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Agro

Coyuntura. La confianza volvió al agro, pero la inversión aún espera

Hay una mejora en las expectativas de los productores sobre la economía. Sin embargo, el calendario electoral, de cara a las elecciones presidenciales de 2027 comienza a influir en las decisiones empresariales.

10 de julio de 2026, 09:26
La confianza volvió al agro, pero la inversión aún espera
Ilustración Oscar Roldán.

Después de varios años en los que la incertidumbre económica dominó las decisiones del productor, el agro comienza a mostrar un cambio de humor.

Los indicadores de confianza mejoran, las perspectivas sobre el negocio son más favorables y la ganadería atraviesa uno de los mejores momentos de las últimas décadas. Sin embargo, ese optimismo todavía no alcanza para transformar las expectativas en inversiones concretas.

El último Ag Barometer, la encuesta nacional que de manera bimensual elabora la Universidad Austral, refleja con claridad esa dualidad. Los productores perciben una economía más ordenada y creen que el sector tiene un horizonte favorable, pero siguen actuando con extrema prudencia cuando llega el momento de desembolsar capital.

La encuesta muestra que el 45% de los productores considera que su situación financiera actual es mejor que la de hace un año, mientras que sólo el 22% cree que está peor.

Cuando la mirada se traslada al futuro inmediato, el optimismo crece todavía más. El 66% espera que su explotación esté en mejores condiciones dentro de un año y apenas el 6% proyecta un deterioro.

También mejora la percepción sobre la economía agropecuaria en general. Una parte importante del sector cree que los próximos 12 meses serán financieramente favorables.

A cinco años, el optimismo resulta todavía más contundente: el 93% imagina un agro atravesando "buenos tiempos", el registro más elevado de toda la encuesta.

Las razones de la dualidad

Los fundamentos para esa expectativa existen. La estabilidad macroeconómica, la desaceleración de la inflación, la recuperación gradual del crédito y la mejora relativa de algunas variables productivas ayudan a explicar el cambio de humor.

Sin embargo, cuando el productor debe decidir si compra un tractor o una sembradora, amplía un establecimiento ganadero o incorpora capacidad de almacenamiento, el entusiasmo se modera.

La diferencia entre confianza e inversión no es casual.

Invertir supone inmovilizar capital durante varios años y apostar a reglas de juego que permanezcan estables. Y allí aparece un factor que todavía pesa sobre el ánimo empresario: la incertidumbre política.

Aunque falta más de un año para las elecciones presidenciales de 2027, el calendario político ya empezó a condicionar las decisiones económicas del sector.

Los productores saben que muchas de las reformas que hoy mejoran las expectativas –en especial, las vinculadas con los derechos de exportación, la apertura comercial y la estabilidad macroeconómica– dependerán de la continuidad o no del rumbo económico después de las próximas elecciones.

La historia argentina ha enseñado que los ciclos políticos suelen modificar de manera abrupta las ccondiciones para producir e invertir. Por eso, aun cuando las expectativas mejoran, muchos prefieren esperar antes de comprometer recursos.

La mejor evidencia de esa cautela aparece en el mercado de maquinaria agrícola.

Las ventas continúan mostrando una marcada debilidad durante el año, muy por debajo de lo esperado para un contexto en el que el humor del productor mejora.

El productor consulta precios, analiza alternativas e incluso proyecta inversiones, pero muchas operaciones terminan postergándose.

El fenómeno no responde únicamente a una cuestión financiera. También expresa una lógica defensiva. Antes de asumir un compromiso, el productor quiere tener mayor claridad sobre el escenario político que acompañará esa inversión durante los próximos años.

La misma prudencia aparece en el mercado de tierras.

Según el Ag Barometer, el 49% de los productores considera que la rentabilidad es el principal factor que determina el valor de los campos, mientras que el 44% identifica la permanencia de los derechos de exportación como una de las principales causas que explican el atraso del precio de la tierra respecto de Brasil y Estados Unidos.

Además, un 34% afirma que hoy existen alternativas de inversión más atractivas que comprar campos.

Incluso respecto de la reciente reducción gradual de retenciones anunciada para los próximos años, las opiniones aparecen divididas. El 44% cree que tendrá un impacto significativo sobre la rentabilidad.

Mientras tanto, 29% entiende que responde principalmente a objetivos políticos y tendrá escasa incidencia económica.

Ese reparto casi equilibrado vuelve a mostrar que el productor necesita algo más que anuncios para modificar sus decisiones de largo plazo.

El agro recuperó la confianza, pero todavía no la convicción suficiente para acelerar las inversiones.

La economía parece haber dejado atrás buena parte de las urgencias que dominaron los últimos años, aunque el recuerdo de cambios bruscos en las reglas de juego mantiene vigente una actitud de cautela.