Inicio de clases. Regreso al aula y crecimiento emocional: cómo acompañar a niños y adolescentes

Tras las vacaciones, los chicos regresan al colegio con cambios madurativos que impactan en su aprendizaje, socialización y autoestima. Psicólogas advierten que el acompañamiento familiar es clave para su desenvolvimiento.

02 de marzo de 2026 a las 10:13 a. m.
Regreso al aula y crecimiento emocional: cómo acompañar a niños y adolescentes
Testimonio de familias que cuentan su experiencia del retorno a clases. María Inés Pacho y su hijo, Santiago, que tiene 15 años. Pedro Castillo

El regreso a las aulas no solo implica la organización de los útiles escolares, el uniforme y la rutina escolar con horarios y obligaciones sino que con ello también se vive un momento emocional que para algunos niños puede estar marcado por el entusiasmo y para otros es un desafío mayor ante la incertidumbre de un nuevo comienzo.

Además, los niños y adolescentes pasan de estar más libres durante las vacaciones a cumplir rutinas más estrictas, lo que para algunos puede tornarse una dificultad. Ya que las infancias están atravesadas por el deseo de encontrar un lugar amigable y seguro en el aula sobre todo para quienes recién comienzan el ciclo inicial o la primaria.

Este proceso se transita de manera diferente en cada familia: algunas más organizadas y expectantes, y otras corriendo detrás de los últimos arreglos y solicitudes de los colegios. Pero también con la preocupación de saber de qué manera empezarán las clases sus hijos, cómo se desenvolverán en el aula, cómo será la relación con sus pares, con los docentes y su desenvolvimiento académico.

¿Cómo acompañan los padres ese proceso? ¿Qué sucede en el regreso a clases? ¿Cómo se tejen los vínculos con sus pares? Especialistas en el tema responden estas preguntas.

"Al aula regresa un niño distinto al que se fue"

La psicóloga Déborah Bellota (M.N: 74.137), especialista en maternidad de crianza y familia del Centro Soltar, dijo a La Voz que el regreso a clases es un proceso para reconstruir pertenencia, identidad y confianza porque en periodos de vacaciones el niño cambia: el que vuelve no es el mismo al que se fue.

Testimonio de familias que cuentan su experiencia del retorno a clases. María Inés Pacho y su hijo, Santiago, que tiene 15 años. Pedro Castillo
Testimonio de familias que cuentan su experiencia del retorno a clases. María Inés Pacho y su hijo, Santiago, que tiene 15 años. Pedro Castillo (La Voz)

“Durante las vacaciones hay espacios de mucha creatividad y mayores vínculos con los padres, no tienen actividades extracurriculares, y también aparecen conflictos. Después de esa transición, los niños no vuelven de la misma manera: el colegio recibe a un niño distinto, cambiado”, afirmó.

Durante la preparación de la vuelta al colegio, las familias tienen que acompañar a sus hijos con las compras de útiles escolares, de las mochilas, en el armado del organigrama porque es parte de la adaptación y de la preparación, expresó la especialista.

En esa línea, la psicóloga Victoria Espeche (M.N: 10.792), integrante de la comisión de Infancias y Juventudes del Colegio de Psicólogos de la provincia de Córdoba, sostuvo que “armar la mochila es armar las ganas de ir a la escuela” y para las familias es un desafío.

“A las familias les importa que sus hijos vayan a la escuela. Los aprendizajes más formales vienen de la mano también del entusiasmo, del juego con sus pares, del recreo, con una seño que le mostrará cosas diferentes. Es lindo para los chicos”, afirmó.

Y para padres y madres es un momento de felicidad, porque los chicos estarán en un espacio de contención y cuidado. “Armar cierta rutina tiene que ver con un tiempo que no es solamente el tiempo de la familia, sino también el que arma la escuela”, explicó.

La escuela como espacio de encuentro

En la experiencia de muchas familias, el regreso no solo implica aprendizaje académico sino también la recuperación del espacio social.

María Inés, madre de un adolescente que inicia 5° año del secundario, lo vive así: “El verano está bueno, pero la escuela viene a organizar, levantarse más temprano, el encuentro con compañeros. Eso es importante de resaltar”.

Cuenta que su hijo está entusiasmado por reencontrarse con sus amigos. “No sé si los chicos quieren volver tanto por el aprendizaje sino más por el reencuentro. Reniegan de que hay que levantarse temprano, pero el interés va por ese lado”, explicó.

Uso del uniforme escolar en colegios de Córdoba.
Uso del uniforme escolar en colegios de Córdoba. (Pedro Castillo)

En la casa, el tiempo previo implicó promover otras actividades más allá de las pantallas. “Cuando los chicos están solo con el celu, como padres tenemos que pensar en otras opciones: manualidades, tiempo al aire libre. Eso requiere que estemos atentos”, señaló.

El debut en un ciclo

Para otras familias, el regreso tiene una carga emocional especial.

Jazmín, de Carlos Paz, vive este año un doble comienzo: su hija mayor inicia primer grado y la menor entra a sala de tres. “Fue muy emocionante porque la más chiquita quería empezar la escuela 'de grandes' y la más grande empezar primer grado”, relató.

El proceso implica reorganizar toda la vida cotidiana. “Después de casi tres meses de vacaciones empezamos a reacomodar horarios: acostarlas más temprano y levantarlas antes”, explicó.

También destacó los cambios en la organización escolar actual. “Hoy las escuelas piden una lista súper detallada. No es solo comprar útiles: hay que preparar cajas, rótulos, cuadernos específicos. Eso lleva tiempo y genera estrés”, expresó.

Sin embargo, el proceso compartido también fortalece el vínculo. “La compra y organización la hicimos con ellas. Lo vivieron con muchísima emoción y nosotros también”.

No solo es aprendizaje cognitivo sino emocional

Espeche sostuvo que la emoción del ingreso al aula es distinta para el niño que recién comienza: en la escuela no solo aprende a escribir y a leer sino también a socializar, a encontrarse con sus pares. Y ese encuentro tiene que ver cómo la familia lo posibilita, el ritual para que vaya ambientándose: desde armar la mochila, hacer las compras de útiles juntos, hasta contar anécdotas de los comienzos escolares de sus padres y acompañar en el primer día escolar.

En este punto, Bellota afirmó que cada familia vive el regreso escolar de sus hijos de diferentes maneras, depende de la etapa del desarrollo emocional del niño.

Colegio Inmaculada Concepción, de Villa Nueva (fotos de Martin Llampayas)
Colegio Inmaculada Concepción, de Villa Nueva (fotos de Martin Llampayas) (La Voz)

Y agregó que esa vuelta puede atravesarse con incertidumbre y es común que suceda. Allí, se ponen en juego: el nivel de socialización del niño, las habilidades para enfrentarse en un espacio distinto al de la casa, y su gestión emocional.

Por eso, la especialista recomendó a las familias formarse e incorporar información para brindarles los que sus hijos necesitan para el encuentro con sus pares. Antes de empezar hay que pensar: cómo fue la experiencia de sus hijos en el año anterior, si sufrió bullying, cuál es su grupo de pertenencia, si tiene una buena socialización, cómo le fue con las autoridades.

“Los cambios madurativos a veces son invisibles y a los padres nos cuesta mucho leerlos. Si un síntoma persiste hay que consultar. Y los primeros días serán claves para identificar el lugar simbólico que cada niño ocupa”, destacó.

Para ello aconsejó trabajar con anticipación, sobre todo con los niños que comienzan primer grado, en los que pueden aparecer regresiones como despertares nocturnos o chuparse los dedos, son conductas normales. Y en los más grandes aparecen ciertas rebeldías o confrontación. “Hay que estar atentos a estos cambios”, destacó.

La psicóloga añadió que la escuela tiene que alojar ese crecimiento: “El aula no solo es un espacio académico es un laboratorio de identidad. El grupo de pertenencia se formará si ese chico sabe regular su autoestima. Y el cambio de grupo también puede desorganizar, pero puede ser un alivio si el niño no se encontraba cómodo”.

El rol de las familias se extiende

El acompañamiento no termina en la infancia. Valeria, madre de una adolescente que inicia el secundario en una nueva escuela y abuela de un niño en primaria, atraviesa un doble momento.

“Estoy muy emocionada. Es volver a vivir todo lo que viví con mis hijos más grandes”, contó.

En su caso, la transición implica reorganizar la logística familiar: el cambio de una escuela privada a una pública, además el traslado al centro y el cambio de nivel (de primario a secundario). “La transformación es total, por ejemplo pasa de ir caminando a la escuela a trasladarse en colectivo. Por eso la vamos a acompañar los primeros días”.

Para ella, este regreso a clases no solo involucra a niños, padres y docentes, sino también a los abuelos. “Volver a pasar por esto con un nieto es una vivencia doble: compartir esa alegría y la preparación de la mochila en los mas chicos es toda una emoción”, expresó.

La importancia de los vínculos escolares

Bellota destacó que los nuevos compañeros, las nuevas maestras y los grupos que se rearman es parte de la identidad del niño y los vínculos que teje en la escolaridad. E hizo hincapié en la socialización como el eje de la crianza.

“Los niños aprenden a vincularse de acuerdo a lo que observan en la familia. Lo incorporan y después lo despliegan en la relación con sus pares. Van cambiando, un año puede ser amigo de un niño y al otro de otro niño. Eso conforma la identidad porque la experiencia deja huellas. Por eso es importante trabajar la socialización”, subrayó.

A clase no solo vuelve el niño sino también los adultos. Tenemos que socializar con los padres para conocer quiénes son las familias del niño que viene a jugar con mi hijo, por ejemplo. Si no lo hacemos perdemos control”, observó.

La psicóloga Espeche manifestó que el tiempo del adolescente es diferente al del niño, y destacó que hay que acompañar ese registro y organización del tiempo: el adolescente tiene su propio ritmo. Es importante que las familias acompañen y sapan que está con un sujeto más activo.

Finalmente, Bellota expresó que la experiencia de la primera infancia permite anticiparse a los problemas en la adolescencia: “Las herramientas que se le brinda al niño en los primeros diez años de vida ayuda luego al adolescente y conforma su identidad a futuro”.