Salud. La siesta podría afectar tu hígado: qué descubrió un nuevo estudio
Una revisión de 13 investigaciones con más de 48.000 adultos encontró que las siestas de más de 30 minutos están asociadas con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedad hepática grasa.
Dormir una siesta después del almuerzo es una costumbre extendida en distintas partes del mundo y también forma parte de la rutina de muchos argentinos. Sin embargo, una reciente revisión científica encendió una señal de alerta sobre la duración de ese descanso diurno y su posible impacto en la salud.
El impacto de las siestas largas en el riesgo de hígado graso
Un meta-análisis publicado en la base de datos de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (National Library of Medicine - NIH) y actualizado a fines de 2025 concluyó que las siestas que superan los 30 minutos podrían estar relacionadas con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad hepática grasa, también conocida como hígado graso o esteatosis hepática.

La investigación analizó los resultados de 13 estudios realizados en distintos países de Europa, Asia y América. En total, se evaluaron datos de más de 48.000 personas adultas de entre 18 y 85 años.
De acuerdo con los resultados, quienes acostumbran dormir más de media hora durante el día presentan un 21% más de probabilidades de padecer acumulación de grasa en el hígado en comparación con aquellas personas que no realizan siestas prolongadas.
Uno de los aspectos más destacados del trabajo es que la asociación se mantuvo incluso después de considerar otros factores conocidos por influir en esta enfermedad, como el exceso de peso, la obesidad o diferentes alteraciones metabólicas.
Por ese motivo, los investigadores señalaron que la duración de la siesta podría constituir un factor de riesgo independiente y potencialmente modificable.
El estudio no encontró un incremento significativo del riesgo entre quienes realizan descansos breves, inferiores a los 30 minutos.
Los autores también analizaron el comportamiento de este hábito en grupos específicos de la población y detectaron que las personas con diabetes tipo 2 podrían ser particularmente vulnerables.
Según el trabajo, la combinación entre resistencia a la insulina y acumulación de grasa abdominal favorecería la predisposición a desarrollar enfermedad hepática, una situación que podría verse agravada por los períodos prolongados de sueño diurno.

Ante estos hallazgos, los especialistas remarcaron la importancia de promover hábitos adecuados de descanso y prestar atención a la higiene del sueño.
Aunque todavía se necesitan más investigaciones para comprender los mecanismos biológicos que explican esta relación, la evidencia recopilada sugiere que limitar las siestas a períodos cortos podría ser una medida sencilla para reducir el riesgo de problemas hepáticos.



