Sociedad. Los adolescentes y su vínculo con las pantallas: “Nos perdemos el ahora”
En el marco de una serie de propuestas que ponen el foco en el vínculo entre los jóvenes y las pantallas, se llevó en la Legislatura a cabo un espacio de diálogo en el que estudiantes secundarios fueron los protagonistas.
Sentados en ronda, en una sala del tercer piso en la Legislatura de Córdoba, 29 adolescentes de tres colegios cordobeses participaron la semana pasada de una iniciativa que se propuso con una búsqueda clara: escuchar las voces de los protagonistas principales de una realidad cada vez más hiperconectada.
Desde la Legislatura, Leonardo Limia lleva tiempo trabajando en la agenda digital, poniendo el foco en el impacto de las tecnologías, particularmente en niños, niñas y adolescentes. “Con esta instancia queremos ver qué opinan sobre el tema, para ver si en un futuro podemos estructurar algunas prácticas y herramientas que nos permitan hacer un buen uso de las tecnologías, encontrar la mejor manera de utilizarlas”, explicó el legislador.

Aunque no hay dudas de que es un tema que preocupa socialmente, y cada vez más, escuchar, intentar comprender y aprender, desde la primera persona, sobre este vínculo adolescente-pantallas resulta importantísimo, fundamentalmente para diseñar políticas públicas que sean genuinamente útiles.
“No podíamos seguir abordando el tema sin preguntarles a ustedes cómo viven esto”, explicó Florencia Farías, asesora de Limia, antes de arrancar la charla.
El encuentro fue mediado por Carolina Armeloni, psicopedagoga, y Glenda Vergara, pediatra. Siempre con el norte de no demonizar las tecnologías, la pregunta inicial fue “¿Cuántas horas usaron el celular esta semana?”. Entre risas, las respuestas variaron: en algunos casos el uso iba entre media y una hora, y, en otros, entre cuatro y seis horas.
Lo cierto es que una diferencia puede explicar, en parte, estos resultados. Mientras que los estudiantes del colegio Maimónides no pueden llevar el celular a la institución en absoluto, las alumnas del Torreón pueden elegir (aunque aplican sanciones si las ven usándolo) y en el Ipet 66 “Dr. José Antonio Balseiro”, el uso está permitido, sobre todo porque es un colegio técnico y lo usan frecuentemente para investigaciones y proyectos.
Expectativas y estereotipos
El tiempo de los chicos con las pantallas fue sólo el punto de partida. A lo largo del encuentro, la conversación se volvió más profunda y hablaron sobre expectativas, ansiedad y cómo las redes influyen en sus decisiones personales.
“Ahora que estoy empezando a ver qué carrera estudiar, veo mucho en redes una expectativa exigente de que a los 18 ya tenés que tener todo resuelto... Después tenés que mudarte, tener una empresa, volverte millonario. Si te tardás con la carrera parece que se te fuera la vida”, expresó Alfonsina, alumna del Torreón.

Y agregó: “No vemos la posibilidad de que todo sea un proceso, algo que se construye. Hoy todo lo queremos ya. Vemos un modelo de cómo tendrían que ser las cosas y si no nos sale todo como esperamos, sentimos que estamos fallando. Todo eso da mucha ansiedad, sobre todo en este momento en el que tenemos que decidir”.
Morena, alumna del Balseiro, aportó: “Sentimos una carga y mucho estrés. Estudiamos y sentimos que se nos pasa la vida”, dijo. “Nos pasa que estamos estresadas y sabemos que es el último año del secundario y que deberíamos disfrutar, pero nos perdemos el ahora”.

Sobre esto, Armeloni señaló que la lógica de los influencers muchas veces “intenta hacernos creer que su vida realmente es así”, cuando en realidad se trata de construcciones sociales que terminan influyendo en una etapa clave en la que los adolescentes están forjando su identidad.
Falta de conciencia
Aunque a priori el número de horas frente a las pantallas puede no parecer lo más grave, el problema real reside en por qué los chicos y chicas están todo ese tiempo con el celular, la compu o una tablet.
Tras consultarles a cuántos de ellos les pasaba que quieren dejar de usar el celular pero les cuesta mucho, al menos 10 de ellos levantaron la mano. El gesto no buscó culpabilizar, sino intentar dimensionar a cuántos alcanza esta preocupación.

Una encuesta que hicieron en ese momento arrojó que las principales aplicaciones que usan los chicos son Instagram y WhatsApp. Aunque con cierta timidez, comenzaron a aparecer interrogantes y conclusiones sobre su propio uso del celular.
“Me hace pensar que no somos conscientes del impacto que tiene el celular en nuestras vidas… No te das cuenta, pero en realidad muchas veces ele teléfono termina dominando todo”, admitió Chloe, alumna del Torreón.
“Yo, a veces veo la cantidad de horas que usé el celu y me doy cuenta de que fue de vago, nada más”, agregó Simón, del Balseiro.
Desde el Maimónides también apareció esa idea de que sólo se vuelven conscientes del uso de las pantallas cuando lo analizan. “Son cosas que todos tenemos en el día a día, pero no nos tomamos el tiempo de hacernos conscientes de eso. El uso del celular es algo que tenemos todos los días, pero al fin y al cabo ¿qué tanto sabemos de lo que nos acompaña 24/7?”, cuestionó Darío.

Ante estas respuestas, la psicopedagoga intentó traer claridad y explicó que las aplicaciones algorítmicas tienen tres características que hacen que sea muy difícil parar: promueven un scroll infinito, otorgan una recompensa variable y están pensadas bajo un diseño adictivo.
Límites difusos
A medida que avanzó la conversación, emergieron nuevos temas y experiencias vinculadas a la exposición en redes, el anonimato y los límites que a veces parecen desdibujarse en las plataformas sociales.
Sobre el anonimato, un estudiante compartió una experiencia personal vinculada a comentarios ofensivos que recibió por su religión y señaló: “Como todos pueden ser anónimos, nadie te conoce… Básicamente en la virtualidad todo es legal”.

Las profesionales remarcaron la importancia de que los chicos hablen con los adultos, ya que a veces tardan en enterarse de qué les está pasando en el entorno digital, con los celulares y la recomendación algorítmica.
El diálogo inevitablemente llegó al tema de la prohibición y los estudiantes mismos insistieron en algo: si la tecnología ya ocupa un rol fundamental en la cotidianidad, no hay que buscar combatirla ni erradicarla, sino hacer un uso consciente y responsable de ella.
“Evitar las pantallas es imposible, porque si no estás con el celular, estás con la computadora o con la televisión”, expresó Alfonsina. Y cerró: “Para mí la solución no es la prohibición total, sino enseñar a usar la tecnología con conciencia”.



