Menor superficie. Pese a las mejores reservas de agua de la década, el trigo perdería 500 mil hectáreas: las razones
Es la estimación que realiza para la nueva campaña la Bolsa de Comercio de Rosario. Aun así, sería una de las mayores áreas implantadas de los últimos años.
La campaña triguera 2026/2027 arrancará con uno de los mejores escenarios hídricos de los últimos años, pero el aumento de los costos productivos amenaza con recortar el área sembrada. Según la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la intención de siembra caería en unas 500.000 hectáreas respecto del ciclo anterior.

La entidad proyecta una superficie de 6,66 millones de hectáreas para el nuevo ciclo, lo que implicaría una reducción interanual del 7%. De concretarse, igualmente se trataría de la quinta mayor siembra de trigo de los últimos 17 años.
El principal factor que explica el ajuste es el fuerte incremento en el precio de los fertilizantes nitrogenados. La urea ronda actualmente los U$S 1.000 por tonelada, valores similares a los registrados en 2022, aunque con un escenario muy distinto para el cereal.
Mientras en aquel momento el trigo cotizaba cerca de U$S 350 por tonelada, hoy los precios se ubican alrededor de los U$S 230.
Desde la Bolsa rosarina remarcaron que, al analizar los perfiles de humedad en los primeros dos metros de suelo, las condiciones actuales incluso superan a las registradas en mayo de 2021, año que terminó con una cosecha récord de 23 millones de toneladas.

Además, destacaron que la campaña pasada dejó marcas históricas con 7,16 millones de hectáreas sembradas y una producción de 29,5 millones de toneladas.
En distintas regiones productivas ya comenzaron a observarse señales de cautela entre productores y técnicos. En zonas como Bigand o San Gregorio, en el sur santafesino, la intención de siembra podría caer hasta 20% por los márgenes ajustados y los altos rindes necesarios para cubrir costos, especialmente en campos alquilados.
A pesar de ese escenario, la Bolsa destacó que las reservas de agua siguen siendo la principal fortaleza para el trigo argentino de cara al nuevo ciclo y sostienen la expectativa de lograr otra campaña con elevado potencial productivo si mejoran las variables económicas.
El mapa del trigo 2026/27
Las condiciones de humedad juegan a favor del trigo para la próxima campaña, con perfiles cargados, pronósticos de lluvias normales durante el semestre frío y la posibilidad de un evento “Niño” que comenzaría a influir desde octubre, un período clave para la definición del rendimiento del cultivo.
Sin embargo, el fuerte aumento de los costos mencionados, está modificando las decisiones de siembra en gran parte del país.
En la región núcleo se proyecta una reducción cercana al 17% en el área implantada, lo que representa unas 300.000 hectáreas menos respecto del ciclo pasado.
En Entre Ríos, de acuerdo con estimaciones del Siber de la Bolsa entrerriana, la caída sería de unas 130.000 hectáreas, equivalente a un retroceso interanual del 18%.
En el resto de Córdoba —sin considerar Marcos Juárez y Unión, incluidos dentro de la región núcleo— también se prevé un ajuste en la superficie triguera de entre 5% y 10%, acompañado por una fuerte reducción en los niveles de fertilización.
Buenos Aires aparece como otra de las zonas afectadas por el repliegue del cereal. En el centro-este bonaerense se esperan bajas de hasta 30% en el área sembrada.
Mientras tanto, en el sudeste provincial, considerado el principal polo triguero argentino, técnicos relevados por la Bolsa indican una caída cercana al 20%, con parte de esa superficie migrando hacia cebada forrajera y cultivos como colza y carinata.
En La Pampa, las proyecciones hablan de un recorte de entre 10% y 15%. Allí, el avance de la ganadería y de los planteos forrajeros también estaría quitándole espacio al trigo.
El panorama cambia por completo en el norte argentino. Provincias como Chaco y Santiago del Estero muestran expectativas de crecimiento en la superficie destinada al cereal.
En esa región, el trigo suele manejarse con bajos niveles de fertilización y apuntando a rindes bajos, por lo que el impacto del aumento de costos es menor.
Además, señalan que la abundante disponibilidad de agua, especialmente en Santiago del Estero, junto con el temor a plagas como la chicharrita y el gusano cogollero en maíz, están inclinando las decisiones productivas hacia el trigo.
A eso se suman los elevados costos de flete, que también condicionan la próxima campaña maicera. Por ese motivo, la estrategia en muchas zonas pasa por mantener la rotación con gramíneas, pero con una presencia mucho más marcada del trigo.




