Expoagro. La maquinaria agrícola, entre la defensa de la industria nacional y el ataque de la importación
La apertura comercial y la llegada de nuevas marcas, en especial de tractores asiáticos, marcan el pulso de Expoagro 2026. Fabricantes locales advierten por la competencia desigual, mientras el productor mira precios y financiamiento.
La edición 2026 de Expoagro no fue una más para la industria de la maquinaria agrícola.
En la vigésima edición de la megamuestra –que se realizó entre el 10 y el 14 de marzo en el predio ferial y autódromo de San Nicolás de los Arroyos–, quedó expuesta una tensión que atraviesa al sector: la necesidad de sostener el desarrollo de la industria nacional frente al avance creciente de equipos importados.
La exposición, que comenzó su actual etapa en 2007 en Armstrong (Santa Fe), volvió a reunir a toda la cadena agroindustrial en un contexto económico particular.
La muy buena cosecha de granos proyectada para la campaña generó expectativas de ventas entre los fabricantes de maquinaria, aunque el escenario internacional, atravesado por el conflicto bélico en Medio Oriente, también sumó un factor de incertidumbre que sobrevoló las conversaciones en los pasillos de la feria.
Para los productores y los contratistas rurales que recorrieron los stands, la ecuación fue más directa: analizar precios, evaluar tecnología y, sobre todo, esperar condiciones de financiamiento competitivas para concretar decisiones de inversión.
Con más de 700 empresas participantes, Expoagro volvió a confirmar su lugar como el principal termómetro del negocio de los bienes de capital para el agro. Pero también dejó al descubierto una tendencia que viene consolidándose en los últimos años: la creciente presencia de maquinaria importada dentro de la oferta disponible en el país.
El desembarco de nuevas marcas
El proceso comenzó a visibilizarse con mayor claridad en 2024. Relevamientos privados indicaban entonces que cerca del 40% de los lanzamientos presentados en la feria correspondían a equipos provenientes del exterior.
La apertura económica permitió el desembarco de nuevas marcas, el regreso de otras que se habían retirado del mercado argentino y la llegada de tecnologías que amplían la oferta para los productores.
La tendencia se profundizó durante 2025, particularmente en uno de los segmentos más importantes del negocio: el de los tractores, que concentra el mayor volumen de facturación dentro del mercado nacional de maquinaria agrícola.

En la edición 2026 de la exposición, se estima que hubo más de 35 marcas de tractores presentes, en su gran mayoría de origen importado.
Según datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara), durante 2025 ingresaron al país alrededor de cuatro mil tractores provenientes principalmente de China y de India.
Ese número permite dimensionar el fenómeno. De acuerdo con las estimaciones del organismo, el mercado real de tractores en Argentina se ubica entre 8.800 y 9.300 unidades anuales, bastante por encima de las estadísticas que surgen exclusivamente de los patentamientos.
De todos modos, dentro del propio sector consideran que el volumen real de importaciones podría incluso haber superado esa barrera de los cuatro mil equipos.
La ola asiática
El negocio de los tractores en Argentina convive hoy con una multiplicidad de marcas que llegan principalmente desde Asia.
China encabeza esa expansión, mientras que India avanza con rapidez en distintos segmentos del mercado. La principal ventaja competitiva de estas unidades radica en los precios, un factor que pesa cada vez más en las decisiones de compra de productores y contratistas.
La presencia asiática no es la única. También hay equipos provenientes de Europa, como los tractores italianos de las marcas Landini y Antonio Carraro, que encontraron en el país un nicho interesante.
Durante varios años, los tractores chinos se posicionaron en Argentina principalmente en los segmentos de menor potencia, orientados a nichos específicos, como las economías regionales y las explotaciones intensivas.
Sin embargo, el nuevo escenario económico comenzó a modificar esa estrategia. Los últimos lanzamientos de fabricantes asiáticos ya apuntan a competir directamente en segmentos de mayor potencia, donde históricamente se concentró la oferta de marcas multinacionales y de equipos fabricados en el país.
De esta manera, el mercado empieza a mostrar una competencia mucho más amplia y diversa que la que existía hasta hace pocos años.
Un fenómeno regional
El proceso que atraviesa Argentina no es nuevo en América latina. En muchos países de la región, la presencia de tractores chinos e indios forma parte del paisaje comercial desde hace varios años.
La diferencia es que Argentina desarrolló históricamente una industria nacional de maquinaria agrícola con fuerte arraigo territorial, especialmente en provincias como Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires.

Durante distintos períodos, ese entramado industrial estuvo protegido por políticas comerciales y arancelarias que limitaban la competencia externa.
Hoy el panorama es distinto. El mercado pasó de un esquema prácticamente cerrado a uno completamente abierto en un período relativamente corto. Esa transición generó un escenario inédito para los fabricantes locales.
Incluso algunas empresas argentinas comenzaron a incorporar la importación de equipos dentro de sus propias estrategias comerciales, sumando nuevas unidades de negocio vinculadas a maquinaria para agricultura y ganadería producida en el exterior.
La preocupación de la industria
Desde el sector industrial, aseguran que la competencia con los equipos asiáticos es difícil, aunque aclaran que el problema central no radica exclusivamente en la apertura comercial, sino en las condiciones en las que se desarrolla esa competencia.
“Los tractores argentinos son los más competitivos en la región, incluso mejores que los brasileños, pero con los chinos no se puede competir”, advirtió Hernán Zubeldía, presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma).
Según el dirigente empresarial, el principal obstáculo está vinculado al esquema impositivo que enfrentan las fábricas locales, que encarece la producción frente a los equipos importados.
El impacto más inmediato de la ola asiática se percibe en el atractivo que generan los precios entre los compradores.
Mientras que el valor por caballo de potencia (HP) de un tractor fabricado por una multinacional en Argentina ronda los U$S 800, el HP de un equipo proveniente de China puede costar aproximadamente la mitad.
Ese diferencial se vuelve determinante para muchos productores, especialmente en un contexto en el que la inversión en maquinaria depende en gran medida del financiamiento disponible.
Tipo de cambio e importaciones
Otro factor que contribuyó al crecimiento de las importaciones fue la apreciación del peso frente al dólar registrada en los últimos meses.
Un estudio de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires señala que ese movimiento cambiario actuó como incentivo adicional para la compra de bienes de capital en el exterior.
De acuerdo con ese trabajo, si se comparan las importaciones de bienes de capital productivos del tercer trimestre de 2025 con igual período de 2024, se observa un incremento del 77%.
En relación con el trimestre julio-septiembre de 2023, el aumento fue del 43%.
El informe también identifica otro fenómeno que comenzó a ganar visibilidad: el crecimiento del ingreso de maquinaria usada al mercado doméstico.
El efecto de la maquinaria usada
La implementación del Decreto 273/2025 habilitó un mayor flujo de equipos usados provenientes del exterior.
Según la investigación de la universidad porteña, entre mayo y octubre de 2025 las importaciones de maquinaria usada se multiplicaron por ocho.
Si bien los volúmenes todavía no son significativos en comparación con el mercado total, dentro de la industria advierten que podría tratarse del inicio de una tendencia creciente.
Nuevas estrategias exportadoras
El nuevo escenario competitivo también está provocando cambios en la estrategia internacional de las empresas argentinas del sector.
Algunas compañías con presencia exportadora comenzaron a modificar sus esquemas de comercio exterior. En lugar de enviar maquinaria completa, optan por exportar componentes que luego se ensamblan en otros países.
“Hay un cambio en la forma de hacer comercio exterior. Las empresas están buscando asociarse en países con potencial demanda, no para enviar maquinaria terminada, sino partes que se combinan con producción local para conformar el producto terminado, incluso con otra marca”, explicó Hugo Ribba, gerente del grupo exportador de empresas cordobesas Argentech Group.
Este modelo permite reducir costos logísticos y adaptarse a las condiciones comerciales de cada mercado.
Un nuevo equilibrio
En ese contexto, Expoagro volvió a funcionar como una radiografía del momento que atraviesa la maquinaria agrícola argentina.
Por un lado, una industria nacional con fuerte tradición tecnológica y exportadora que busca sostener su competitividad.
Por el otro, un mercado cada vez más abierto en el que la presencia de equipos importados crece año tras año.
Entre ambos extremos se ubica el productor, que observa precios, tecnología y financiamiento para tomar decisiones en un negocio donde la inversión en maquinaria sigue siendo una de las claves para mejorar la productividad.
La internacionalización del mercado parece un proceso difícil de revertir. Por eso, más que resistirlo, muchas empresas locales empiezan a adaptarse a un escenario global en el que competir ya no depende solo de fabricar máquinas, sino también de integrarse a nuevas cadenas de valor.





