Día del Celíaco. La historia de Calu, la emprendedora que convirtió su diagnóstico en una exitosa alfajorería sin TACC

Desde Santa Rosa de Río Primero, creó Calu Cakes tras no encontrar opciones ricas y seguras para celíacos. Hoy produce miles de alfajores por mes y se convirtió en un punto de referencia en el corredor que une Río Primero con Miramar de Ansenuza.

05 de mayo de 2026 a las 03:22 p. m.
La historia de Calu, la emprendedora que convirtió su diagnóstico en una exitosa alfajorería sin TACC
Calu Cakes, el emprendimiento sin TACC que es furor en el interior de Córdoba.

En el Día del Celíaco, una historia del interior cordobés pone en valor lo que significa transformar una necesidad en oportunidad. Carla Ludueña Francetic, emprendedora y fundadora de Calu Cakes, convirtió su propia experiencia como celíaca en un proyecto que hoy abastece a clientes de toda la región.

“Empezó por una necesidad”, cuenta. Tras mudarse a Santa Rosa de Río Primero, se encontró con una realidad común para muchas personas con celiaquía: la dificultad para acceder a productos sin TACC que sean, además de seguros, ricos, naturales y elaborados con ingredientes reales. “Quería comer algo artesanal y no encontraba. Entonces empecé haciéndolo para mí”, recuerda.

Ese primer impulso, sumado a cambios en su vida profesional —es comunicadora social—, la llevaron a tomar una decisión clave: apostar de lleno a un emprendimiento propio. Así nació Calu Cakes, una propuesta que hoy va mucho más allá de los alfajores premium que la hicieron conocida. En su cocina también se elaboran panes, cookies, criollitos, medialunas, pastelitos y una amplia variedad de productos sin gluten.

Uno de los pilares del proyecto es la seguridad alimentaria. En su espacio no hay contaminación cruzada: todo lo que se produce es libre de gluten. “Acá no ingresa nada con TACC. Eso le da tranquilidad a quien compra, que sabe que puede comer sin riesgo”, explica.

Pero hay otro diferencial que define a Calu Cakes: la calidad de sus ingredientes. Lejos de los ultraprocesados, la apuesta es por lo natural. “No usamos esencias ni colorantes. Si es banana, es banana real. Buscamos una experiencia más auténtica”, señala. Incluso, gran parte de las materias primas provienen de productores locales, como el dulce de leche o la miel.

La respuesta del público no tardó en llegar. Hoy, clientes de distintos puntos del norte y noreste cordobés —e incluso turistas que pasan rumbo a Miramar de Ansenuza— hacen una parada obligada en su local. “La repercusión fue enorme. Viene gente de muchos lugares”, cuenta.

Además de producir, Calu también fue —y sigue siendo— una militante de la celiaquía. Desde sus redes, durante años compartió información clave para la comunidad: desde cómo leer etiquetas hasta recomendaciones de productos. “Cuando me diagnosticaron, había muy poca información. Era como encontrar un tesoro y compartirlo”, recuerda. Esa construcción colectiva ayudó a muchas personas a transitar el diagnóstico y generó una red de acompañamiento.

Hoy, su emprendimiento también es una forma de continuar ese camino. “La idea es no resignar calidad y demostrar que se puede comer rico y sin gluten”, afirma. Y agrega un valor fundamental: la inclusión. Sus productos no están pensados solo para celíacos, sino para cualquier persona que quiera elegir alimentos más naturales.

El proceso, aclara, no fue sencillo. Emprender implicó aprender, equivocarse y sostener la incertidumbre. “Hay que bancarse no saber, aprender fallando y esperar a que las cosas funcionen. Es como criar un hijo, todo lleva su tiempo”, reflexiona.

Con una producción que ya alcanza los 5.000 alfajores mensuales y una identidad marcada por lo artesanal, Calu Cakes se consolidó como un referente regional. Pero, sobre todo, como el resultado de una decisión: transformar una necesidad personal en un proyecto que hoy mejora la vida de muchos otros.