Tragedia. Tras el desconsuelo y el impacto, ahora buscan echar luz sobre el drama que detonó en la escuela de Santa Fe
El chico de 15 años que mató a un compañero e hirió a otros en el colegio de San Cristóbal es inimputable. El nuevo Régimen Penal Juvenil no lo alcanza. Está bajo custodia y le harán peritajes. La fiscalía indaga en cómo y por qué sucedió todo. Desconsuelo y conmoción.
Mientras el dolor y la consternación se ex-tienden en hogares y en escuelas de toda la Argentina tras el tremendo episodio del alumno de 15 años que, con una escopeta recortada, mató a un chico e hirió a otros dos en la pequeña localidad santafesina de San Cristóbal, los sobrevivientes y sus familias siguen conmocionadas buscando respuestas en medio de una comunidad que permanece sumida en el desconsuelo.
El autor de la tragedia, a todo esto, se encuentra bajo resguardo y contención judicial, y no será sometido a ningún proceso penal: es inimputable por ley. El chico no será procesado, ni imputado ni juzgado con el nuevo Régimen Penal Juvenil, promulgado por el Gobierno nacional luego de la sanción de la ley en el Congreso, en febrero pasado. La nueva norma entrará en vigencia recién en septiembre.
La flamante legislación para con los menores establece la imputabilidad desde los 14 años. Con sus 15 años, el alumno podría haber sido juzgado. Sin embargo, la norma comenzará a regir en 180 días.
Está bajo cuidados y se espera contención y evaluaciones psicológicas. Buscan evitar que tome alguna autodeterminación. Su familia no sale de la conmoción tampoco.
En San Cristóbal se esperan jornadas de mayor dolor.

Sobre todo con el sepelio de Ian Cabrera Núñez quien tenía 13 años y murió tras recibir las perdigonadas de plomo disparadas por el otro pibe. Se decretaron dos días de duelo. En la localidad, de unos 15 mil habitantes, ya saben que nada volverá a ser lo mismo.
Mientras tanto, la fiscalía avanza en la investigación para establecer cómo y por qué fue que sucedió todo en la Escuela N°40 Mariano Moreno de San Cristóbal.
Los pesquisas recopilan testimonios bajo directivas judiciales, se buscan testigos, se analizan filmaciones y se ahonda en pruebas tecnológicas para echar luz a tanto drama.
Una de las hipótesis que se manejan en la causa es que el alumno autor del ataque era víctima de bullying. Sin embargo, no se descartan otras hipótesis. En ese marco, será clave indagar en su hogar y las relaciones familiares.

Desde el Ministerio de Seguridad se indicó que los dos chicos heridos por los perdigones (13 y 15 años) se encuentran fuera de peligro, al igual que otros seis que resultaron con algunas lesiones en el marco de las corridas apenas sucedió todo.
Más allá de todo, la tragedia en la escuela vuelve a dejar en evidencia otra vez la alta tenencia de armas en hogares del país, la violencia escolar, la salud mental en chicos y adolescentes, y los controles o abordajes que se pueden hacer (y no llegan a hacerse) en familias y en el aula.

7.15, la hora del espanto en la escuela
Todo sucedió a las 7.15 del lunes. Como cada jornada, a esa hora, todos se disponían a izar la Bandera y entonar “Aurora” en la Escuela Nº 40 Mariano Moreno.
Fue en ese momento que, según testigos, el chico de 15 años salió del baño de varones y, tras abrir una funda de guitarra criolla, extrajo una vieja escopeta calibre 12/70. Era un arma de su abuelo.
Aprovechó que este lunes había que llevar un instrumento a clase. “¡Sorpresa!”, dicen testigos que alcanzó a gritar. O eso creen que gritó a viva voz mientras apuntaba.
Lo concreto es que el adolescente cargó la escopeta y comenzó a disparar en pleno patio. Fueron varias veces que cargó el arma.

Fuentes policiales destacan el conocimiento que el chico tenía sobre el manejo de la escopeta.
Otras voces, no obstante, destacan que en muchos pueblos del interior profundo hasta los más chicos saben cargar y tirar en los campos con plena naturalidad y conocimiento.
El espanto duró pocos instantes, pero parecieron eternos. A sus 13 años, Ian Cabrera Núñez cayó al piso y murió producto de las perdigonadas. Cursaba el primer año.

A pocos metros de él resultaron heridos otros dos alumnos. En la estampida, varios chicas y chicos terminaron golpeados por caídas, golpes y raspones mientras buscaban un escape de manera desesperada. Varios rompieron vidrios de los portones del establecimiento y ganaron la calle para resguardarse.
Hubo quienes llegaron a tomar sus celulares para filmar lo impensable. El agresor fue contenido por un adulto que se desempeña en el colegio. Tras retenerlo, le sacó el arma. A los segundos, se acercaron celadores y docentes. Todo era griterío, llantos, corridas, desesperación.
Fueron varios los que intentaron salvar a Ian con maniobras de RCP. No pudieron. Al cabo de unos minutos comenzaron a llegar los primeros policías y bomberos voluntarios.
Al poco rato, se activaron los celulares en los principales despachos policiales, oficiales y gubernamentales de la provincia. Desde la comisaría se dio parte a la Justicia.
Mientras tanto, la noticia sobre la tragedia en la escuela comenzó a expandirse vía WhatsApp por toda la localidad, generando conmoción. Centenares de madres y padres dejaron todo lo que estaban haciendo y corrieron hacia el colegio para saber qué había pasado. Vecinos y comerciantes se acercaron para ver si era cierto lo que decían por radio.
Para entonces ya habían llegado ambulancias. Los heridos fueron trasladados al hospital zonal.
“Situación familiar compleja”
Con el fin de salvaguardarlo, policías contuvieron al chico autor de la tragedia y lo trasladaron a una dependencia. Nunca quedó en carácter de detenido ni imputado: no puede estarlo por ley.
Fuentes oficiales señalaron que “G” tiene 15 años y, hasta que pasó todo, vivía con su familia en un hogar de clase de media en la misma población. Cursaba un tercer año en ese colegio. Su padre es municipal; su madre, ama de casa.
Mientras algunos miembros de la comunidad educativa señalan que era un pibe “calmo y retraído”, otros destacaron que es un buen alumno y que “no se le conocían problemas”. Desde la Policía de Santa Fe resaltaron que no cuenta con antecedentes. Tiene una hermana que vive en otra población. Los familiares del adolescente están devastados.
“(El chico) Atravesaba una situación intrafamiliar compleja”, dijo el ministro de Educación provincial, José Goity. “Vamos a acompañar a las familias en este momento tan duro”, sumó el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro.
En este sentido, el abogado defensor del adolescente dijo que atravesaba crisis de salud mental. “Había sido víctima de varios episodios de bullying. Los intentos de suicidio motivaron a que estuviera bajo tratamiento psicológico”, sostuvo Néstor Oroño. “Pero nada hacía prever que desarrollara un episodio de violencia como lo que sucedió”, dijo a TN.
Por las redes circulan videos en los que se ve al chico agresor siendo víctima de bullying por parte de algunos de sus compañeros.

Por directivas judiciales, se dispuso que el chico siga bajo contención y abordajes varios por parte de psicólogos. No está confirmado cuándo podrá volver con su familia. El abuelo, dueño de la escopeta, ya declaró ante la justicia.
Mientras tanto, desconsuelo, conmoción y devastación son algunas de las sensaciones que se extienden en la localidad de San Cristóbal. La tragedia vuelve a interpelar y plantear interrogantes sobre la salud mental de muchos chicos y adolescentes y sus contenciones.




