
Jury histórico en Córdoba: los fiscales se defendieron ante el jurado, los Macarrón contraatacaron
Por
Redacción La Voz
En la tercera audiencia del jury a tres fiscales que actuaron en la investigación del crimen de Nora Dalmasso, este jueves depusieron como testigos principalmente tres peritos forenses, quienes formularon sus aportes sobre aspectos clave sobre la muerte de Nora Dalmasso, pero no aclararon demasiado algunos aspectos que siguen en discusión.
El juicio político se sigue en la Legislatura provincial a los tres fiscales que actuaron sucesivamente en la investigación del caso: Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro.
El Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y Funcionarios Judiciales de la Provincia integra su tribunal con los legisladores Julieta Rinaldi (presidenta), Facundo Torres Lima, Walter Gispert y Miguel Nicolás, junto a la representante del Tribunal Superior de Justicia, la vocal Aída Tarditti.
Lo más interesante de la jornada fue la pregunta que formuló la fiscal Bettina Croppi a la genetista Nidia Modesti, quien terminó por admitir que el haplotipo "y" (masculino) que se aisló sobre un desconocido en 2012 bien podría haber servido para identificar al hombre que estuvo en la escena del crimen si en ese momento se le hubiera realizado un hisopado.

Sabido es que hoy en el expediente -después de 2024- está identificado el parquetista Roberto Bárzola como el dueño de ese ADN y está imputado como presunto autor del homicidio, si bien la causa ya prescribió por el mero paso del tiempo.
En el jury se viene a discutir como principal acusación si los fiscales desecharon a Bárzola estando como sospechoso en el expediente y omitieron hacerle el cotejo genético.
En un prolongado testimonio, de difícil comprensión por lo elevado del contenido técnico, Modesti completó el concepto requerido por Croppi señalando que tras el informe del FBI que obraba en 2012 podría haberse obtenido un match positivo de ese cotejo.
Los otros dos forenses, los médicos Martín Subirachs y Mario Vignolo, insistieron en su función con la idea de que previo al crimen hubo una relación sexual consentida, si bien trataron de aclarar que no podía descartarse un abuso.
La acusadora discrepó varias veces con ambos galenos y les discutió la idea de descartar la violencia en la relación sexual.
A primera hora declaró Evaristo Rosales, quien en 2006 era el ayudante fiscal titular de la unidad judicial riocuartense que intervino en la escena del crimen el domingo 25 de noviembre de 2006. Además de brindar detalles puntuales sobre el relevamiento del terreno y los primeros pasos de la investigación, Rosales explicó que la imputación del pintor Gastón Zárate (“el Perejil) se debió a que había un testigo que lo involucraba directamente.
Luego fue el turno del médico forense Subirachs, quien intervino esa tarde en la escena y analizó el cadáver de Nora Dalmasso que estaba desnudo, tendido sobre la cama del dormitorio de la hija. Las partes interrogaron insistentemente sobre la mecánica del crimen -estrangulamiento múltiple, por mano y lazo-, los signos de una relación sexual “consentida” y el levantamiento de muestras que sirvieron para hacer análisis genéticos.

Sobre esto último, dijo que hallaron un pelo sobre el cuerpo y un manojo de cabello en la mano derecha de la víctima. Esto último generó confusión en algunos desprevenidos en la sala que ignoran que ese cabello era de la propia víctima que en una reacción típica de la asfixia se arrancó pelos propios.
Lo que más discusión causó fue la cuestión de relaciones consentidas. Subirachs le comunicó al viudo Marcelo Macarrón que su esposa había mantenido relaciones consentidas. Luego, detalló que en el expediente el viudo habría declarado que hubo “una fiesta sexual con mucha vaselina, en definitiva una fiesta total”.

Más adelante, el médico forense se quejó porque se enteró a través del programa de Chiche Gelblun que Macarrón había facilitado al periodista el expediente y este reveló que la víctima había muerte en el marco de una fiesta sexual. Sobre esto, dijo que Macarrón lo “traicionó”.
La discusión sobre las relaciones consentidas fue abordada por la fiscal Croppi, quien preguntó a Subirachs si era posible que tras un estrangulamiento podría producirse “una anestesia previa”, lo que el testigo relativizó porque entendió que en cinco minutos que duran la asfixia y la agonía no pueden llevarse a cabo relaciones genitales como las del caso. Croppi insistió y le exhibió al médico declaraciones suyas de años atrás, ponderando a un perito de parte que en este jury acababa de descalificar por su postura.
Tras una serie de entredichos, Subirachs aclaró que él se inclinó por las relaciones consentidas pero que no descartó la posibilidad de una violación.

Cuando Croppi le preguntó si ese consentimiento pudo haber estado “viciado”, el forense dijo no entender a qué se refería.
En el interrogatorio surgió que Subirachs, durante el velatorio, dijo a la madre y al viudo de Nora que la víctima del crimen había tenido relaciones sexuales voluntarias.
La presidenta del tribunal, Julieta Rinaldi le preguntó si su conclusión de relaciones consentidas fue “antes o después de la autopsia”, a lo que respondió Subirachs: “Antes y durante la autopsia”.
Posteriormente, hubo tres testimonios sin mayor trascendencia. El director general de la Policía Judicial, César Fortete, a quien se le preguntó sobre cuestiones relativas a la forma de investigación. El fiscal acusado Luis Roberto Pizarro le preguntó por la validez de las autopsias psicológicas y el testigo le dijo que eran científicas, válidas y usadas en muchos lugares del mundo.
Otros de los testimonios sin mayor valor fueron los de los dos camaristas del crimen de Río Tercero, Marcelo José Ramognino y Guarania Barbero, a quienes la defensa de Pizarro -donde comparten jurisdicción- les interrogó sobre las bondades de la tarea actual del acusado.
En cambio, la fiscal Croppi se limitó a formular dos preguntas que hacen a la pertinencia de la citación: si los camaristas tuvieron alguna intervención a lo largo de su carrera en la causa Dalmasso y si tienen alguna referencia a la actuación de Pizarro en ese caso. A ambas preguntas, los dos vocales respondieron igual: “no”.
El reinicio de la audiencia después del primer cuarto intermedio antes del mediodía, fue accidentado. Apenas comenzó la declaración de la genetista Modesti, el legislador Gispert sufrió una descompensación y debieron retirarlo. Felizmente, la intervención de un médico consiguió que el jurado volviera al tribunal.
Modesti es una de las más prestigiosas autoridades en genética de la Argentina, pero no consiguió transmitir a quienes la escuchaban lo que exhibía de la prueba. Difícilmente haya habido alguna persona que en esa sala estuviera familiarizada con conceptos que la especialista pronunciaba a toda velocidad y como si se dirigiera a colegas de un congreso científico: haplotipo, alelo, marcadores, electrogramas, autosómico y tantos otros vocablos y siglas sólo accesibles para quienes están familiarizados con esa experticia.

Mientras las partes se esforzaban hasta para formular las preguntas, surgió el interrogante de Croppi que consiguió "aislar" no una muestra genética sino el dato de que en 2012 podría haberse hecho el cotejo con el ADN masculino que pertenecía a alguien que no fuera uno de los Macarrón.
Al final de la audiencia se hizo presente el forense Vignolo, quien viajó durante la audiencia hacia Córdoba para llegar a declarar. En este caso, también se inclinó por una relación consentida pero tuvo que soportar que Croppi -exfiscal de violencia de género- le marcara algo que incluyó en su informe de varios años atrás.
Palabras más, palabras menos, la fiscal le dijo a Vignolo: "Usted dijo que Nora Dalmasso fue objeto de una relación sexual consentida". El experimentado forense reconoció que hace unos 20 años su lenguaje no había sido de lo más acertado.