempos de espera se alargan y la atención se deteriora.

En ese contexto, darle la palabra a jubilados y jubiladas cordobeses permite dimensionar el alcance de la crisis. Las dificultades para conseguir turnos, el costo de los medicamentos y la incertidumbre sobre la continuidad de tratamientos aparecen como ejes recurrentes en relatos atravesados por la preocupación y el desgaste cotidiano.

Jubilados en crisis por la situación del Pami.
Jubilados en crisis por la situación del Pami. (José Gabriel Hernández / La Voz)

Turnos que se postergan y atención que llega tarde

Las demoras en la asignación de turnos se consolidan como uno de los principales problemas del sistema. Marta Vocos, jubilada de 75 años, lo dice de este modo: “Para el cardiólogo, hace tres meses que me vio, y en esa oportunidad hacía tres meses que había sacado el turno. Ahora tengo que mostrar estudios que me llevaron todo enero y febrero, y recién tengo turno para mediados de mayo”, explica a La Voz.

La consecuencia inmediata es la falta de diagnóstico y de tratamiento. “Estoy sin diagnóstico y sin medicación. A los 75 años esto se me hace durísimo. Nunca pensé en llegar a esta situación”, agrega.

En consultas generales, los tiempos tampoco son menores. “Para ver a mi médico de cabecera me lleva siempre casi un mes”, señala.

Jubilados en crisis por la situación del Pami.
Jubilados en crisis por la situación del Pami. (José Gabriel Hernández / La Voz)

Silvana, otra jubilada, coincide con ese diagnóstico y amplía la problemática. “Es muy difícil conseguir turnos. Si uno tiene una urgencia, no importa. Los turnos son a tres, a cuatro o a cinco meses”, sostiene.

La demora, en muchos casos, termina desvirtuando la consulta. “Cuando uno ya consigue el turno, posiblemente ya haya solucionado por otro medio o la urgencia ya pasó”, explica.

Jorge, jubilado, resume la situación: “Es una odisea conseguir turnos. Hay que esperar hasta cuatro meses. Estamos en una situación crítica”.

Además de los tiempos de espera, los afiliados señalan reprogramaciones constantes. “Me cambiaron el turno del médico de cabecera tres veces en un mes”, cuenta Marta. “Necesito que vea mis estudios y me dé las recetas, pero todo se va postergando”.

Jubilados en crisis por la situación del Pami.
Jubilados en crisis por la situación del Pami. (José Gabriel Hernández / La Voz)

Estudios demorados y diagnósticos en pausa

El acceso a estudios médicos también presenta demoras que impactan directamente en la continuidad de los tratamientos.

“Me llevó todo enero y febrero hacerme los estudios que me pidió el cardiólogo”, relata Marta. Esa acumulación de tiempos genera un efecto en cadena: sin resultados, no hay diagnóstico; sin diagnóstico, no hay tratamiento.

Norma Alicia Ourfalian, presidenta de un centro de jubilados, describe una escena que se repite en las sedes del organismo. “Nunca había visto una cantidad tan grande de afiliados intentando resolver problemas de salud urgentes”, señala.

Según explica, los turnos dependen de la disponibilidad de las instituciones. “Hay lugares que no tienen cupo hasta dentro de varios meses. Para algunos estudios no hay turnos hasta junio”, afirma.

En enfermedades complejas, las demoras adquieren mayor gravedad. Aldo Videla relata: “Para conseguir turno con un oncólogo tuvimos que intervenir directamente. Si no, la espera era mucho más larga”.

Grupo de Jubilados de barrio Juniors en crisis por la situación del Pami.
Grupo de Jubilados de barrio Juniors en crisis por la situación del Pami. (José Gabriel Hernández / La Voz)

Medicamentos: entre el costo y la discontinuidad

El acceso a medicamentos aparece como otro de los puntos más críticos del sistema. Marta lo resume de manera directa: “No puedo comprarlos sin descuento”.

Silvana aporta otro ejemplo que refleja la magnitud del problema. “Mis medicamentos son crónicos y me los sacaron de la cobertura. Tengo una medicación vital que, con Pami, me sale $ 60.000 o más”, explica.

La consecuencia es la discontinuidad del tratamiento. “Hay veces que la compro y hay veces que no. Alterno el consumo según las necesidades. Los tengo como una emergencia y no como algo periódico, como debería ser”, señala.

Ese uso intermitente de la medicación implica un riesgo sanitario concreto, ya que los tratamientos pierden eficacia cuando no se sostienen en el tiempo.

Marta también describe ese dilema cotidiano. “Hay meses en los que tengo que elegir: o compro los medicamentos y no me alimento bien, o priorizo la comida y dejo la medicación”.

Grupo de Jubilados de barrio Juniors en crisis por la situación del Pami.
Grupo de Jubilados de barrio Juniors en crisis por la situación del Pami. (José Gabriel Hernández / La Voz)

Roberto Magurno, jubilado de 77 años, suma otro aspecto: “No puedo comprar todos los medicamentos en tiempo y en forma. Algunos los consideran cosméticos, pero son imprescindibles para mi salud”.

En la misma línea, otros afiliados coinciden: “Los medicamentos más caros ya no te los dan, te dan los más baratos y muchas veces, al 50%”.

Cambios en la cobertura y más burocracia

Los jubilados coinciden en que la cobertura se modificó en el último tiempo. “La cobertura está mal, con cambios que no ayudan”, sostiene Marta.

Uno de los principales reclamos es la demora en la revisión de casos particulares. “Si pedís que revisen el descuento de un medicamento, tardan en responder. Y te dicen que depende de Buenos Aires”, explica.

Ese circuito administrativo prolonga los tiempos y obliga a los afiliados a resolver por su cuenta situaciones urgentes. Norma Ourfalian también señala el impacto del contexto económico. “Los haberes no se actualizan al ritmo del costo de vida y los medicamentos se vuelven inaccesibles”, afirma.

Prestadores en conflicto y servicios limitados

La relación entre Pami y los prestadores de salud es otro factor que incide en la calidad del servicio. Los reclamos por pagos generan tensiones que repercuten directamente en la atención del jubilado, el eslabón más débil de toda la cadena.

Aldo Videla advierte que algunos profesionales evalúan dejar el sistema. “Ya hay médicos de cabecera que están pensando en renunciar”, sostiene. También menciona cambios en la red de servicios. “La farmacia del barrio a la que iba habitualmente, dejó de atender Pami y tuve que cambiar”, relata.

En otros casos, la atención continúa pero con demoras. “En fisioterapia y emergencias podés esperar horas”, agrega.

El temor es que la situación se profundice. “Después van a ser los especialistas y las clínicas. Vamos a terminar todos en el hospital público”, advierte.

Grupo de Jubilados de barrio Juniors en crisis por la situación del Pami.
Grupo de Jubilados de barrio Juniors en crisis por la situación del Pami. (José Gabriel Hernández / La Voz)

Internaciones y atención de urgencia

Las dificultades también se extienden a la atención en situaciones críticas. Silvana describe un escenario complejo. “Cuando uno va con una urgencia, lo más probable es terminar en un pasillo de la guardia”, señala.

Según explica, solo los casos más graves acceden a internación inmediata. “Salvo que sea una situación hipercrítica, los pasan a internación. Si no, se mantienen en la guardia”, afirma.

También relata un caso que refleja las consecuencias de estas limitaciones. “Conozco a una señora con fracturas múltiples que necesitaba internación domiciliaria. La mandaron a la casa con hospital de día y nunca recibió la atención. Terminó falleciendo”, cuenta.

Saturación del sistema y malestar en la atención

La sobrecarga del sistema impacta en todos los niveles. “El personal está desbordado”, señala Ourfalian. Esa situación genera demoras en la resolución de trámites. “Te atienden rápido, pero no te solucionan el problema”, resume.

El malestar también se traslada al vínculo con los afiliados. “Te atienden con mal humor, como si nuestra obra social fuera de segunda”, dice Marta. Por su parte, María, otra jubilada, coincide: “Me atendieron pésimo”.

La espera como problema estructural

La espera atraviesa todo el sistema: turnos, estudios, medicamentos y autorizaciones. Ante la consulta de La Voz sobre cuál es el principal obstáculo, en cualquiera de las prestaciones, la mayoría de los jubilados respondieron: "la espera”.

Esa espera no es neutra: tiene consecuencias concretas en la salud. Los tratamientos se interrumpen, los diagnósticos se postergan y las enfermedades avanzan. “Hay gente que tiene tratamientos serios y no los puede hacer”, advierte Roberto.

Impacto económico y decisiones forzadas

El contexto económico agrava la situación. Los jubilados dependen de ingresos limitados que no alcanzan para cubrir todas sus necesidades. “Si pudiéramos pagar privado, no tendríamos estos problemas”, dice Jorge.

Jubilados en crisis por la situación del Pami.
Jubilados en crisis por la situación del Pami. ((José Gabriel Hernández / La Voz))

Pero la mayoría no tiene esa posibilidad. Por eso, el deterioro del sistema impacta de manera directa. “O comés o comprás los remedios”, resume una jubilada.

Centros de jubilados y servicios en retroceso

Los centros de jubilados también reflejan el impacto de la crisis. Aldo Videla explica que algunas actividades están en suspenso. “Pami nos mandaba talleres que iban a empezar en abril, pero ahora no saben”, señala.

También advierte una reducción en la atención administrativa. “Hay menos personal porque están ofreciendo retiros voluntarios”, afirma.

Toda esta situación, aumenta la preocupación por el futuro inmediato. “No veo que esto vaya a mejorar, al contrario”, advierte Videla.

Marta expresa su temor: “Me preocupa que terminemos sin cobertura y tengamos que ir al sistema público, que ya está colapsado”. En tanto, Roberto agrega: “Estoy pasando el peor momento como jubilado”.

La dimensión cotidiana de la crisis

Más allá de los datos, la crisis del Pami se traduce en situaciones concretas. Las demoras implican meses sin diagnóstico. La falta de medicamentos obliga a modificar tratamientos.

“Es desgastante y muy triste”, resume Marta. Silvana aporta otra dimensión: la adaptación forzada a un sistema que no responde. “Los medicamentos los uso como emergencia, no como deberían ser”, explica.

“Trabajamos toda la vida y merecemos vivir con dignidad”, plantea, al final, Ourfalian.