Bienestar. Qué hacer para frenar la caída del pelo, según un estudio de Harvard
Aunque durante años se creyó que la genética era el único factor determinante, investigaciones recientes muestran que la alimentación, el estrés, el descanso y otros hábitos cotidianos también pueden influir en la salud capilar.
La pérdida de cabello afecta a millones de personas en todo el mundo y suele intensificarse con el paso de los años.
Si bien la herencia genética continúa siendo uno de los factores más importantes, estudios recientes difundidos por la Universidad de Harvard señalan que existen hábitos y conductas que pueden contribuir a preservar la salud capilar y reducir la caída.
Siete cambios de hábito que pueden marcar la diferencia
Uno de los hallazgos más relevantes es que, incluso en casos de adelgazamiento avanzado del cabello, muchos folículos pilosos permanecen presentes en el cuero cabelludo, aunque en un estado de baja actividad. Esto significa que determinadas estrategias pueden ayudar a crear condiciones más favorables para su funcionamiento.

Entre las principales recomendaciones figura mantener una alimentación equilibrada y rica en proteínas. Nutrientes presentes en huevos, pescados, carnes magras, frutos secos y verduras de hoja verde cumplen un papel clave en la estructura del cabello y en el correcto funcionamiento de los folículos.
Los especialistas también destacan la importancia de los masajes capilares diarios. Realizados de manera suave durante algunos minutos, pueden favorecer la circulación sanguínea en el cuero cabelludo y mejorar el aporte de oxígeno y nutrientes a la raíz del pelo.
Otra práctica que suele mencionarse es el uso moderado de aceites naturales, como los de romero, menta, coco o semillas de calabaza. Aunque no representan una solución definitiva, pueden ayudar a mejorar la hidratación y el aspecto general del cabello.
La hidratación adecuada también ocupa un lugar importante. Mantener un consumo suficiente de agua favorece distintos procesos del organismo y contribuye al transporte de nutrientes hacia los tejidos, incluido el cuero cabelludo.

El estrés aparece como otro factor relevante. Investigaciones citadas por Harvard indican que niveles elevados de cortisol pueden afectar mecanismos biológicos relacionados con la actividad de los folículos. Por eso, dormir entre siete y ocho horas por noche y sostener rutinas que ayuden a reducir la tensión diaria forman parte de las recomendaciones.
A esto se suma la actividad física regular, que favorece la circulación y contribuye al bienestar general. Finalmente, algunos tratamientos como la terapia de luz roja de baja intensidad muestran resultados prometedores en determinados pacientes al estimular la actividad folicular.
De todos modos, los especialistas recuerdan que la caída del cabello puede tener múltiples causas, desde cambios hormonales hasta enfermedades específicas. Por eso, ante una pérdida persistente o repentina, recomiendan consultar con un dermatólogo para obtener un diagnóstico adecuado y definir el tratamiento más conveniente.



