Desempeño. En un año récord, el girasol pisó fuerte en Córdoba, le ganó a la soja y se asocia con la vicia
Con rendimientos de hasta 40 quintales, el cultivo se consolida como una alternativa rentable en el sur cordobés. El planteo agronómico de Ezequiel Martínez en el que la oleaginosa convive con cultivos de servicio.
El paisaje productivo de la zona núcleo y sus alrededores mostró este año una fisonomía distinta. En campos históricamente dominados por la soja y el maíz, la campaña estuvo marcada por una “mancha amarilla” que no dejó de expandirse.
Ezequiel Martínez, ingeniero agrónomo y gerente de una empresa familiar en el departamento General Roca, fue testigo directo de ese cambio. Durante un viaje desde Río Cuarto hacia Buenos Aires, observó cómo el girasol ganaba terreno en zonas donde no era habitual.
“Me llamó la atención ver girasol cerca de Río Cuarto, y lo que más me impactó fue encontrarlo a lo largo de la ruta 8 hasta Venado Tuerto y, al regresar por la ruta 7, a la altura de Junín”, comentó el productor en diálogo con La Voz.
La imagen no es aislada. Es el reflejo de lo que ya se perfila como el “año del girasol”, un cultivo que, apalancado en mejoras tecnológicas y condiciones comerciales más favorables, se encamina a una cosecha récord a nivel nacional.
De cultivo marginal a estratégico
Para Martínez, este auge coincide con una historia familiar. “El girasol es un cultivo viejo; lo hacía mi papá”, recuerda. Sin embargo, el manejo actual dista mucho del de décadas atrás.

En los años 1980 y 1990, el girasol era considerado errático, con rendimientos bajos –de 20 a 25 quintales– y problemas frecuentes de vuelco. Con su incorporación a la empresa familiar en 1999, Ezequiel decidió cambiar esa lógica y transformarlo en un cultivo central dentro de la rotación.
Hoy lo maneja como un cultivo de alta tecnología, asignándole los mejores lotes, con suelos clase 2 y 3, lejos de la idea de relegarlo a ambientes marginales.
La producción se ubica en el sudeste del departamento General Roca, en una zona semiárida, con suelos de textura franca y una capa de tosca a dos metros que funciona como reserva hídrica clave.
Tecnología y manejo para altos rindes
El salto productivo es evidente. Martínez trabaja con pisos de 30 quintales y techos que rozan los 40 quintales, apoyado en un paquete tecnológico ajustado.

En genética, utiliza híbridos de alto potencial, como el SYN 3970 CL, del semillero NK, que mejoraron la estabilidad del cultivo y resolvieron problemas históricos como el vuelco. La densidad apunta a 40.000 plantas por hectárea.
[11:31, 8/5/2026] Angeles Ruiz: Híbrido de NK Semilla
La ventana de siembra óptima se ubica entre la segunda quincena de octubre y los primeros días de noviembre. Adelantar fechas, según su experiencia y ensayos de Aapresid, puede afectar los resultados.
En nutrición, aplica fósforo a la siembra y ajusta el nitrógeno según análisis de suelo. En lotes sobre soja busca alcanzar 80 kilos de nitrógeno total, mientras que en antecesor maíz eleva ese nivel a 120 kilos.
En sanidad, el manejo es preventivo y preciso, con controles de insectos antes de la floración para evitar daños y proteger a los polinizadores.
El rol clave de la vicia
Uno de los pilares del sistema es la integración con cultivos de servicio. “El girasol marida muy bien con la vicia”, sostiene.
Al cosecharse en marzo, permite implantar vicia temprana, que genera biomasa y aporta nitrógeno. Ese proceso deja el lote preparado para maíz tardío, cerrando un esquema productivo más eficiente y sustentable.
El objetivo es claro: mantener el suelo cubierto la mayor parte del año y mejorar su salud.
Más estabilidad que la soja
En la comparación con la soja, Martínez adopta una mirada de largo plazo. Reconoce que, en campañas húmedas, la oleaginosa puede ofrecer mejores resultados puntuales.
Pero en la “serie larga”, el girasol muestra ventajas. “En los últimos cinco años, le viene ganando a la soja”, asegura.
La explicación se apoya en tres factores: bonificaciones por contenido de aceite, menores costos logísticos y una menor carga impositiva.
En la práctica, un rinde de 35 quintales puede transformarse en un equivalente económico superior a 40 quintales, mientras que el costo de flete es significativamente menor que el de la soja.
Un cultivo que llegó para quedarse
A futuro, Martínez advierte que la expansión del girasol dependerá del contexto económico y climático. Cambios en retenciones o ciclos más lluviosos podrían modificar el escenario.
Sin embargo, en su planteo productivo el cultivo ya está consolidado. Más que una alternativa coyuntural, se transformó en una herramienta estratégica para diversificar riesgos y mejorar la eficiencia del sistema.
“El girasol no es solo aceite; es una pieza clave del esquema productivo”, resume.
En un año donde los números acompañan, el sur de Córdoba confirma que el cultivo atraviesa uno de sus mejores momentos y que su protagonismo llegó para quedarse.




